Pekín (EFE).- Inasequible al desaliento, el empresario Liang Shi se presenta este año a la selectividad china por trigésima vez, convertido a sus 59 años en un símbolo de perseverancia pero también en blanco de las críticas de quienes ven en su caso un intento de atraer atención pública.

«Estoy seguro de que lo voy a conseguir tarde o temprano», declaró a EFE Liang, a quien no le pesan los tropiezos pasados. «Si me quedo atrapado pensando en los fracasos anteriores, no voy a poder avanzar, así que creo que lo mejor es dejar atrás los malos recuerdos. Estoy bastante estable emocionalmente», aseguró.

El durísimo examen de acceso a la universidad en China, llamado ‘gaokao’, paraliza cada año un país en el que ser admitido en una universidad de prestigio supone un trampolín social tanto para el estudiante como para su familia.

Cansancio y soledad

Liang, natural de la provincia de Sichuan, en el centro de China, será -de nuevo- uno de los casi trece millones de aspirantes que este domingo se enfrentan a una prueba cuya preparación, según el empresario, resulta «dura», marcada por el cansancio, la soledad y la irritación.