En medio del entusiasmo histérico por la inteligencia artificial la encíclica Magnifica Humanitas, publicada por León XIV, se laza como uno de los textos más sensatos que se han escrito sobre inteligencia artificial, trabajo, poder y dignidad humana. Un documento revolucionario que recuerda ideas elementales que se estaban evaporando del debate público.La primera de ellas precisa que una máquina no es una persona. La encíclica insiste una y otra vez en que las IA no piensan, no comprenden, no tienen conciencia moral, carecen de experiencia humana. Predicen patrones. Imitan lenguaje. Procesan datos. Nada más, y nada más lejos que los discursos que hablan de ellas como si fueran oráculos, terapeutas, amigos o sustitutos emocionales.León XIV sabe que el problema no radica solo en lo tecnológico. Aborda lo espiritual, los cultural y lo político. Delegamos ya demasiadas cosas en sistemas diseñados por empresas que se despreocupan de nuestro bienestar y juegan con nuestra dependencia. La encíclica se muestra especialmente dura con la concentración de poder tecnológico. Habla de datos, vigilancia, manipulación y monopolios con claridad y acierta de lleno al señalar que las IA, lejos de una mínima neutralidad, reflejan los intereses de quienes las diseñan, las financian y las controlan.Por eso resulta tan pertinente la referencia a Hannah Arendt. Arendt escribió sobre burócratas incapaces de pensar moralmente fuera de las órdenes recibidas, sustituidos hoy por algoritmos capaces de tomar decisiones masivas sin que nadie asuma la responsabilidad. También aparece, para deleite de sus lectores, Tolkien. El autor, fervoroso católico, advertía en su obra contra la obsesión por dominar el mundo hasta despojarlo de alma. Saruman no se encuentra tan lejos de cierta lógica contemporánea según la cual todo debe optimizarse: el trabajo, el sueño, la atención, el cuerpo, el deseo y, por supuesto, la creatividad.La encíclica no pide destruir la tecnología ni el regreso a las cavernas, sino la complicada tarea de gobernarla con ética, regulación y responsabilidad en un terreno donde demasiados actores llevan años actuando como si el progreso técnico justificara cualquier consecuencia social.Magnifica Humanitas devuelve la discusión a un terreno profundamente humano. ¿Qué no deberíamos convertir en producto? ¿Qué ocurre cuando la eficiencia se convierte en el valor supremo?¿Quién dictará las normas éticas? El futuro, nos recuerda, dependerá de aquello que nosotros decidamos negarles.
León XIV reivindica la humanidad frente al 'lobby' de la IA
La primera encíclica de León XIV, Magnifica Humanitas, no pide destruir la tecnología ni el regreso a las cavernas, sino la complicada tarea de gobernarla con ética, regulación y responsabilidad.










