La inteligencia artificial (IA) fascina y repele, atemoriza y seduce, y resulta, sobre todo, fundamentalmente misteriosa, razón última del miedo que inspira a una amplia mayoría. Ha desembarcado en nuestras vidas, y todo apunta a que su incidencia será determinante en el mundo que nos aguarda, un mundo tan inminente que notamos ya sus coletazos. León XIV ha demostrado por tanto lúcidos y ágiles reflejos al dedicarle su primera encíclica, Magnifica humanitas, subtitulada “Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”, una carta a los católicos que también la sociedad secular debería leer con atención.Cuando hace poco más de un año, Robert Francis Prevost, primer estadounidense de la historia en ser elegido papa, decidió llamarse León XIV, declaró con el nombre escogido que la doctrina social de la Iglesia estaría en el centro de su mensaje. El papa italiano León XIII publicó en 1891 la primera encíclica social, Rerum novarum (De las cosas nuevas), dedicada a las terribles condiciones laborales de los obreros durante la Revolución Industrial.Prevost considera que la doctrina social de la Iglesia debe ahora afrontar esta nueva revolución industrial, la de la IA, que está empezando a transformar el mundo, y puede que para mal. En los tiempos ya lejanos de León XIII, la máquina de vapor y el telar mecánico eran herramientas a la vista, ensambladas y con funciones determinadas en la cadena de producción en la fábrica. En los tiempos presentes de León XIV, la máquina causante de las transformaciones ha cambiado de naturaleza: la inteligencia artificial crece, aprende, mejora, y sus aplicaciones en los más diversos campos se anuncian infinitas.El Papa León XIV firmando la encíclica Magnifica humanitas, el 15 de mayo del 2026, diez días antes de su presentación oficial, que se realizó el 25 de mayo en el Vaticanp VATICAN MEDIA / AFPPor eso, alerta Prevost, la IA, la digitalización y la robótica no pueden quedar en manos de un puñado de tecnooligarcas multimillonarios. “En muchos casos, en el contexto digital, el control de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de cálculo no es prerrogativa de los estados, sino de grandes actores económicos y tecnológicos que, de hecho, determinan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las mismas posibilidades de participación –escribe el Pontífice-. Cuando un poder de tal magnitud se concentra en pocas manos, tiende a hacerse opaco y a eludir el control público, y crece el riesgo de un desarrollo distorsionado que provoca nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades”.El espíritu de la carta La primera encíclica de Robert Francis Prevost es una vindicación de principios de la doctrina social de la Iglesia católica ante el salto digital más vertiginoso del siglo XXI: la inteligencia artificial (IA)Frente a este escenario, reivindica los grandes principios de la doctrina social de la Iglesia: la dignidad inalienable de la persona, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social. Magnifica humanitas no es solo una encíclica sobre tecnología; es una vindicación de la doctrina social de la Iglesia católica ante el salto digital más vertiginoso del siglo XXI. Como encíclica social relativa a la IA, aborda la destrucción de empleo y la necesaria protección de los trabajadores, y alerta del riesgo de que el desarrollo de los pueblos menos favorecidos se encalle aún más.Es también una encíclica sobre paz, otra de las claves del pontificado de León XIV, que expresó también el día mismo de su elección desde el balcón de la basílica de san Pedro: “La paz de Cristo, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante”. Un año después, aplica la palabra ‘desarmar’ a la inteligencia artificial: “Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es solo militar sino económica y cognitiva. Es la carrera por el algoritmo más eficaz y por el banco de datos más amplio, para consolidar una ventaja geopolítica o comercial sobre todos los demás. Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano”.Y contra la preocupante rehabilitación en el discurso público de la guerra como un instrumento más de la política internacional, y el consiguiente crecimiento de una industria bélica que incluye cada vez más instrumentos de IA, el Papa avisa: “No existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable”.No es casualidad que la encíclica de León XIV, presentada en lunes de Pentecostés, esté firmada y fechada a 15 de mayo del 2026, día en que se cumplían 135 años de la firma de la Rerum novarum por su predecesor en el nombre. Magnifica humanitas es una encíclica social. Y no es casualidad que la solución que propone Robert Francis Prevost a la encrucijada de la IA sea precisamente la que practica Nehemías en el relato bíblico de la reconstrucción de los muros de Jerusalén, consistente en “edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”, una metáfora de la necesidad de que cuantos están implicados en las fuentes de la inteligencia artificial no olviden la dignidad del ser humano. La otra vía factible en este momento histórico sería levantar la IA como una nueva torre de Babel, un proyecto descomunal con orgullo y sin ética. Contra ese modelo advierte el Papa con todas sus fuerzas. Corresponsal en Alemania, Centroeuropa y países nórdicos desde 2014. Antes en Italia y Vaticano (2003-2009). Especialista en religión. Licenciada en Comunicación (UAB) y máster en Periodismo (beca Fulbright) en Columbia
‘Magnifica humanitas’ de León XIV, una encíclica social, por María-Paz López
La inteligencia artificial (IA) fascina y repele, atemoriza y seduce, y resulta, sobre todo, fundamentalmente misteriosa, razón última del miedo que inspira a una amplia mayoría. Ha desembarcado en nuestras vidas, y todo apunta a que su incidencia será determinante en el mundo...











