En una de las principales vías para salir de Dahiye, el nombre de los suburbios beirutíes que ahora están en el corazón de la geopolítica de Oriente Próximo, una sucesión de farolas adornadas con la misma fotografía del penúltimo líder supremo de Irán, el difunto Ali Jameneí, parecen despedir a quienes abandonan la zona. Unos metros más allá, cuando comienza la ciudad de Beirut, la iconografía que inunda Dahiye con los rostros de los dirigentes iraníes y de Hezbolá —sus aliados libaneses— desaparece, como lo hace en buena medida el riesgo de bombardeo israelí. El domingo, numerosos vecinos optaron por escapar del área, y transitaron por delante de esas imágenes de Jameneí, a quien la ofensiva de Estados Unidos e Israel mató el 28 de febrero, al inicio de la guerra contra Irán. La huida respondía a los bombardeos que Teherán acababa de lanzar contra territorio israelí, los primeros desde que firmó en abril una tregua con Washington, y al temor de que Israel respondiera con nuevos bombardeos en represalia.La República Islámica los justificó como una respuesta al último misil que el ejército israelí disparó el domingo contra Dahiye, algo que para teherán suponía una línea roja. Este lunes, tras lanzar varias ráfagas interceptadas por los sistemas de defensa israelíes, Irán anunció el fin de los bombardeos, que condicionó a que los israelíes cesen su campaña en Líbano. Bajo presión de la Casa Blanca, que quiere salvaguardar su proceso diplomático con Irán, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, también ha señalado que Israel frena “por ahora” los ataques sobre Irán. El mandatario dice haber “impedido” que Teherán cambie las reglas del conflicto. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, asegura que las operaciones en Líbano continúan. Advierte que el ejército israelí, que ocupa 600 kilómetros cuadrados en el sur libanés en su enfrentamiento con Hezbolá, atacará la zona de Beirut si la milicia, financiada y armada por Irán, lanza proyectiles contra Israel. Sobre el terreno, el intercambio de golpes persiste. Las tropas israelíes han bombardeado un vehículo en la ciudad milenaria de Tiro, la más poblada del sur del país, matando a ocho personas, entre ellas un niño, en un municipio a 40 kilómetros de distancia de la frontera oficiosa. Los israelíes también mantienen una orden de desalojo general sobre toda la región meridional de Líbano, que alimenta un desplazamiento forzoso sine die y a una crisis de seguridad alimentaria aguda que afecta a una cuarta parte de la población nacional ―más de 1,4 millones de personas―. En marzo, Irán exhortó a Hezbolá a romper 15 meses de tregua, que había acatado bajo bombardeos israelíes, y a disparar de nuevo contra Israel. Teherán utilizó así su mayor activo para responder a la ofensiva que los gobiernos de Donald Trump y Benjamin Netanyahu lanzaron en medio de las negociaciones nucleares. Aquello supuso el reinicio de la guerra abierta en Líbano. Desde entonces, el Ministerio de Sanidad libanés ha registrado 3.637 víctimas mortales —24 más desde el domingo— y 11.188 heridos. La milicia, por su parte, ha matado a 30 soldados israelíes y a dos civiles.Alivio y protecciónMúltiples residentes de Dahiye, muy vacío y devastado tras las virulentas ofensivas israelíes durante los últimos años, aseguran que los misiles iraníes contra Israel les hacen sentir aliviados y protegidos. Paradójicamente, muchos de los que seguían este lunes en la zona lo celebraron mientras partían.Este lunes, los atascos en los cruces habían desaparecido. La mayoría de comercios tenían la persiana bajada. Y las grúas que recogen los escombros de las viviendas bombardeadas —más de 7.900 en Dahiyeh, según una institución vinculada al Gobierno— descansaban, sin casi transeúntes ante los retratos que recuerdan en cada esquina a los jóvenes locales que murieron luchando durante las incontables guerras con Israel.