“Por favor, no usen estos urinarios, utilicen los de la pista deportiva. Gracias y disculpen las molestias”, se lee en los carteles del Instituto Cardenal Cisneros que pega un trabajador del centro mientras tranquiliza a las madres de los alumnos. “Esto se va a quedar cerrado, los peregrinos solo van a utilizar las duchas del gimnasio, donde se han habilitado unos baños portátiles y unos cubos de basura. Algunos dormirán bajo techo y otros al raso”, les explica. Mientras ultima los preparativos, ellas se reúnen para organizar una bienvenida a las nuevas familias que llegarán el curso que viene. Pocos metros las separan del lugar donde dormirán 400 personas emocionadas por la llegada del Papa León XIV a Madrid, según datos facilitados por el equipo coordinador de la acogida, y este tema se convierte en el centro de la conversación. “Su estancia aquí no ha pasado por consejo escolar, no se ha preguntado a la comunidad educativa, es algo que se ha impuesto, cuando se debería haber votado”, protesta Beatriz Sánchez, madre de 51 años. Mientras, algunos estudiantes de teatro entran y salen del instituto. “¿Por qué se quedan aquí?”, pregunta una adolescente. “Porque Ayuso les ha dejado”, le responde su compañera. La expectación y la inquietud se palpa en los pasillos. Las madres preparan el tentempié de su evento mientras siguen conversando. “Este uso de fondos públicos a costa de la religión de cada uno, me pone de muy mala leche”, comenta Eva de la Cruz, de 52 años. Coincide con ella María Jesús Romero, de 53: “No entiendo por qué nos obligan a esto con la cantidad de concertados que hay, a los que se les está derivando dinero a costa de la pública. Dicen que es algo urgente, pero por inminente se entiende otra cosa, que haya una bomba y se necesite acoger a los heridos, por ejemplo”. Cuando, a finales de mayo, se supo que los peregrinos podrían acampar en 80 colegios públicos, varias asociaciones de familiares y profesores ya protestaron contra este “trato de favor” y el sindicato Comisiones Obreras se opuso a la propuesta por considerarla un “privilegio”. Un sindicato minoritario, el de Trabajadoras y Trabajadores de la Enseñanza de Madrid (STEM), lanzó incluso un comunicado con una imagen del Papa León XIV sosteniendo las llaves de un centro educativo y en el que ponía que “la escuela pública no es un hotel”.En el Cardenal Cisneros acusan a la Consejería de Educación de actuar de manera arbitraria. Romero recuerda que a las familias y a los alumnos se les prohibió manifestar cualquier tipo de apoyo a Palestina dentro del recinto. “Todo lo que hicimos tuvo que ser de puertas para fuera”, insiste. Su malestar contrasta con la alegría de los peregrinos que rondan el instituto. Celeste Vera, con el saco de dormir y las esterillas a cuestas, no puede esconder su emoción a pesar de ir cargada. “Somos de la parroquia de la Epifanía del Señor de Carabanchel, pero nos viene mucho mejor quedarnos a dormir en el Instituto Cardenal Cisneros porque está más céntrico. Nuestro párrroco ha coordinado todo para que tengamos la mejor experiencia y podamos hacer comunidad”, dice la joven de 18 años apurada. Quiere ir lo más rápido posible al centro educativo para dejar sus cosas y poder salir hacia la plaza de Lima con el objetivo de encontrar un hueco en la vigilia. “Cuando regresemos, según tengo entendido, tendremos un momento de reflexión todos juntos para ver con qué nos hemos quedado de la visita del Papa. Después oraremos y a dormir para levantarnos tempranísimo”, comenta. Mientras, voluntarios de la organización de la visita del Pontífice aguardan en la puerta trasera metalizada y grafiteada del centro educativo, tras salir a hacer la compra. Esperan al siguiente grupo de peregrinos, unos jóvenes equipados con camisetas azules en las que se lee “alzad la mirada”. Solo se les permite acceder a una parte del instituto, la del gimnasio. La zona de las aulas queda cerrada con llave. Sánchez asegura que otros centros religiosos se han negado a realizar la acogida porque generaba una situación compleja a nivel organizativo. “A ellos se les respetó la voluntariedad, pero a nosotros nadie nos ha preguntado”, insiste. La asociación de familias del instituto preparó una encuesta al respecto para conocer la opinión de todos los padres. En esta, un 85% manifiesta su oposición frente a un 13% que dice no tener nada en contra de que los peregrinos utilicen el recinto. Con lo que nadie está de acuerdo es con que la iniciativa se haya impuesto sin ser consultada con la comunidad educativa. “Es un gasto de luz, agua, gas... y lo afrontará el centro con su propio presupuesto, cuando estamos siempre bajo mínimos”, comenta Sánchez tras alegar que