Iván Cepeda entra a su segunda semana rumbo a la segunda vuelta presidencial sin dinero y con el tiempo pisándole los talones. Su equipo de trabajo, que se ha desplegado en varios territorios del país para estos últimos días, tiene la certeza de que estos comicios se definirán en dos ciudades: Bogotá y Barranquilla. El candidato oficialista ha renovado su apuesta por las redes sociales: ahora aparece en videos más cercanos con sus electores, pinta murales y hasta juega fútbol. Y tiene los números claros: hacen falta al menos 2,5 millones de votos adicionales para remontar a su opositor y cruzar la puerta de la Casa de Nariño.Desde los resultados del pasado 31 de mayo, sus coordinadores de campaña han concluido que enfocar sus esfuerzos en confiarse de ganar en primera vuelta fue un error. “Ese fue el primer error. El segundo fue tratar negar que fue un error y decir que lo que vivimos no fue una derrota”, dice uno de sus asesores. Desde entonces, su campaña ha vivido un remezón. El problema es que queda poco tiempo y tienen poco dinero para enderezar el rumbo. La idea ahora es mostrar a un candidato más empático, más próximo, más fresco, y luchar voto a voto en zonas de país que todavía tienen potencial de crecimiento. La izquierda se ha quedado sin fondos para la segunda vuelta. Cepeda tocó las puertas de dos grandes de la banca privada, el Grupo Aval y Bancolombia. Ambos grupos económicos entregaron préstamos a otros candidatos para estos comicios, pero a Cepeda se los negaron, según tres personas de su equipo. Su equipo pidió 25.000 millones de pesos (unos 6 millones de dólares). A De la Espriella, por su parte, la banca le ha entregado más de 35.000 millones de pesos (8,3 millones de dólares).El portazo de la banca privada al candidato oficialista no es un dato menor. Uno de sus coordinadores regionales cuenta que también les negaron la posibilidad de tener más vallas políticas en las calles. “Cuando decíamos para qué candidato era, nos negaban el alquiler”, dice. El dinero que ha logrado conseguir su campaña para avanzar hacia la segunda vuelta ha sido a través de la Cooperativa Financiera Confiar, una organización más pequeña cuyo tope para préstamos electorales es de 15.000 millones de pesos (3,6 millones de dólares). La precariedad financiera no es el único problema. La estrategia de comunicaciones llegó tarde. Demasiado tarde. Fue apenas esta semana cuando la campaña decidió cambiar: colores llamativos, reels, Cepeda en la calle pintando murales, hablando con ‘kpopers’ y pateando balones. El candidato caracterizado por leer discursos en plazas públicas, ahora se codea más con la gente en los barrios populares. El viraje era necesario, pero comenzó cuando ya se había perdido una semana entera antes de la segunda vuelta. Pero el error más costoso no fue la demora. Dos personas de su equipo señalan que el tropiezo más caro de la primera semana postelectoral fue cuando Cepeda les pidió públicamente a sus electores que no usaran la camiseta de la Selección Colombia —una idea que, según estas fuentes, partió de la jefatura de comunicaciones— y que ninguno de sus asesores respaldó. En plena fiebre futbolera por el Mundial, su equipo intentó enmendar el error rápido, y aunque hoy sus militantes ya se apropiaron de la prenda, la salida en falso le costó caro.El cambio de imagen de Cepeda, sin embargo, no es solo estético. Es también político: Cepeda ha buscado distanciarse de Petro, quien sigue interviniendo en política sin filtro y contradiciendo a su candidato. Una de las primeras conclusiones a la que llegaron mandatario y candidato, es que había que renunciar a la idea de una Asamblea Constituyente. Esa era una de las grandes obsesiones del presidente, pero a Cepeda nunca terminó de convencerle.El miércoles, tres días después de los comicios, el comité que reunía firmas para convocar el cambio de la Constitución, desistió de su proyecto. La estrategia para mover votos, según el mismo entorno de Cepeda, es más fácil de activar con un mensaje que no tenga a Petro como protagonista o como sombra. Y aunque la distancia parecía marcada hasta entonces, lo cierto es que el presidente Petro se niega a dejar en paz la campaña