Madrid es grande. Tan grande como el Santiago Bernabéu, que evoca a un coliseo, que cuando ruge parece que temblara el mismísimo manto terrestre. Pero Madrid tiene también ese duende que hace que el cura que me entrevistó para poder casarme por la Iglesia sea el que ha recibido al Papa en su monumental entrada en el estadio. Ignacio Ozores, el cura más joven de Madrid (apenas 27 añitos), es uno de los compositores e intérpretes de 'Petrus', el himno con el que se ha dado la bienvenida al santo padre. Por algo Madrid es un sitio de encuentro, como el pontífice se ha empeñado en recordar en cada paso que ha dado por la capital de España. El Papa ha sido el primer hombre vestido de blanco que ha levantado una copa este año en el Bernabéu, y su nombre ha sido coreado con más ímpetu incluso que el de Juanito maravilla. A León XIV le sienta bien el estadio madridista, quizá porque, como declaró en el avión a su llegada a Madrid: "El Papa es de todos los equipos, pero Robert Prevost es del Real Madrid". Más de 70.000 personas han abarrotado las gradas del estadio. El blanco de las camisetas fue sustituido por el de las sotanas y el solideo del Papa. Desde los mismos laterales en los que se alabó a la saeta rubia (Alfredo Di Stéfano) o a otro santo (san Iker Casillas), se vitoreaba al sumo pontífice: "¡Oé, oé, oé, oé, León, León!". La Virgen de la Almudena y el Cristo de Medinaceli han procesionado por la catedral blanca, que también ha acogido la música de Íñigo Quintero y David Bustamante y al cómico Santi Rodríguez, que ha sido el telonero del sumo pontífice y al que los presentadores Christian Gálvez y Patricia Pardo han tenido que callar porque seguía contando chistes con el Papa a punto de saltar al campo (Spain is different). León XIV no ha sido el fichaje estrella de Florentino Pérez, que ha asistido al acto, pero se le ha aplaudido mucho más. Ha dado un paseo en un cochecito de golf por el círculo central del campo, saludando a los feligreses con silla sobre el césped. Mientras saludaba y bendecía a más bebés, sonaba el himno de la visita papal, 'Alzad la mirada', interpretado por Daniel Diges, Bustamante y Diana Navarro. El pontífice ha aguardado de pie una ovación que hacía tiempo no se escuchaba en el barrio de Chamartín. El estadio Santiago Bernabéu durante el acto del Papa León XIV. (Sergio Beleña/El Confidencial) El Papa ha comenzado su discurso reconociendo que "hacer un gol en este estadio marca la vida", pero que "hoy la Iglesia ha hecho un golazo para siempre". Sus palabras han tenido dos ejes: la ciudad como núcleo de encuentro entre distintos y la necesidad de unir a la curia y a una comunidad diocesana que tiende a encapsularse. La diversidad ha impregnado todo el acto. El santo padre ha escuchado testimonios como el de Jesús Moure, padre de dos hijos con discapacidad que en los momentos de dificultad se ha apoyado "en la familia" y en la "Iglesia". Jorge Barco y Liliana Torres, un matrimonio peruano con 29 años de casados, han relatado cómo llegaron a España hace 4 años para darle a su hija un lugar "más seguro para vivir". Han manifestado que llegaron con temor "por las historias" que habían escuchado sobre "el racismo y discriminación". "Sin embargo, nuestra experiencia fue completamente distinta... España nos acogió con los brazos abiertos", han asegurado. León XIV también pudo escuchar cómo suena un gol (más bien varios) en el Bernabéu. En una extraña performance en el centro del campo, un grupo de cuatro jóvenes metía goles por el equipo de "la parroquia" mientras narraba las jugadas un imitador de Manolo Lama. El sonido de la megafonía no era muy limpio, y cabe preguntarse si el Papa entendía algo o por unos instantes creía estar en Matrix o en una galaxia muy, muy lejana. Diocesianos en el Bernabéu. (Sergio Beleña/El Confidencial) Otra de las voces que han sonado frente a León XIV es la de Álvaro, que a sus 32 años se bautizó, confirmó y tomó su primera comunión. Toda su vida llevó "un camino totalmente ajeno a Dios". "Siempre me identifiqué como ateo... Pero llegó un momento de mi vida en el que empecé a plantearme cuál era el sentido