El senador Iván Cepeda, candidato de la izquierda colombiana a la presidencia, y el mandatario saliente Gustavo Petro se reunieron este lunes y martes. No fueron conversaciones fáciles. En ellas, según fuentes de su entorno, Cepeda intentó marcar distancia del presidente y pedirle que deje de insistir en asuntos que, a su juicio, perjudican su campaña. El primero y quizá principal, su empeño en una asamblea constituyente, que genera una desconfianza enorme incluso entre sus propios aliados. Este jueves, el comité que promovía la iniciativa renunció a continuar con ella, en un movimiento que busca cambiar el panorama electoral a 17 días de las elecciones.La primera reunión estuvo a punto de naufragar, pero el análisis electoral que le presentaron al presidente, que señala que aún hay muchos votantes por movilizar, reorientó la conversación. El batacazo de la primera vuelta —en la que el ultraderechista Abelardo de la Espriella le sacó más de 650.000 votos contra todo pronóstico— dejó al candidato oficialista con una tarea urgente: rediseñar su campaña y sacudirse la sombra del presidente. Petro es su mayor activo y su mayor lastre.La elección del domingo, en la que Cepeda logró un 40,9% de los votos frente al 43,7% de De la Espriella, desnudó todos los errores de campaña del candidato oficialista. Desde el optimismo inflado de creer que ganarían en primera vuelta hasta no explicar ni sus medidas económicas ni de seguridad, que son la mayor preocupación de los colombianos. En ese ejercicio de autocrítica que está en marcha desde el domingo, hay un elefante en la habitación que ha hecho falta señalar explícitamente: Petro. Sus propuestas. Su omnipresencia. Sus obsesiones.Así como varios analistas llevaban meses alertando de que la senadora de derechas Paloma Valencia debió distanciarse del expresidente Álvaro Uribe para salir mejor parada en una elección en la que solo sumó el 6% de los votos, una parte del entorno del candidato lleva tiempo creyendo que Cepeda debía hacer lo mismo. “Tiene que ser autónomo frente a Petro”, le aconsejaban. El problema es que le quedan menos de tres semanas para hacerlo.Lo que haga Petro tras esas conversaciones está por ver, pero según una fuente conocedora del encuentro, el presidente aceptó “a regañadientes” renunciar a su insistencia en una asamblea constituyente —su gran proyecto político frustrado—. Otra fuente, sin embargo, da otra versión: señala que el presidente llegó a la misma conclusión por su lado, que fue uno de los mayores defensores de la necesidad de priorizar ganar las elecciones y que entiende que la constituyente es solo un medio para el fin último de sacar adelante las reformas. Como sea, la idea de sepultarla marca un primer paso en el viraje, uno que Petro parece haber aprobado. “Apoyo la determinación que el comité ciudadano por la Asamblea Nacional Constituyente ha tomado”, ha dicho en X tras el anuncio. Petro lleva meses impulsando la iniciativa de convocar una asamblea para reescribir la Constitución colombiana de 1991 y aprobar así las reformas sociales que no pudo sacar adelante en el Congreso. La propuesta —que incluye desde una reforma agraria hasta suprimir la autonomía del Banco de la República— genera en amplios sectores del electorado el temor. Para Cepeda, cargar con ella es un lujo que no puede permitirse. Con este contexto no parece casual el trino de Juan Fernando Cristo, exministro del Interior y articulador de campaña de Cepeda, a primera hora de este miércoles: “No hubo fraude. No habrá Constituyente”. Y explica vía telefónica el viraje: “En la campaña y en la coalición de la Alianza por la Vida se generó un consenso de la inconveniencia que tenía esta mala idea de la constituyente en este momento, no solamente para la campaña, sino para el país y para el propio Gobierno. El presidente es una persona que reflexiona, que revisa, es pragmático y realista”. Y concluye: “La posición de Iván Cepeda fue la misma durante toda la campaña, y así terminó por entenderlo y aceptarlo el presidente: promover un acuerdo nacional y no una constituyente”. Cristo ha sido uno de los mayores detractores de esa iniciativa y condicionó su apoyo al candidato a que no insistiese en la idea de Petro de sacarla adelante. No ha sido el único. El plan ahora, según las fuentes consultadas, es distanciarse del presidente en tres asuntos clave: decir no a la constituyente, hacer autocrítica sobre la fallida política de paz total y descartar la denuncia de fraude que alentó Petro nada más conocerse los resultados de la elección —y que el propio Cepeda secundó brevemente antes de rebajar la denuncia al día siguiente—. La nueva campaña apostará por un candidato más cercano a la gente, distinto al de los discursos leídos y los mítines multitudinarios: pescadores, campesinos, visitas de casa en casa. Algunos de sus aliados, como Cristo y el senador verde Ariel Ávila, buscarán votos indecisos o de personas más ubicadas en la centroizquierda, distantes de Petro. Es una apuesta territorial en la que cuadros más del corazón de la izquierda buscarán activar a votantes que, como explica el congresista Gabriel Becerra, sí son militantes, pero sencillamente no salieron en la primera vuelta. Todo eso se combina con una ofensiva intensa en redes sociales, con mensajes del propio candidato diseñados para llegar a los territorios donde la izquierda tiene su mayor reserva de votos sin movilizar. Cepeda necesita movilizar de forma exprés los territorios donde la abstención ronda el 60%, una reserva que su equipo considera su verdadera cantera para la segunda vuelta. Y una reserva que, apuntan, es más fácil mover con un mensaje que no tenga a Petro como su gran protagonista.