Actualizado 07/06/2026 - 13:56h.

¡Bienvenido a España!¡Bienvenido a Madrid! Como a cualquier católico, me gustaría poder darle un abrazo de bienvenida, pero ni el protocolo ni las circunstancias me lo van a permitir. Así que intentaré transmitirle en unas breves palabras todo lo que escondería ese gesto. Estoy seguro de que el calor del abrazo podrá sentirlo en la mirada de las miles de personas que saldrán a su encuentro.

No llega a nuestro país en su mejor momento político ni social y, desgraciadamente, la radicalización de las diferentes ideologías a nivel mundial nos está llevando a una confrontación cada vez mayor. A la vez que percibimos un auge del cristianismo, aumenta también una oposición violenta hacia el mismo. Los católicos madrileños acudimos a su encuentro como un niño asustado por el ruido que busca los brazos de sus padres, sabiendo que en ellos va a encontrar resguardo.

En su caso, como sucesor de Pedro, nos sentimos protegidos en la defensa de la Verdad. Esa Verdad que a veces incomoda, que permanece inalterada, que no se deja llevar por modas o por intereses, pero que es siempre salvadora y protectora de la dignidad individual de cada ser humano. Su visita nos reconforta en estos tiempos complejos y nos anima a salir de nuestras parroquias para reencontrarnos con una amplia sociedad que busca a Cristo. Este no es un abrazo solo de bienvenida, lleno de cariño y de amor. Es un abrazo de esperanza, de aquellos que sabemos que por muy convulso o por muy agitado que esté el mundo, en la Iglesia siempre encontramos la paz que necesitamos. Que en sus brazos no hay lugar para el miedo y que en sus palabras encontramos la corrección de un padre, el consuelo de una madre y el consejo de un amigo. ¡Bienvenido! Rezamos por los frutos de este viaje.