Satanás, el enemigo, está muy satisfecho con lo que ocurre con la inteligencia artificial. Una creación que busca potenciar las artes y las ciencias a niveles nunca alcanzados, por su naturaleza destinada a ayudar a la felicidad y a la libertad de los seres humanos, ha sido transformada en instrumento de confusión. Puesto que el adversario es el padre de la mentira, le gustó el nombre que pusieron al artilugio, inteligencia artificial. Así cayeron tontamente en el primitivo pecado de la idolatría. Ídolo significa lo que parece sin ser, una estatuilla tomada por un dios, la palabra tiene el mismo origen que el sufijo “oide”, como en ovoide, que tiene forma de huevo; hordas entusiastas idolatran la IA y adoran algo que parece inteligencia, pero no es.Tan idólatras son los que creen que una imagen es milagrosa, como los que sostienen que la misma es maléfica. Y en esa categoría entran aquellos que consideran que tal o cual invento humano es diabólico, que traerá tristeza y muerte a la Tierra. Tal como sucede con la IA, así lo creyeron con el ferrocarril, con el teléfono, con la televisión, con la propia computadora y con las vacunas. Los herejes luditas en el siglo XVIII intentaron parar la revolución industrial destruyendo los telares de vapor. ¡Pobres! No pudieron parar la mayor ola de prosperidad que ha tenido la humanidad.El ludismo del siglo XXI se ha incorporado al moderno movimiento woke, síntesis de herejías, que ha tenido éxito desmantelando la producción, por ejemplo, de energía atómica en Europa, conduciendo al Viejo Continente al suicidio energético. Lejos de sentirse satisfechos con este “logro”, se vuelven contra la IA y exigen que se limite su desarrollo. Es una idolatría negativa, expresamente dicen que se no trata de un invento éticamente neutral sino intrínsecamente perverso, o sea diabólico. Esto no es así, las herramientas, salvo aquellas diseñadas para dañar personas, son inocentes, solo en las manos y en los cerebros humanos encuentran usos antiéticos.Los luditas creían que los telares destruían empleos hace un cuarto de milenio. Hoy creen que ocurrirá lo mismo con la IA. Para su desesperación los datos no les dan razón. Cierto que en EE. UU. hubo una pérdida de empleo, aunque no catastrófica. Esta se atribuye a que cuando se vio que la pandemia cedía, se pensó que vendría un gran crecimiento de rebote y se produjo una sobrecontratación. Este efecto fue mucho menor que lo que se esperó y ahora se están ajustando los roles en proporción. Si los grandes despidos fuesen causados por la IA, debían ocurrir en el campo de los trabajadores calificados, pero la realidad es que ha ocurrido exactamente lo contrario. En el eje del mal, la santa alianza de las dictaduras, grandes usuarias de la IA, vive y reina el diablo, que está feliz con los planes occidentales de ponerse piedras delante de sus propios pies limitando la inteligencia artificial. Lo que necesita esta nueva tecnología es control, como tienen los automóviles y las telecomunicaciones, no límites que coarten su crecimiento y perfeccionamiento. Por supuesto, hay que fortalecer la ética de las personas para que usen correctamente esta creación de la inteligencia humana. (O)