Si la España progresista y todos los diputados del Congreso son papistas, cosa que pone el corazón contento, no veo obstáculo para solicitar a León XIV que no olvide en su visita pastoral a un colectivo que come aparte: los 2,4 millones de divorciados, esos descarriados que habiendo dado una espantada solo esperan que el pastor no les atice con la vara.(Y hablando de varas. ¿Tienen siempre que dar la nota los que hablan en nombre de Catalunya? Lo digo por la descortesía de dos diputados de Junts que, infringiendo el saludo protocolario, minutos antes del discurso papal en el Congreso, le instaron a que hable en catalán –¡como si no fuese a hacerlo!–, con la chorrada de dirigirse en inglés e italiano. El caso que les hizo el Papa fue indescriptible). Borja Sanchez-Trillo / EfeLos divorciados ya entendemos que matrimoniar por la Iglesia era un compromiso para toda la vida –por cierto, ¿también para la eternidad o allí cada uno por la suya?– y el incumplimiento nos sitúa en el pelotón de los torpes de la fe cristiana. Sin embargo, la vida del divorciado acarrea una penitencia que ni el más severo confesor impondría: las paellas son para dos mínimo –como el matrimonio–, la mitad de las amistades te deja de lado, nadie te dice al salir de casa “¡pero como se te ocurre vestir así!” o “llévate el paraguas” y en vacaciones o estás con niños o sales a la calle con camisa hawaiana y lo que es peor: del brazo de una hawaiana que sin ser tu hija a caprichos no la gana ni todo el clan de las Kardashian.Me temo que el Papa no va reunirse con alguno de los 2,4 millones de divorciadosLa Iglesia permite comulgar a los divorciados que no han repetido –los fetén, vaya–, pero no así a los reincidentes –por lo civil–, como si no tuviesen bastante con juntar en vacaciones a las respectivas proles. Modestamente, creo que es una discriminación. Todos merecemos una segunda oportunidad, sobre todo si pensamos que los divorciados no pueden incurrir en infidelidades y solo pecan lo justo y lo que les deja el mercado.Si uno fuese de banderas y pancartas, saldría hoy en Barcelona no a fastidiar –mira que tenían días los profesores para una jornada de movilización– sino para ondear una bandera blanca y portar una pancarta vintage: “¡Los divorciados de Catalunya con el Papa!”.Nacido en Barcelona, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y becado un curso en la Missouri-Columbia University, entró en 'La Vanguardia' en 1982, donde ha hecho casi de todo. Corresponsal en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (1996 al 2000). Ha cubierto tres elecciones presidenciales en EE.UU., tres en Francia, las guerras de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, los funerales de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, el 11-S de Nueva York, el accidente nuclear de Fukushima así como tres mundiales de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Redactor jefe de Internacional y actualmente articulista del diario. Ha perpetrado tres libros: 'Menuda tropa', 'Esta ronda la pago yo' y 'Cuando de dejan'.
¡Los divorciados con el Papa!, por Joaquín Luna
Si la España progresista y todos los diputados del Congreso son papistas, cosa que pone el corazón contento, no veo obstáculo para solicitar a León XIV que no olvide en su visita pastoral a un colectivo que come aparte: los 2,4 millones de divorciados, esos descarriados que...










