Por Marina BanuetCuando pensamos en la salud, rara vez pensamos en el océano. Sin embargo, cada respiración depende en gran medida del oxígeno producido en el mar. El océano regula el clima, amortigua el calor extremo y sostiene economías enteras. Millones de personas obtienen del mar proteínas, vitaminas y minerales esenciales para una vida saludable. Aunque muchas personas viven lejos de la costa, su salud está profundamente conectada con la salud del mar. Hoy, esa relación enfrenta una amenaza creciente. El cambio climático está calentando los océanos a una velocidad sin precedentes. Las aguas más cálidas, la acidificación, la pérdida de oxígeno y los eventos extremos están alterando los ecosistemas marinos en todo el planeta. Las consecuencias no se limitan a la biodiversidad. Cuando cambian los océanos, también cambian los alimentos disponibles, los medios de vida de millones de familias y la seguridad alimentaria de comunidades enteras. Durante las últimas dos décadas, el concepto de Una Salud (One Health) ha ganado relevancia al reconocer que la salud humana, la salud animal y la salud ambiental están profundamente interconectadas. Sin embargo, a pesar de que el océano cubre más del 70% de la superficie del planeta y sustenta procesos esenciales para la vida, su papel ha permanecido relativamente ausente en muchas de estas discusiones. Es precisamente de esta necesidad que surge Una Salud Azul (One Blue Health), un concepto emergente que amplía la visión de Una Salud para incorporar explícitamente los ecosistemas marinos y costeros. One Blue Health reconoce que la salud de las personas, la salud de la vida marina y la salud de los océanos forman parte de un mismo sistema socioecológico. No se trata únicamente de proteger especies o conservar paisajes marinos; se trata de entender que el bienestar humano depende de océanos saludables y que las decisiones que tomamos en tierra tienen consecuencias directas sobre ambos. En México, esta conexión es particularmente visible en las comunidades pesqueras. En investigaciones realizadas junto con cooperativas pesqueras en Baja California, se documentó cómo los cambios en el océano ya están afectando la disponibilidad de alimentos, los ingresos familiares y las prácticas culturales asociadas al consumo de productos del mar. Los pescadores describieron temporadas cada vez más impredecibles, cambios en la distribución de especies y una creciente incertidumbre sobre el futuro de sus actividades. Sus testimonios muestran que el cambio climático no es un escenario lejano: ya está transformando la relación entre el océano, la alimentación y la salud. Pero nuestros hallazgos también muestran algo más: los productos marinos son mucho más que una mercancía. En muchas comunidades costeras representan una fuente fundamental de proteínas de alta calidad, micronutrientes esenciales y de seguridad alimentaria. Cuando disminuye el acceso a estos alimentos, las familias suelen recurrir a productos ultraprocesados más baratos y menos nutritivos, con posibles consecuencias para la salud a largo plazo. Así, la capacidad de adaptación de las comunidades depende no solo de factores económicos, sino también de mantener el acceso a recursos marinos que sostienen dietas saludables, identidades culturales y redes de apoyo comunitario. Asimismo, identificamos mecanismos de adaptación desarrollados localmente —como la diversificación de actividades productivas, la flexibilidad en las estrategias de pesca y el fortalecimiento de la organización comunitaria— que ayudan a reducir la vulnerabilidad frente a los cambios ambientales y alimentarios. Estas lecciones son especialmente relevantes en un contexto de cambio climático. Con frecuencia pensamos en la adaptación como una cuestión de infraestructura o tecnología, pero las comunidades costeras nos recuerdan que también implica proteger sistemas alimentarios sostenibles y fortalecer la capacidad de las personas para responder a la incertidumbre. Desde la perspectiva de One Blue Health, conservar ecosistemas marinos saludables no solo beneficia a la biodiversidad; también contribuye a la nutrición, la seguridad alimentaria y el bienestar de millones de personas. En este Día Mundial de los Océanos, necesitamos cambiar la pregunta. No deberíamos preguntarnos únicamente cómo salvar al océano. Deberíamos preguntarnos cómo construir un futuro en el que océanos saludables sostengan comunidades saludables, y viceversa. Desde las cooperativas pesqueras en las hermosas costas de México hasta las grandes ciudades del país, todos dependemos del mismo océano. Entender esa conexión puede ser una de las herramientas más poderosas para enfrentar el cambio climático y construir un futuro más justo, resiliente y saludable para México y el mundo. Doctora en Epidemiología e investigadora en la intersección entre el clima, los océanos y la salud. Fundadora de One Blue Health.