“Para el escritor, escribir es un verbo intransitivo”, decía Roland Barthes. Con esta afirmación, el semiólogo francés sugería que la escritura no es un mero instrumento para comunicar un mensaje previamente dado, sino más bien habitar el lenguaje, explorar sus posibilidades y producir sentido en el propio acto de escribir. A partir de ahí comienza un diálogo complejísimo –siempre inagotable de significación– con lectores de distintos tiempos y espacios. Desde ese punto de vista, ¿qué desafíos aparecen hoy a partir del uso de la inteligencia artificial (IA)? ¿Los libros escritos con esta tecnología crean otras formas de comunidad lectora? ¿Compiten con lo intrínsecamente humano? “Si bien la IA es importante y necesaria, tiene dueños. Estos conforman un pequeño, o más bien ultrapequeño, grupo de hombres ‘semidioses’ o de inversionistas ‘dioses’. Ahora mismo los signos de producción tecnológica son visibles en los trabajos culturales, y ya sabemos que existen novelas escritas íntegramente con IA. Amazon acepta incluir en su catálogo, por ahora, tres novelas diarias de esta índole, lo que significa alrededor de mil libros al año”, advirtió la escritora chilena Diamela Eltit, de visita en la Argentina, invitada para participar de la Serie de Lecturas FROST organizada por la Maestría en Escritura Creativa de la Universidad de Tres de Febrero (UNTREF). Ganadora del Premio Nacional de Literatura en Chile y el Premio Internacional Carlos Fuentes, Eltit se convirtió en una de las figuras más relevantes de la literatura latinoamericana contemporánea. Autora de Lumpérica, El cuarto mundo, Fuerzas especiales, Falla humana, entre otras novelas, ensayos y crónicas, se caracteriza por la experimentación con el lenguaje y la reflexión constante sobre el cuerpo, el poder, la marginalidad, y las formas de violencia social y política en América Latina. Durante el encuentro, titulado “Pensar, escribir, repensar, reescribir” –y frente a estudiantes de la Maestría que dirige la escritora María Negroni y público en general–, Diamela Eltit reflexionó: “Si bien esos libros no son una amenaza, es necesario –siguiendo a Pierre Bourdieu– pensar el campo que habitamos. Es pertinente preguntarse si los libros escritos con IA pueden ser validados críticamente. Pero más allá de los usos y abusos de esa tecnología, de sus beneficios y peligros, me parece necesario destacar la literatura artesanal”. En una suerte de defensa de un tipo de escritura que involucra aquello que pertenece inherentemente a la condición humana, la chilena se refirió a dos novelas para observar algunos aspectos que, desde su perspectiva, “han traspasado las barreras convencionales para generar escrituras descentradas, difíciles de producir con la tecnología. Al menos, por ahora”: Yo, yegua, de Francisco Casas, y Autor material, de Matías Celedón.