Estoy escribiendo un libro sobre Nietzsche. “¡Pero si ya hay muchos!”, me replica una colega. “Sí, pero este va a ser desde mi punto de vista”, le aclaro. “Desde luego, ¡no va a ser el del vecino!”, responde ella. Porque dije una obviedad. Como tantas veces hacemos, sin darnos cuenta. Inma Sainz de Baranda/ArchivoEl lenguaje es muy difícil de manejar bien. Voy al grano: ¿es otra obviedad la expresión prioridad nacional, ahora en boca de la extrema derecha española? Piensa aplicarla en los servicios públicos frente a la inmigración. Pero, a primera vista, eso es obvio: ¿hay algo en la política de una nación que no sea de prioridad nacional? ¡No va a ser de prioridad extranjera! Hasta el más conspicuo cosmopolita o internacionalista tiene lógicamente que admitir que ser eso en su país, en su nación, es también, cómo no, una prioridad nacional.El adjetivo 'nacional': mejor ajustarlo a tiempo y formaLa cosa es, pues, tan obvia, que lleva a pensar en lo que pueda haber detrás de la expresión prioridad nacional. En política ninguna palabra dice exactamente lo que dice. De la misma manera que las promesas, como decía un político de la transición, están para quien se las cree, las palabras, en general, son para quien se las cree.Lo que puede estar diciendo prioridad nacional sería “prioridad de los nacionales”. Es decir, de los que no son extranjeros ni inmigrantes. Si en un país se habla de los que son nacionales y de los que no lo son, se hace más que constatar una realidad civil y legal: se abre una brecha política y moral entre ellos y nosotros, entre los de fuera y los de aquí. Si esta divisoria mental cala en la sociedad, los no nacionales serán discriminados. Para empezar, en sus derechos civiles –asilo, regularización, residencia, nacionalidad–, en sus derechos laborales y en el acceso a servicios esenciales como la vivienda, la salud y la educación. El racismo de Estado siempre está en Europa a la vuelta de la esquina. Las palabras, en política, pueden venir con celofán y lacitos, pero poco o mucho vendrán cargadas por el diablo.Ojalá no llegue el día en que se acabe hablando también de un imperativo nacional. Ni aquel en que se vuelvan a utilizar las siglas G.M.N. El Glorioso Movimiento Nacional, que una multitud simplemente desconoce y algunas cabezas de pólvora y serrín admiran, a la vista, generada por IA, de héroes y heroínas de uniforme blasonado con flechas. El adjetivo nacional: mejor ajustarlo a tiempo y forma. Por si se abusa de él, no expulsar otra vez a cientos de miles de moriscos.
La prioridad nacional, por Norbert Bilbeny
Estoy escribiendo un libro sobre Nietzsche. “¡Pero si ya hay muchos!”, me replica una colega. “Sí, pero este va a ser desde mi punto de vista”, le aclaro. “Desde luego, ¡no va a ser el del vecino!”, responde ella. Porque dije una obviedad. Como tantas veces hacemos, sin darnos...











