El papa León XIV ha aparecido a las 19.24 desde la esquina sureste del estadio Santiago Bernabéu ante los más de 70.000 asistentes, miembros de la comunidad diocesana de Madrid. Desde allí, el Pontífice, que iba acompañado de varios cardenales y personal de seguridad, se ha subido en una suerte de pequeño papamóvil, parecido a un coche de golf, y ha rodeado el terreno de juego como un torero que acabara de rematar la faena. El recorrido se ha alargado durante seis minutos en los que no han dejado de sonar ni por un segundo aplausos, vítores y la música de una orquesta que ha ambientado el acto más festivo del viaje del líder de los católicos a la capital de España. “Yo supongo que para un jugador de fútbol hacer un gol en este estadio es algo que les marca la vida, pero hoy la Iglesia de Madrid en este estadio ha hecho un golazo para siempre”, ha improvisado León XIV justo antes del acto, en el que ha hablado en todo momento en español. La frase, que no estaba preparada, ha provocado una reacción natural en el público: cantar gol a pleno pulmón como si de verdad se hubiera anotado un tanto. El grito ha sido tan fuerte que se ha escuchado desde la calle.El acto ha incluido momentos de todo tipo, desde un espectáculo de trucos con cartas del mago Jorge Blas, hasta el cierre con David Bustamante cantando el himno de la alegría. Uno de los instantes más inesperados ha sido la intervención de los comentaristas deportivos Manolo Lama y Paco González narrando un supuesto partido de fútbol en el que la Iglesia le marcaba goles a “la soledad”.En su discurso, León XIV no ha incluido tantas pinceladas sociales como hizo en el Congreso por la mañana, sino que sus palabras conllevaron más un tono teológico. Ensalzó la importancia de la sinodalidad, la conexión del ministerio eclesial con las bases católicas, en un claro guiño a la continuidad de su pontificado con el de su predecesor, el papa Francisco. El cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, también ha hecho referencias al “camino sinodal” para decir que “la Iglesia no existe para sí misma, sino para evangelizar”.El Papa ha aprovechado el encuentro con los fieles para hacer de nuevo alguna referencia, más velada que en el Congreso, a la importancia de reflexionar sobre la inmigración. “Madrid es una gran ciudad donde conviven tradiciones y hablas diferentes. Dios conoce a cada uno de sus habitantes en el amor”, ha predicado. “El hecho de deteneros regularmente con vuestro pueblo para interpretar la vida de los barrios, los cambios culturales, las tensiones sociales y las prácticas eclesiales a la luz del Evangelio enriquecerá y consolará vuestro ministerio”, ha recomendado el Papa. “El amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa”. Con estas palabras llenas de simbolismo, León XIV ha cerrado el que es su último discurso antes de ir a Barcelona. Con estas palabras, León XIV ha conseguido aquello de lo que no ha sido capaz el Real Madrid esta temporada: poner al estadio entero en pie para aplaudir. “¡Oé, oé, oé!“, ha empezado a cantar el público.Una pareja de migrantes se dirigió al Papa minutos antes de que pronunciara su discurso. Jorge Barco y Liliana Torres, ambos de Perú, casados desde hace 29 años y residentes en Madrid desde hace cuatro, leyeron su testimonio a León XIV y a las 70.000 personas que les estaban viendo desde las gradas. “Llegamos con un objetivo: ofrecerle a nuestra hija un lugar más seguro para vivir y que pueda realizar sus estudios superiores que le permitan construir un mejor futuro”, ha empezado Barco. “Sentíamos cierto temor por las historias que habíamos escuchado de racismo y discriminación. Sin embargo, nuestra experiencia fue completamente distinta. España nos acogió con los brazos abiertos”, ha señalado, levantando un tremendo aplauso entre el público y animando a varios de los asistentes a ondear con orgullo su bandera española.En ese momento, fuera del estadio, Ana Milena y Angélica María (de 26 y 20 años respectivamente) esperan al sol porque no han podido entrar al evento, pese a haber llegado una hora antes de que comenzara. Ambas son de Colombia y, escuchando al Papa, se emocionan. “Sabe lo que sufrimos los latinos, los inmigrantes”, apunta Milena. En la mano llevan una imagen del Papa comprada a un vendedor ambulante, también latino, dicen, por un euro. Ahora, pese al chasco de haberse quedado fuera, las dos mujeres piensan llevar a bendecir la imagen en la iglesia más cercana y enmarcarla en su casa como el recuerdo de un encuentro que nunca llegó a ser.