1. De Fausto, fáustico

Lo de fáustica viene por lo de Fausto, personaje goethiano de la tradición literaria alemana y que vendió su “alma” a Mefistófeles para conseguir el amor de Margarita, conocimientos y otras prebendas derivadas de tal rendición. Y me preguntaba en qué medida la analogía de Fausto puede servir para describir el comportamiento de estos políticos, los Faustino, que venden su “alma”, es decir, lo que consideran más sagrado de sí mismos -pensamiento, principios, ideología, ética, incluso, partido, sindicato, empresa, familia y amigos-, a cambio de obtener éxito material, dinero, popularidad y poder.

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Por descontado que el Mefistófeles actual no se corresponde con el personaje imaginario que nos ha transmitido la literatura y la teología amedrentadora de las religiones. Ni el Diablo es Cojuelo, ni viste en Armani de rojo, ni tiene rabo ni cuernos, ni, por supuesto, huele a azufre ni a ningún elemento químico descubierto últimamente. Ni siquiera se llama Lucifer, Satanás, ni, por supuesto, Mefisto o Mefistófeles. Ahora se llama Mercado, Establishment, Economía, Sistema Neocapitalista, el 1%, y, si se nos apura, Trump.