"Escribo simplemente porque quiero saber qu� piensan otras personas", afirma rotunda Catherine Lacey (Tupelo, Misisipi, 1985), una de las escritoras m�s audaces y celebradas de Estados Unidos en la �ltima d�cada. "Un libro es, y debe ser, una comunicaci�n entre dos personas mortales, no son s�lo palabras colocadas en una p�gina. Hay una persona real que vivi�, y quiz�s muri�, detr�s de ese texto". En esta idea la autora resume buena parte de su obra, en la que late la necesidad desesperada de encontrar una conciencia humana al otro lado de las palabras. De comprobar que detr�s de una frase, de una novela o de una confesi�n existe una vida intentando entenderse.No es casual que El libro moebius (Alfaguara), su nueva novela, sea un texto obsesionado con la fragilidad de la realidad, con la imposibilidad de construir un relato estable sobre uno mismo y con esa sospecha contempor�nea de que incluso la intimidad se ha vuelto teatralizada y performativa. Tampoco es casual que el libro, dividido en dos partes enfrentadas y con dos cubiertas especulares, nazca de una ruptura amorosa devastadora con el tambi�n escritor Jesse Ball -convertido aqu� en la figura ominosa de "La Raz�n"- y de una crisis de fe m�s o menos simult�nea. Para Lacey, ambas experiencias pertenecen al mismo territorio emocional. Perder una relaci�n y perder una religi�n significan, en el fondo, perder una autoridad externa capaz de confirmar qui�n eres."Mi vida hab�a entrado en una din�mica en la que necesitaba una figura de autoridad que validara mi realidad", explica desde M�xico, donde vive desde hace casi cuatro a�os. "Y sin esa autoridad, te quedas �nicamente con tu propia perspectiva. Eso me record� much�simo al momento en que dej� el cristianismo. Durante a�os pens�: si ya no existe esa autoridad espiritual o existencial, �c�mo conf�o en mi mirada sobre el mundo?".Para saber m�sLa pregunta atraviesa por completo esta novela, una obra h�brida, extra�a y profundamente conmovedora en la que la autora mezcla memoria, ficci�n y reflexi�n hasta volver imposible distinguir d�nde termina una cosa y empieza la otra. La estructura misma del libro, esa especie de cinta narrativa que se pliega continuamente sobre s� misma, parece dise�ada para sabotear cualquier idea de verdad lineal. Los recuerdos cambian seg�n qui�n los mire. El amor muta constantemente. La identidad nunca termina de fijarse. "Esa tensi�n es precisamente lo que me interesa de la escritura", dice. "Pas� dos a�os estudiando escritura de no ficci�n y todas las conversaciones giraban una y otra vez alrededor de las mismas preguntas: �qu� es la verdad?, �qu� es realmente la no ficci�n? Y al final, incluso hoy, sigo sin tener ni idea", reconoce entre risas.Durante mucho tiempo, confiesa, Lacey crey� que jam�s escribir�a unas memorias. Hab�a construido toda su carrera dentro de la ficci�n, primero con Nunca falta nadie, despu�s con Las respuestas o la monumental y rompedora Biograf�a de X, un artefacto pol�tico, sentimental y filos�fico sobre una artista capaz de reinventarse infinitamente a s� misma que fue un �xito rotundo. Pero entonces lleg� la ruptura y, con ella, una sensaci�n de irrealidad tan intensa que la ficci�n dej� de servirle."Durante un a�o lo �nico que pod�a escribir era lo que estaba ocurriendo de verdad", recuerda. "Pero incluso eso parec�a ficci�n. El presente parec�a irreal y el pasado tambi�n. Sent�a que la vida me hab�a acorralado para escribir directamente sobre ella". Aun as�, desconfi� constantemente de sus propios recuerdos. Revis� diarios, correos electr�nicos, mensajes antiguos... Intentaba verificar la autenticidad de su memoria como si estuviera investigando un crimen. "Todo el tiempo me preguntaba: �c�mo s� que esto ocurri� realmente?"