de su sucesor. Este domingo, mientras Petro insistía en su teoría sobre un fraude en la primera vuelta, Cepeda se desmarcó y, horas más tarde, y reconoció explícitamente los resultados de esos comicios. Mientras tanto, el equipo de Cepeda ahora busca alcanzar al menos 2,5 millones de votos nuevos. Esos son sus cálculos para la victoria. Barranquilla es el frente más disputado. La ciudad, donde el ultraderechista Abelardo de la Espriella construyó buena parte de su caudal electoral y donde ha recibido los resultados de los comicios, se ha convertido en objetivo prioritario para Cepeda. El norte del país no ha sido territorio fácil para la izquierda en estas elecciones, aunque la Costa tiene memoria progresista. Por eso este sábado una buena parte de su equipo de campaña viajó hasta hasta allí para plantar una base permanente que se vuelque a hacer campaña en busca de más votos en la región Caribe antes de que se cierre el tiempo. Abelardo de la Espriella, en paralelo, amenaza con la mano de Donald Trump a quienes hagan campaña por Cepeda en el Caribe.En Bogotá, la apuesta es distinta. Lo primero no es convencer indecisos, sino despertar a los que ya están convencidos pero se quedaron en casa el domingo electoral. El equipo de Cepeda calcula que cerca de la mitad de los electores del sur de la capital —territorio históricamente de izquierda— no fue a las urnas en la primera vuelta. Si logran mover esa masa, las cuentas internas hablan de al menos un millón de votos adicionales solo en Bogotá. Por eso las apariciones de Cepeda en localidades como Bosa, en donde compartió el balón de fútbol con Antonella Petro, la hija menor del presidente, no son casualidad. Es en esas localidades en las que esperan crecer electoralmente. La idea se repite, sobre todo, en la Colombia rural, que históricamente ha votado a candidatos progresistas, pero que no alcanzó a ir a las urnas el 31 de mayo. El otro frente que Cepeda necesita cerrar es el de las alianzas con el centro político. En la primera vuelta, Sergio Fajardo y Claudia López sacaron poco más de 1,2 millones de sufragios que podrían inclinar la balanza. Los acuerdos con ellos, y con Juan Daniel Oviedo, han avanzado en silencio, pero no todos quieren hacer público su respaldo por temor a perder capital político propio. Oviedo, por ejemplo, puso condiciones que ya se han cumplido: desistir de convocar una Constituyente, una revisión profunda de la política de paz total, y el reconocimiento de que en la primera vuelta no hubo fraude. Los demás actores sumaron sus propias exigencias.Este jueves hay una reunión en la que el equipo de Cepeda espera que por fin llegue la foto que tanto han buscado. “La idea es que si deciden que no sea público su respaldo, pondrán a disposición sus equipos para que se sumen a la campaña”, dice uno de sus hombres más cercanos.Y mientras la campaña aprieta en Bogotá y en la Costa, Cepeda también disputará un terreno que ya el ultraderechista ha conquistado: los votos del exterior. Más específicamente los de los colombianos en Estados Unidos. Según un integrante de su equipo, el candidato tiene planeado un viaje a Nueva York y Washington para los próximos días. La lectura interna es sencilla: si el jefe de la derecha que Cepeda enfrenta en las urnas tiene como aliado a Donald Trump, el candidato de izquierda necesita poner la cara en ese país y reunirse con los demócratas. Aunque también con republicanos, dicen quienes manejan su agenda.Con varios frentes abiertos para ganar las elecciones, Cepeda sabe que desmarcarse del presidente es la estrategia más difícil de todas. No porque no quiera, sino porque el mandatario se niega. La idea de contradecir al presidente no le hace gracia a varios integrantes de su equipo. Pero los asesores externos están convencidos que la victoria -o derrota- depende en buena medida del presidente de la República.
Cepeda entra en la recta final de su campaña sin dinero y con Petro respirándole en la nuca
El candidato oficialista arranca su segunda semana con poco dinero: la banca privada le negó los préstamos, su estrategia de comunicaciones llegó tarde y el presidente Petro se niega a dejar de sabotear su campaña










