Antoni Gaudí i Cornet revolucionó por completo la forma de concebir y entender la arquitectura. Con las curvas, los colores y los diseños imposibles que imaginó, creó un estilo modernista propio y reconocible en todo el mundo. Sus obras, inspiradas en la naturaleza y la espiritualidad, son admiradas por millones de personas que viajan desde todos los rincones del planeta para contemplarlas de cerca, recorrer sus espacios y sumergirse en el universo creativo ideado por Gaudí. La mayoría de ellas, ubicadas en Barcelona, se han convertido en símbolos de la ciudad, como La Pedrera o el Park Güell. Sin embargo, su arquitectura no se limitó únicamente a la capital catalana, ya que el genio levantó numerosos edificios fuera de Catalunya, creando una red de obras gaudinianas única.Nacido el 25 de junio de 1852 en Reus (Tarragona), Gaudí creció en una familia cuyo padre era calderero de Riudoms. Desde muy joven recibió una formación marcada por la religión y el humanismo, donde mostró sus primeras dotes creativas y un interés especial por la naturaleza. Allí sentó las bases de lo que acabaría siendo su estilo propio, sustentado en la geometría y en recursos técnicos como el 'trencadís'. Esta técnica está basada en el revestimiento de estructuras con trozos irregulares de azulejos que conforman un mosaico para plasmar una imagen abstracta. Gaudí fue el gran referente de esta técnica, que se ha convertido también en insignia y estilo propio del arte catalán.En 1868 se trasladó a Barcelona y, en 1873, ingresó en la Escuela Provincial de Arquitectura. Un año después comenzó a trabajar para Josep Fontseré en la urbanización del parque de la Ciutadella. Allí diseñó elementos de la cascada y parte de las verjas del recinto. Tras licenciarse, creó dos modelos de farolas de gas para el Ayuntamiento de Barcelona, que todavía hoy pueden verse en la plaza Reial y en el Passeig de Joan de Borbó. Estos elementos urbanos ya dejaban entrever el talento y la creatividad de Gaudí, con detalles tan especiales como el casco alado de Mercurio. El genio situó esta figura del dios del comercio en la mitología romana porque los enclaves donde se encuentran eran puntos donde históricamente había establecimientos en los que la gentge compraba.Las primeras obras para la burguesía catalanaA partir de entonces comenzó a recibir encargos de la burguesía catalana y, posteriormente, de la Iglesia. "Para hacer las cosas bien es necesario: primero, el amor; segundo, la técnica", decía Gaudí. Su obra, alejada de lo convencional, mostraba multitud de detalles propios de un creador que buscaba plasmar cada idea surgida de su ingenio. Su estilo, enmarcado dentro del modernismo catalán, se basaba en el juego de colores y luces para mostrar aquello que quería transmitir y crear edificios funcionales y cómodos para sus habitantes.Por ejemplo, en la Casa Vicens —cuyo diseño inició en 1883—, la primera gran obra de Gaudí, exploró distintas soluciones para convertirla en una residencia estival donde la familia de Manuel Vicens i Montaner pudiera refugiarse del calor. Para ello levantó muros gruesos e incorporó una cascada que ayudaba a refrescar el inmueble. Todo ello acompañado de colores vivos y pinturas de pájaros y flores, un sello característico del universo gaudiniano.En sus primeras obras también se aprecia la influencia del estilo mudéjar, que fusiona la geometría con elementos de la arquitectura islámica, y que acaba fusionando en el estilo modernista, insignia de Gaudí. En 1883 también recibió el encargo de continuar las obras de la Sagrada Familia. La basílica había sido iniciada un año antes por Francisco de Paula del Villar con un estilo neogótico que Gaudí acabaría transformando para impregnarlo de su característico juego de formas inspiradas en la naturaleza. Sin embargo, esa evolución llegaría plenamente años después, cuando se dedicó exclusivamente al templo en la etapa final de su carrera.A finales del siglo XIX y principios del XX, la arquitectura mundial giraba hacia los grandes rascacielos de hormigón que comenzaban a levantarse en ciudades como Nueva York o Chicago. Mientras tanto, Gaudí desarrollaba en Barcelona diseños únicos como la Casa Milà, popularmente conocida como La Pedrera. Su inconfundible fachada ondulante de piedra —coronada con inscripciones del Ave María en latín— se ha convertido en una de las imágenes más icónicas del Passeig de Gràcia, donde miles de personas se fotografían cada día. Además, el arquitecto transformó la azotea y la buhardilla en un espacio funcional, convirtiéndolo en una auténtica obra de arte al aire libre en la que predominan formas ondulantes y chimeneas que recuerdan a rostros humanos o guerreros de piedra. También en esta emblemática avenida barcelonesa se encuentra la Casa Batlló, que Gaudí reformó por completo y en cuya fachada plasmó un espectacular 'trencadís' que todavía hoy se conserva. La torre del edificio está coronada por una cruz de cuatro brazos que evoca el puño de una espada clavada en el lomo de un dragón —el tejado son las escamas de este animal mitológico—, como cuenta la leyenda de Sant Jordi. Precisamente, la leyenda cuenta que, cuando Sant Jordi hundió su espada en este ser mitológico, de su sangre creció una rosa. En la Diada de la festividad que lleva el mismo nombre, el edificio se engalana con estas flores para celebrarlo. Mas al norte, vigilante sobre la ciudad, se alza el Park Güell, uno de los espacios más visitados de Barcelona. Este recinto de unas 15 hectáreas fue concebido originalmente como una ciudad jardín. El espacio, pensado para familias acomodadas de la época, se eleva