."A partir de los 40 la sociedad invisibiliza a las mujeres, pero precisamente ah� aparece otra clase de libertad"Esa inseguridad no proven�a solo de la escritura autobiogr�fica, sino tambi�n de la relaci�n sentimental de la que estaba saliendo. "Hab�a muchas veces en las que yo pensaba que algo hab�a sucedido y la otra persona me dec�a que no. Y yo terminaba crey�ndole. Eso tambi�n formaba parte del libro". La experiencia conecta directamente con uno de los grandes temas de toda su obra, pues los personajes de Lacey llevan a�os intentando escapar de s� mismos, reinventarse, adoptar nuevas identidades o sencillamente desaparecer. Sin embargo, en El libro moebius esa reinvenci�n ya no aparece como una fantas�a liberadora, sino como algo emocionalmente agotador.Curiosamente, Lacey no habla de ello con pesimismo, sino casi con alivio. Acaba de cumplir 41 a�os y asegura sentir una libertad nueva respecto a las expectativas que tradicionalmente pesan sobre las mujeres. "Creo que hay algo muy liberador en sobrevivir a los veinte y a los treinta", dice entre risas. "Es como ese chiste de Hollywood seg�n el cual, cuando una actriz supera los 40, solo puede interpretar a viejas o a bruja. De repente la sociedad te invisibiliza, te coloca fuera de t� misma, pero precisamente ah� aparece otra clase de libertad".Mientras escrib�a Biograf�a de X, recuerda, sent�a todav�a la presi�n de justificar constantemente qu� significaba ser una artista mujer. "Por eso invent� un personaje que no hubiera crecido bajo esas limitaciones. Quer�a imaginar c�mo ser�a ser artista y mujer sin tener que responder continuamente a la pregunta de qu� significa ser una artista femenina". Ahora, en cambio, observa a mujeres mayores que ella viviendo con una libertad mucho m�s compleja y menos obsesionada con la juventud. "Cada vez me interesa menos la idea de reinventarme y m�s la de entenderme, la de comprender la continuidad entre todas mis versiones anteriores".En El libro moebius el amor, otro de sus grandes temas, tampoco aparece ya como redenci�n rom�ntica, sino como una experiencia de vulnerabilidad extrema. "En el tiempo del amor dejas tu vida en manos de otra persona y la retas a que la eche a perder", escribe en un momento del libro. Lacey se r�e cuando escucha la frase. "Me estaba burlando un poco de m� misma", admite. "En mis primeros libros hab�a muchas frases que pod�an sacarse de contexto y circular como aforismos. Y la gente dec�a: ‘Catherine Lacey piensa esto’. Pero no, nunca fui yo, es s�lo un personaje hablando"."El amor y la religi�n funcionan de maneras muy parecidas. Las relaciones pueden destruirte incluso cuando hay amor"Sin embargo, reconoce creer que existe algo profundamente sagrado en las relaciones amorosas. Para explicarlo recuerda una c�lebre performancede Marina Abramovic y Ulay en la que �l sostiene un arco tensado apuntando directamente al pecho de la artista. "Esa imagen se me qued� grabada", dice. "Hay algo parecido en cualquier relaci�n �ntima. Depositas tu confianza en otra persona y, de alguna manera, le entregas la capacidad de destruirte". Lo interesante es que Lacey nunca reduce esa experiencia a puro dramatismo, pues en mitad del dolor siempre aparece tambi�n la iron�a. "Hay algo muy gracioso en atravesar una ruptura devastadora y sentirte de pronto como un adolescente destrozado. En ese momento parece el fin del mundo, pero al mismo tiempo sabes que es temporal".Quiz� por eso sus novelas se resisten tanto al cinismo decarnado como a las narrativas optimistas y sensibleras. Sus personajes poseen y utilizan todas las herramientas intelectuales contempor�neas, del lenguaje terap�utico a la ideolog�a feminista, y aun as� siguen haci�ndose da�o. "Me interesa