Al igual que muchos inventos, la inteligencia artificial ha dado pie a una serie de especulaciones sobre el futuro después de tal innovación. Como siempre, han surgido versiones utopistas, que auguran un porvenir luminoso, pleno de prosperidad. Pero también previsiones distópicas, catastróficas y pesimistas; como siempre son estas las que prevalecen. Y, en este caso particular, parece que llevan amplia ventaja. Y es que otros inventos que cambiaron radicalmente la marcha del mundo, como el automóvil, el avión, la televisión e, incluso, la propia computadora, eran objetos sólidos, similares a otros ya existentes; la IA, en cambio, es virtual, intangible, lo que provoca desconfianza.En cualquier caso, muchos creen que el mundo que está emergiendo será radicalmente diferente al actual. Tanto que hay que diseñar nuevas formas de interpretación de la realidad y de convivencia política. Comienzan a surgir así constructos teóricos que cumplen esas funciones. Quienes los levantan tienen diversas tendencias y matices, pero los más consolidados se autodenominan “neorreaccionarios”. Se llaman así porque se supone que reaccionan contra las formas perversas que ha adoptado la democracia contemporánea, contra las causas del wokismo y contra “la catedral”, término ya analizado en esta columna, y que consiste en la trinidad burocracia-academia-prensa que dicen gobierna actualmente las sociedades.No se trata de un movimiento orgánico ni necesariamente congruente. En nuestro mencionado artículo hicimos una aproximación al pensamiento de Curtis Yarvin, que tras desarrollar el concepto de la catedral propone la instauración de un régimen corporativo autoritario. Pero hay otras propuestas y otros proponentes. Un caso insólito es el de la empresa Palantir Technologies, de desarrollo de software y sistemas de seguridad. Entre sus fundadores están el empresario Peter Thiel, el filósofo Alex Karp e In-Q-Tel, un fondo de la CIA dedicado a promover el desarrollo de nuevas tecnologías. El nivel de análisis de Karp, doctor en Teoría Social por la Universidad Goethe de Fráncfort, es superior, pero su pensamiento parece todavía en proceso, como lo demuestra el reciente Manifiesto de Palantir, cuya lectura nos deja con más preguntas que respuestas.Nunca hubo una versión oficial de tal manifiesto, que sería una recopilación de un hilo de la red social X. Parece más bien un registro de ideas botadas en una reunión tipo brain storm que una elaboración madura. Contiene 22 puntos, cuyo orden no se adivina, de distinto valor y tema. Hay varias tesis con las que se puede coincidir, por ejemplo, la necesidad de librarse de la “tiranía de las apps”; la urgencia de que las sociedades occidentales vayan más allá del software para defenderse o el hecho de que, pase lo que pase, alguien fabricará las armas de inteligencia artificial (IA) y vale más que sean países libres los que lo hagan y no los “malos”. Y hay que superar el dogma de que todas las culturas, por el mero hecho de ser tales, son beneficiosas. Pero hay otras premisas que no entusiasman. En todo caso, se constata que hemos pasado de una época de disuasión atómica a la de disuasión basada en IA y hay que prepararse para ello. (O)