sobre la falda de Collserola, lo que obligó a Gaudí a trabajar con los desniveles del terreno para crear un parque repleto de escaleras, caminos y senderos integrados en el paisaje. Uno de sus elementos más reconocibles es el banco ondulante revestido de 'trencadís'; otro, la escalinata principal presidida por la popular salamandra de mosaico situada bajo la 'senyera' de Catalunya. Todo ello refleja la obsesión de Gaudí por cuidar hasta el último detalle y por incorporar a sus obras elementos vinculados a su vida y a su identidad cultural. Pero no todas las obras del genio catalán son tan reconocibles y, en varios enclaves, dejó su huella escondida pero fácilmente identificable. Uno de los primeros edificios desconocidos del arquitecto son los Pabellones de la Finca Güell (1884-1887), un recinto propiedad de la Universidad de Barcelona (UB) ubicado en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi. Este fue el primer trabajo de envergadura que Gaudí realizó para su gran mecenas, Eusebi Güell, y está formado por tres elementos: la puerta de carruajes, la casa del portero y las caballerizas. El elemento más destacado de los Pabellones es la espectacular reja de hierro forjado en forma de dragón de la puerta de carruajes.La obra de Gaudí fuera de CatalunyaEn paralelo a sus proyectos en Barcelona, Gaudí comenzó a ganar notoriedad internacional tras una exposición dedicada a su obra celebrada en París en 1910. También contribuyeron a ello sus edificios levantados fuera de Catalunya. Uno de los más destacados es El Capricho, en Comillas (Cantabria), cuya combinación de colores verdes y rojos lo convirtió en uno de los inmuebles más singulares de España. Otro ejemplo es la Casa de los Botines, en León, donde incorporó una imagen de Sant Jordi venciendo al dragón. Aunque esta obra no es una de las más representativas de su estilo, sí evidencia ese cuidado extremo por el detalle y la incorporación de elementos simbólicos únicos.A partir de 1914, Gaudí se dedicó exclusivamente a la construcción de la Sagrada Familia, donde incluso llegó a instalarse en 1925. La basílica representa la culminación de su legado artístico y espiritual, ya que en ella plasmó todas las ideas y recursos arquitectónicos que había desarrollado a lo largo de su vida. Meses después de trasladarse al taller del templo, fue atropellado por un tranvía en la Gran Vía de Barcelona mientras se dirigía a misa, una rutina diaria que evidenciaba la profunda importancia de la fe tanto en su vida personal como en su obra.Muerte y legado del 'gran' genioTres días después, el 10 de junio de 1926 -el mismo día en que el papa León XIV hará la misma en conmemoración del centenario de la muerte de Gaudí e inaugurará la Torre de Jesús-, fallecía en el Hospital de Santa Creu de Barcelona, con 72 años y su gran obra inacabada. Los restos del arquitecto fueron trasladados a la cripta de la Sagrada Familia, donde perduran hasta hoy mismo, tras una numerosa comitiva encabezada por el alcalde de Barcelona, Darius Rumeu, que recorrió las calles de la ciudad con el féretro del arquitecto.Cien años después de la pérdida del genio gaudiniano, su legado perdura hoy en día y muestra cómo la creatividad y libertad pueden convivir en grandes edificaciones. Su estilo modernista y propio, forjado por su interés en plasmar ámbitos de la naturaleza y recreaciones del catolicismo, ha servido de inspiración a miles de arquitectos y ha levantado la admiración de millones de personas, que quedan perplejas ante la belleza, los colores y el juego de iluminación que creó con el 'trencadís' y las vidrieras que hay en sus edificios, siete de ellos formando parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.Por ejemplo, la Sagrada Familia recibe cerca de 5 millones de visitantes, mientras que la Casa Batlló, 1,9 millones y La Pedrera más de un millón. La gran cantidad de visitantes en sus obras también ha generado un debate en el plano político. El gobierno municipal dio un nuevo paso para que los turistas que visitan el Park Güell no eludan el pago de la entrada (de 18 euros) y no se cuelen en las franjas horarias reservadas para los vecinos. Un paso que al mismo tiempo tiene que servir para que los barceloneses puedan disfrutar de su parque. En 2025, entraron al parque 4,3 millones de personas.El estilo de Gaudí, plasmado por todo el mundoLas obras arquitectónicas de Gaudí han servido a las generaciones de después, que se han inspirado en este estilo único del artista catalán para confeccionar sus propios edificios por todo el planeta. Pese a que ningún otro arquitecto ha buscado imitar al genio, sí que se ha reflejado su admiración hacia la naturaleza en muchas otras obras, como en la Casa de la Cascada, en Pensilvania (Estados Unidos), donde Frank Lloyd Wright incorpora el agua en la vivienda. También en la torre Einstein de Potsdam, confeccionada por Eric Mendelsohn, caracterizada por una geometría y formas únicas que recuerdan a Gaudí. En España también existen muestras de ello. Las Bodegas Ysios, diseñadas por Santiago Calatrava, replican el techo de las escuelas de Gaudí de la Sagrada Familia. Sin embargo, en vez de utilizar elementos cerámicos, Calatrava empleó en el complejo ubicado en Laguardia aluminio sobre la bodega. En Barcelona, por ejemplo, está la Torre Glòries, donde el francés Jean Nouvel reconoce que la intención de elevar un edificio en este punto de la ciudad coincide con la de la Sagrada Familia. Asimismo, la influencia de Gaudí puede apreciarse en los paneles plásticos de la fachada de la antigua Banca Catalana, proyectada por Enric Tous y Josep Maria Fargas.