El presidencialismo del secretario general del PSOE fue un día su mayor fortaleza, pero ahora puede convertirse en un lastre para los socialistas

Se especula en Madrid con que la soledad de Pedro Sánchez en 2016 es lo que pudo propiciar que se acercaran los chicos del Peugeot, tras romper con el corazón de Ferraz. La Justicia determinará finalmente el destino de sus excolaboradores, pero la realidad es que el presidencialismo de Sánchez siempre se había considerado su mayor baza política y ahora corre el riesgo de volverse el mayor inconveniente ...

para el PSOE a futuro.

Cabe recordar que un perfil tan irredento como el del líder socialista fue necesario en su momento para salvar al partido. Mediante el “no es no” a Mariano Rajoy rompió con dos ideas impensables hasta entonces para el socialismo español. De un lado, que el bipartidismo pudiera llegar a entenderse con otros partidos que no fueran los de “Estado” o el nacionalismo moderado. Del otro, que ser promocionado por el aparato fuera la única forma de llegar a gobernar España. Por ello, es honesto reconocer que, sin el carácter outsider de Sánchez y su negativa a pactar con el Partido Popular, hoy nuestro país sería distinto. Podemos seguramente habría destrozado a un partido centenario. Y sin la amnistía o los indultos, el independentismo no habría acabado destronando en las urnas a ERC y Junts; muchos catalanes seguirían anclados en el agravio de una España “opresora”.