ver a los personajes en medio del caos. No me gustan los libros que te ofrecen una conclusi�n perfectamente cerrada. Prefiero ver a alguien intentando entender algo y no consigui�ndolo del todo, porque pienso que as� es la vida", explica.La religi�n ocupa un lugar central en esa b�squeda. Lacey creci� en una familia profundamente evang�lica del sur de Estados Unidos y pas� buena parte de su infancia dentro de la iglesia. "Durante a�os sent� mucha rabia por todo el tiempo que hab�a perdido all�", reconoce. "Pensaba en todas las cosas que podr�a haber aprendido si no hubiera pasado quince horas semanales en la iglesia. Por ejemplo, nunca estudi� idiomas, as� que mi mundo estaba reducido a una sola visi�n". Con el tiempo, sin embargo, esa rabia se ha convertido en otra cosa."Creo que todos acabamos escribiendo sobre aquello que nos ocurri� antes de los doce a�os", dice citando a Faulkner. "Y en mi caso la religi�n fue la fuerza dominante de esa �poca, as� que, lo quiera o no, siempre impregna todo lo que escribo".Por eso, incluso cuando sus personajes rechazan la fe, siguen pensando en t�rminos religiosos, de ulpa, redenci�n, salvaci�n y revelaci�n. Estados Unidos, sugiere Lacey, "contin�a siendo un pa�s profundamente puritano incluso cuando se imagina secular". Y quiz� ah� reside una de las claves de su literatura, pues sus novelas hablan constantemente de personas que intentan reemplazar la religi�n con el amor, el arte, el sexo, la pol�tica o la identidad."Hoy en d�a la gente vive atrapada en una personalidad paralela. Todos tenemos una versi�n teatralizada de nosotros mismos"Tambi�n con internet. Otro aspecto de la narrativa de la estadounidense, muy com�n en autoras como Katie Kitamura o Rachel Cusk, es la idea de representaci�n, la sensaci�n de que hoy todos interpretamos constantemente una versi�n de nosotros mismos. "Creo que la gente normal vive atrapada en una especie de personalidad paralela", sostiene Lacey. "Todos tenemos esta versi�n performativa y teatralizada de nosotros mismos, la que usamos en el trabajo, en la calle, incluso a veces con la familia o la pareja, y creo que nunca terminamos de resolver del todo la relaci�n con ella".En 2014 Lacey fue elegida en la prestigiosa Lista Granta de voces j�venes.WILLY SOMMAComo escritora, la cuesti�n le resulta especialmente inc�moda. Cuando public� su primer libro hace unos doce a�os, las redes sociales apenas formaban parte de la vida literaria estadounidense. "Ninguno de mis autores favoritos ten�a presencia online y yo nunca hab�a pensado en el lado performativo de ser escritor. Y de repente descubres que publicar un libro implica construir una personalidad p�blica". Durante mucho tiempo las entrevistas la hicieron sentirse impostora. "Siempre pensaba: �qu� impresi�n estoy dando? �Estoy fingiendo? Pero creo que ahora ya hice las paces con eso. A veces dices cosas est�pidas, a veces pareces brillante y luego piensas: quiz� tambi�n estaba actuando".Estas otras cuestiones atraviesan tambi�n El libro moebius, en cuyas p�ginas la intimidad aparece contaminada por una l�gica teatral donde incluso el duelo parece convertirse en una representaci�n involuntaria. "Cuando atraviesas una gran p�rdida, sea una muerte o el fin de un amor, notas que todo el mundo te observa de refil�n, como pregunt�ndose qui�n eres ahora y c�mo vas a comportarte", reflexiona Lacey, quien insiste en que aunque sus libros suelen percibirse como oscuros, se siente hoy menos c�nica que antes. De hecho, una de las revelaciones de esta nueva novela, afirma, "fue descubrir la importancia narrativa de la amistad. Nunca hab�a escrito realmente sobre mis amistades, y eso es extra�o porque ah� es donde he encontrado gran parte de la felicidad de mi vida".En