todas las entidades que hacen uso del instituto, por ejemplo, para rodar una película, pagan. “Que yo sepa, la Archidiócesis de Madrid solo ha costeado un seguro de responsabilidad civil y el Gobierno autonómico ha aportado 400 euros, es una cantidad claramente insuficiente y siguen siendo fondos públicos. Después a los niños no les ponen calefactores en las aulas porque salta la potencia”, señala. Ajena a la polémica, la peregrina Liseth Billón llega feliz al Instituto Cardenal Cisneros. Agradece poder acceder a sus instalaciones por su buena ubicación. “Me quedaré hasta el final de la vigilia y estar situada en este centro me permite aprovechar todo al máximo y descansar un poquito cuando llegue, o seguir la fiesta, quién sabe”, comenta. El domingo su despertador suena a las 6.00 para dirigirse hacia la misa multitudinaria en la Plaza de Cibeles. “Esto es una divina locura”, dice emocionada.Frente a su ilusión, la preocupación de Leire Riesco, madre de 50 años. Se muestra intranquila por los gastos que tenga que sufragar el centro. Relata que en el instituto hay problemas de aislamiento y climatización. “Nuestros hijos han estado sin ventanas durante todo el invierno por una obra que se alargó hasta marzo y todavía no está terminada. Los estudiantes que dan clase en la parte de arriba se congelan en invierno y se achicharran en verano”, relata tras recordar que la Dirección de Área Territorial de la Consejería de Educación rechazó hace un mes la posibilidad de ceder el salón de actos, aprobada por unanimidad en consejo escolar, para desarrollar Malasaña Escena, un festival de teatro sin ánimo de lucro organizado por asociaciones vecinales y negocios de barrio en el que iban a participar alumnos del centro.“El presupuesto parece estar disponible para otras cosas que no tienen nada que ver con la educación. Uno de los mayores propietarios inmobiliarios es la Iglesia católica, tendrá recursos de alojamiento suficientes. Hay otros eventos deportivos y musicales en la ciudad que también atraen a mucha gente de otros lados”, comenta Riesco. Insiste en que la asociación de familias del centro no es anticlerical, solo cuestiona el procedimiento y la falta de transparencia. Asegura que el equipo directivo fue informado con poco tiempo de antelación y que tampoco tuvo capacidad de decisión. El ambiente es totalmente diferente en el Colegio Salesianos de Atocha, de carácter concertado privado. “Bienvenidos, esperamos que os lo paséis bien en la visita del Papa”, escriben los alumnos de primero de primaria. Acogen a 2.500 peregrinos. El responsable de comunicación de este centro, Javier Valiente, refiere que la organización es intensa. “El profesorado y la dirección han colaborado mucho con la diócesis, también las familias. Sus hijos serán voluntarios este fin de semana, han preparado las aulas y los desayunos. Queremos que se sientan en casa”, cuenta.La peregrina Inés Ariza, de 19 años, viene de Guadalajara y está emocionada. “En TikTok no paran de aparecerme personas que vienen a ver el Papa”, comenta antes de instalarse. Se acostará pronto para disfrutar del día siguiente, que dará comienzo con una oración y una comida conjunta en el colegio. A su lado, está el cordobés Rubén Ponce, de 33 años. “En este centro educativo habrá 40 sacerdotes disponibles para confesar a los jóvenes salesianos. Oraremos y charlaremos”, cuenta.De los 80 colegios e institutos públicos solicitados por el Arzobispado para acoger peregrinos durante la visita del Papa León XIV a la Comunidad de Madrid, finalmente utilizan 18, 15 institutos y tres colegios de la capital. Bastantes se han caído de la lista inicial en la que los habían metido, parece que la previsión era mucho mayor que las instalaciones que finalmente resultaron necesarias. La Iglesia se encarga de la limpieza y la organización, según aclara la Consejería de Educación tras insistir en que la “gestión para la puesta a disposición de estos espacios, que tiene como objetivo garantizar el buen desarrollo de la visita del Santo Padre a la región, se ha realizado cumpliendo todas las normativas vigentes”. Alegan que cuando alguno de los centros solicitados les comunicó que tenía programadas actividades que coincidían con las fechas previstas para el uso de sus instalaciones, se le informó de que no tendría que participar en el dispositivo. Pero los padres del colegio público Méjico, ubicado en el distrito de Ciudad Lineal, han aplazado una actividad lúdico-festiva que realizan todos los años, llamada La Noche Mágica, financiada por ellos. Así lo confirma Nacho Peña, el presidente de la asociación de familias del centro: “Finalmente no se quedan aquí, pero ya hemos tenido que posponer todo”.