Tengo un conocido, mayor que yo, que dice que a él las opiniones de los demás ya no le afectan, con la excepción de las de los médicos. Yo todavía no he llegado a este envidiable grado de indiferencia, pero confieso que, cuando cojo este diario, leo cada día con más atención los artículos firmados por Josep Corbella, el responsable de ciencia y salud de la casa. Y lo hago, sobre todo, porque últimamente no nos da más que buenas noticias.Revolution MedicinesEs sabido, pero vale la pena recordarlo de vez en cuando: las novedades positivas no reciben casi nunca la atención que merecen. Hay tanto ruido que es difícil que nos lleguen con nitidez. Ahora mismo, entre la guerra de Irán que se acaba pero no se acaba, las tonterías de Trump para acaparar la atención (solo le falta colgar en la red una foto suya desnudo, con una hoja de parra, en una portada fake de Playboy hecha con inteligencia artificial), los intentos de limpieza étnica en Gaza y Cisjordania y los sumarios que están convirtiendo la política española en un lodazal, si nos despistamos, se nos pueden pasar unos adelantos capaces de cambiarnos literalmente la vida.En el último mes y medio, se han dado a conocer tres muy esperanzadores, los tres en el terreno de la medicina, que es una rama de la ciencia que no suscita las reservas que provocan los avances en otros campos, como el de la inteligencia artificial, de la que cada día que pasa nos fiamos menos. De los tres ha informado en las páginas de este diario Josep Corbella, con el rigor habitual.El primero es un medicamento que dicen que puede duplicar la supervivencia y mejorar la calidad de vida de los pacientes de cáncer de páncreas. Es una terapia dirigida contra unas proteínas que, por lo visto, son el motor de la mayoría de los casos de esa enfermedad. Este medicamento, que han bautizado con un nombre que parece un trabalenguas(daraxonrasib), se toma por vía oral una vez al día, tiene muchos menos efectos secundarios que la quimioterapia y, cuando las autoridades sanitarias lo aprueben, lo que se espera que ocurra muy pronto, marcará un antes y un después en el tratamiento de este tipo de cáncer, que hoy es uno de los más letales.El segundo es otro medicamento que, con una sola dosis, reduce de forma drástica el colesterol. Este fármaco bloquea la producción por parte del hígado de una enzima que favorece su alto nivel. Actúa alterando el ADN y, cuando lo aprueben y empiecen a recetarlo, parece que evitará a muchos pacientes –entre ellos al que firma estas líneas, hélas – la enojosa obligación de tomar una pastilla diaria para evitar las complicaciones que la acumulación de colesterol en las arterias puede provocar.El tercer adelanto es una combinación de medicamentos que mejora substancialmente el tratamiento del cáncer de próstata más agresivo. Son unos fármacos que al parecer ya están aprobados y pueden administrarse hoy mismo a los pacientes, y detienen la progresión de la enfermedad durante años incluso cuando hay metástasis.Parece que todo anda de mal en peor, pero el goteo de adelantos en el campo de la medicina es continuoYo no soy ningún experto en estas cosas. Leo las noticias de la sección de salud de este periódico con la fe de un profano, una fe de proporciones tan considerables como mi ignorancia. No sé muy bien de qué se trata cuando hablan de enzimas, de una terapia de ARN o de colesterol LDL. Mi interés es, simplemente, el de un beneficiario potencial de estos bienaventurados progresos de la medicina –con la esperanza, toco madera, de no tener que tomar nunca ninguno de estos medicamentos–. Por tanto, no tengo autoridad para valorarlos. Pero nadie puede negarme el derecho a saludarlos con alegría.Quien diga que el de la guerra es el único terreno en el que el progreso de la humanidad es innegable, con los drones que nos están descubriendo nuevas formas de matarnos cada vez más temibles y eficaces, se equivoca. Cuando abrimos el periódico, parece que todo anda de mal en peor. Pero el goteo de buenas noticias en el campo de la medicina es constante.Si los adelantos continúan al ritmo de las últimas semanas, puede que vivamos más tiempo de lo que pensamos a pesar de los escándalos, los conflictos armados y las chapuzas y enredos de los políticos de casa y de fuera, sobre todo si Josep Corbella nos anuncia un día de estos que alguien, en algún lugar, ha descubierto un medicamento contra los disgustos que unos y otros se empeñan en darnos. Quién sabe, quizá viviremos tantos años que el sistema de pensiones colapsará y, a los cien años, cuando llevemos treinta jubilados, tendremos que volver a buscar trabajo para llenar la nevera de casa.La buena noticia –otra más– es que cada día hay más facilidades para la jubilación activa, de modo que, si alguna vez llega ese día fatídico, no nos van a faltar ventajas e incentivos fiscales para combinar el trabajo y lo que nos quede de pensión. Eso sí, será necesario que sepamos hacer algo que ninguna máquina haga mejor que nosotros y que no nos exija recordar demasiadas contraseñas ni tener una gran pericia digital, lo que, tal como pinta el panorama, puede ser complicado.
No todo son malas noticias, por Carles Casajuana
Tengo un conocido, mayor que yo, que dice que a él las opiniones de los demás ya no le afectan, con la excepción de las de los médicos. Yo todavía no he llegado a este envidiable grado de indiferencia, pero confieso que, cuando cojo este diario, leo cada día con más atención los...