esta novela aparecen, adem�s, algunas de las personas m�s importantes de su c�rculo �ntimo y literario, desde la escritora Sarah Manguso hasta Brenda Lozano o su actual marido, el novelista mexicano Daniel Salda�a Par�s, peque�as presencias reales que funcionan casi como anclajes afectivos dentro del caos emocional del libro.Ahora, mientras trabaja en dos nuevos proyectos todav�a en proceso, asegura sentirse cada vez m�s fascinada por las relaciones duraderas y por la posibilidad de escribir v�nculos no basados �nicamente en el conflicto. "Es muy f�cil escribir sobre parejas que se destruyen, sobre el final de las cosas. Lo dif�cil es escribir sobre personas que se tratan bien sin caer en algo empalagoso. Narrar una relaci�n de 20, 30, 40 a�os, que puede no ser perfecta pero resiste, eso me parece un gran reto", asegura entre risas."Ahora que todo quiere reducirse a un titular o un clip de audio, un libro funciona precisamente porque no puede resumirse"Ese cambio coincide tambi�n con su distancia creciente respecto a Estados Unidos. Instalada en M�xico, observa ahora su pa�s natal con mezcla de extra�eza y agotamiento. "Creo que necesitas irte de un lugar para entenderlo de verdad", reflexiona. "Todav�a estoy en medio de ese proceso". Cuando empez� a escribir apenas era consciente de cu�nto hab�an marcado su imaginaci�n el colapso econ�mico y emocional de la Am�rica contempor�nea: la precariedad laboral, el deterioro del sistema sanitario o esa ansiedad permanente que atraviesa a buena parte de su generaci�n."Hace poco me di cuenta de que Las respuestas trataba realmente sobre dinero y precariedad, aunque mientras la escrib�a pensaba que estaba haciendo una especie de experimento raro", admite sonriente. "Y luego entend� que el libro hablaba de vender tu cuerpo por dinero, de sobrevivir dentro de un sistema completamente roto".Aun as�, Lacey sigue creyendo obstinadamente en la literatura. No como una fuente de respuestas definitivas, sino como una experiencia �ntima de reconocimiento. "Leer produce una sensaci�n de alivio", dice. "No porque un libro te d� soluciones, sino porque de pronto reconoces algo de tu propia vida dentro de la experiencia de otra persona". Para ella, la novela sigue siendo una tecnolog�a extra�a y profundamente humana, una forma de interrupci�n lenta dentro de una cultura obsesionada con el fragmento y la simplificaci�n. "Todo el mundo quiere reducirlo todo a un titular, a una frase corta, a un clip de audio", reflexiona. "Pero un libro funciona precisamente porque no puede resumirse del todo".Por eso rechaza con tanta firmeza la idea de novelas escritas por inteligencia artificial. No por miedo apocal�ptico ni por nostalgia cultural, sino porque considera que eliminar�an precisamente aquello que hace valiosa la literatura. "Quiero saber qu� piensa otra persona, eso es todo. No me interesa lo que piense una m�quina", insiste Lacey, quien no se declara tecn�foba y reconoce incluso sentirse fascinada por el potencial de la IA, lo que cuestiona es su aplicaci�n al arte. "Hay much�simas cosas maravillosas que podr�amos hacer con esta tecnolog�a. Podr�a ayudarnos a curar enfermedades como el c�ncer o a limpiar los oc�anos; a resolver problemas reales, pero no la necesitamos para escribir novelas, gracias", concluye.El libro moebiusCatherine LaceyTraducci�n de N�ria Molines. Alfaguara. 224 p�ginas. 20,90 � Ebook: 10,99 �
Catherine Lacey, la escritora que busca la conciencia humana al otro lado de las palabras: "La IA debe servir para curar el c�ncer, no para escribir novelas"
"Escribo simplemente porque quiero saber qu� piensan otras personas", afirma rotunda Catherine Lacey (Tupelo, Misisipi, 1985), una de las escritoras m�s audaces y...












