La política argumentativa se desvanece detrás de esa presunción de que el ciudadano no es más que un saco de pasiones

¿Creen ustedes que parte de los que dicen votar por Vox dejará de hacerlo porque el PP, la única alternativa disponible en ese ámbito político, recoja algunas de sus propuestas? Así parecen pensarlo tanto Feijóo como Ayuso. En el primero lo vimos en su cambio sobre la política migratoria;

-link-track-dtm="">en la presidenta de Madrid en su giro sobre el aborto. Esa misma estrategia fue seguida por la mayoría de los partidos de la derecha tradicional conservadora de Europa y solo consiguieron hundirse más en el fango, hacer más fuerte a la ultraderecha. No parece, pues, que sea la decisión más inteligente. Tampoco el intensificar la crispación retórica frente al Gobierno. Cuanto mayor sea el intento por aproximarse a ellos, a Vox, menor será el beneficio electoral.

No es fácil explicar la causa última del auge de los nacionalpopulismos, pero hay algo que sí resulta evidente, asumir algunas de sus propuestas equivale a darles la razón, y en ese caso, ¿por qué no apoyar a quien realmente cree en ellas y no a quien las adopta por tacticismo? Por otro lado, el voto a partidos como Vox se explica en gran parte por su carácter de partidos antisistema, ávidos por aprovecharse del desprestigio de los partidos tradicionales. Si esto es así, el esfuerzo debería dirigirse a enmendar las causas que lo provocan, no a otorgarles el más mínimo crédito. Por tanto, menos postureo guerra-culturalista y más nuevas ideas dirigidas a solventar problemas; menos antifeminismo y más y mejores planes de vivienda, por ejemplo. Y, por último, la disputa electoral no se juega solo en el frente de la derecha, sino entre frentes. Si el PP extiende en exceso la manta hacia la derecha dejará desguarecido el centro.