de las cosas, me sentía vacío… ¿por qué estamos aquí en este mundo? Me di cuenta de que no tenía respuestas, empezó a surgir algo dentro de mí que sabía que le faltaba algo, y buscaba más". Álvaro se sumergió en una antigua Biblia que usaba en clase de religión en el colegio y que estaba guardada en casa de su madre. Fue allí donde conoció a "Jesús": "Conforme iba aprendiendo más sobre Jesús, fui perdiendo el miedo, sentir su amor me cambió, y empecé a considerarme cristiano". El Papa se ha referido a Madrid como prototipo de "una gran ciudad donde conviven tradiciones y almas diferentes. Dios conoce uno a uno a los corazones de sus habitantes. Los conoce como solo Él sabe y puede hacerlo, es decir, en el amor y, por tanto, en la libertad”. Ha recurrido al libro bíblico de Jonás para resaltar que la predicación de la palabra empezó, precisamente, en las ciudades: "No es fortuito que fuera precisamente en las ciudades donde los apóstoles implantaron la Iglesia naciente, encontrándose no solo con el rechazo, sino también con la acogida allí donde, de forma más natural, las personas se enfrentan a la diversidad y el cambio". Mientras el pontífice pronunciaba su discurso, una coreografía de abanicos rodeaba el estadio. El calor apretaba en la capital: 32 grados marcaba el termómetro cuando el santo padre atravesaba las puertas del estadio, lo cual no ha evitado que la implicación del público fuera incluso superior a la de la grada de animación que canta con ímpetu en los partidos del equipo de Chamartín. Asistentes grabando el acto. (Sergio Beleña/El Confidencial) León XIV ha dirigido su mensaje en el Bernabéu a las diócesis, al mundo eclesial. Ha llamado a la unidad de una curia que tiende a vivir hacia dentro. Uno es agustino, otro marista, aquel salesiano... y se tiende a perder la mirada al objetivo común: "Es importante no dispersarnos ni encerrarnos cada uno en el grupo o en el entorno en el que ya nos sentimos seguros, entre personas que siempre cantan la misma melodía. Para llegar al corazón de la ciudad hay que cultivar la conciencia de que la verdad es sinfónica y siempre nos supera". Las banderas de España han estado presentes en numerosos palcos. Los agustinos, miembros de la misma orden religiosa que el Papa, han sido los más escandalosos Cualquier mención a san Agustín o a la orden era secundada por los gritos de los correligionarios del heredero de san Pedro, voces que retumbaban como un gol de Mbappé o un estribillo de Bad Bunny. Foto: Sergio Beleña/El Confidencial. En este llamamiento al encuentro, a alzar la mirada para acercarse al otro, ha recurrido una vez más a su encíclica, Magnifica Humanitas, para apelar a la unidad de los pueblos: “He propuesto, como alternativa a la homologación y confusión, la figura de Nehemías, que involucra a toda la comunidad para reconstruir los muros de Jerusalén. Hoy, reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad”. También ha alertado a los sacerdotes y laicos de que cuando “reducimos la vida eclesial a una rutina en la que cada uno permanece encerrado en sus hábitos y en su papel, lo que nos falta es el Espíritu". El Papa ha pedido que no falte la alegría en la vida religiosa, subrayando al respecto que los apóstoles “en sus escritos” a menudo invitan “a las iglesias a la alegría, recomendándola casi como un mandamiento". León XIV ha salido por la puerta grande, esa misma que en su día atravesaron los profetas de una liturgia distinta, la del fútbol. En su sonrisa discreta y acogedora, como de busto del Partenón, se dibuja el mensaje final del pontífice antes de partir a Barcelona: "La bondad de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos... El amor es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa”. Y por eso desde Madrid se llega al cielo, que es la casa de todos, o lo será algún día. Si Dios quiere.
León XIV llena el Bernabéu para apoyar la diversidad de un "gran Madrid de almas diferentes"
El Papa ha sido recibido por un rugiente estadio de 70.000 personas. "La Iglesia ha hecho un golazo para siempre", ha manifestado como resumen de su paso por la capital de España