“La gente se ha ido”, explica por teléfono Hussein, residente de Dahiye de 47 años de edad. Especialmente, “quienes tienen mayores o pequeños”. “Nosotros solo somos mi mujer y yo, y no tenemos a dónde ir”, agrega. Si Israel anuncia bombardeos, su plan es coger la moto y salir de Dahiye unas horas, uniéndose a la multitud que este lunes estaba distribuida en vehículos y bajo lonas de plástico en las avenidas de alrededor. Asumen el riesgo sin mayor opción, soportando una tensión permanente. El domingo se desprendieron de ella, aunque fuera por un momento. Hussein muestra imágenes del café cercano a su casa, donde pusieron música y bailaron efusivamente al recibir la noticia de que Irán actuaba militarmente contra Israel en una supuesta defensa de Líbano. “Puede que esto sea el principio del fin”, anticipa Hussein. “A los israelíes no se les puede presionar diplomáticamente, solo entienden el poder”, dice, replicando los argumentos que el presidente del Parlamento iraní, Mohamed Baqer Qalibaf, expuso el domingo. Si Irán logra imponer una nueva ecuación en la que Israel reciba ataques por cada agresión contra Líbano, “la guerra podría terminar pronto”, dice esperanzado.Pugna por la pazIrán viene subiendo la apuesta para presentarse como la defensora de Líbano. El ataque del domingo sobre Israel, que busca provocar fricciones entre Trump y Netanyahu, tiene lugar en un momento en el que el Gobierno libanés negocia con el israelí un posible alto el fuego definitivo bajo el ala de EE UU. El pasado jueves, durante la última prórroga del supuesto cese al fuego en vigor, los tres gobiernos emitieron un comunicado en el que Beirut figuraba junto con la afirmación ―atribuida al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio― de que Hezbolá no solo es “el enemigo” de Israel, sino también de Líbano. Una tregua resultante de ese proceso incluiría el desarme de la milicia, deseado por buena parte de la sociedad libanesa —además de por Israel— para apartarse del ciclo de la violencia. Eso arrebataría a Irán su mayor aliado a las puertas de Israel.Además de una guerra en el campo de batalla, Líbano es objeto de un pulso entre quienes quieren influir en las negociaciones para la paz. Después de que el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, publicara una fotografía con las banderas de Líbano y de Irán, la diplomacia estadounidense se ha lanzado al contraataque.Este lunes, el embajador de la Casa Blanca en Líbano, Michel Issa, se ha reunido con los máximos dirigentes del Estado. “Concedemos una gran importancia a la cuestión libanesa, es un factor que los libaneses deben considerar”, ha dicho Issa tras una reunión con Joseph Aoun, presidente de Líbano, según un comunicado de la presidencia.Distintos comunicados oficiales han citado a Issa asegurando que se avanza en las negociaciones. Los dirigentes libaneses son conscientes de que la legitimidad de esa vía diplomática es limitada, puesto que no ha frenado las muertes causadas por Israel. Solo desde el inicio del supuesto cese, el 17 de abril, el Gobierno libanés registra 3.491 bombardeos aéreos y más de 1.000 muertos.Layla, de 29 años de edad y residente de Dahiye, es de las que se niega a confiar en nada. Se ha ido al norte de Líbano, lejos de su familia. “No podía soportar el estrés y la tensión de la guerra”, lamenta. Asegura que los ataques de Irán contra Israel les “han dado algo de esperanza; Israel recibe el apoyo de los regímenes más fuertes, y nosotros nos sentíamos solos”, explica por teléfono. El agotamiento, sin embargo, hace que ni tan siquiera apartándose de la zona amenazada encuentre un respiro. “Me iría a otro planeta si eso me diera paz”, reconoce.
La guerra permanente de los suburbios de Beirut: “Me iría a otro planeta si eso me diera paz”
Algunos habitantes de Dahiye esperan que los ataques de Irán frenen la ofensiva israelí, mientras otros entran y salen de sus barrios cuando vuelven los bombardeos













