Mar�a Santamar�a MadridActualizado Domingo,
junio
13:15Esta pasada noche, el asfalto de la Castellana era, de una punta a otra, un mosaico donde conviv�an todas las realidades de los que pasaron la noche en vela por el Papa. La arteria principal de Madrid se transform� durante la madrugada en un escenario donde los c�nticos religiosos se mezclaban, sin previo aviso, con los euf�ricos que volv�an del concierto de Bad Bunny. Dos mundos completamente opuestos compartiendo las mismas aceras de Madrid en un ambiente de fiesta.Al mismo tiempo, el eje central, desde la plaza de Col�n hasta el Museo del Prado, estaba clausurado. Los accesos cerrados y los cordones de seguridad disuad�an a los que pretend�an quedarse a dormir lo m�s cerca posible de la diosa de la Madre Tierra de cara a la misa que el papa Le�n XIV daba este domingo a las diez de la ma�ana. En medio de ese laberinto de vallas, las verdaderas protagonistas fueron las historias de resistencia de los fieles y los j�venes comprometidos.La puerta de Alcal� rodeada de vallas y de suministros para la misa en CibelesJavier CuestaEn mitad de la Castellana, cerca de la plaza de Emilio Castelar, dos voluntarias daban significado a la palabra compromiso. Cora Brioso y Avelina Agust�n, dos amigas de Filipinas que llevan 50 a�os en Espa�a, cargaban a sus espaldas el cansancio de todo el d�a en la calle orientando a los fieles, pero a las seis de la ma�ana ten�an que estar de nuevo en Cibeles para abrir los accesos. Sin metros ni autobuses a esas horas, y sabiendo que volver a casa no les compensaba para apenas un par de horas, decidieron quedarse en la calle, con una cena compuesta por una bebida y unas galletas repartidas en las parroquias. "Somos muy cristianas", dec�an con una sonrisa, explicando que, como ellas, much�simos otros voluntarios pasaban la noche metidos en sacos de dormir en cualquier rinc�n para estar en su puesto al amanecer.Cora y Avelina, parte de los voluntarios que se quedaban por la zona a descansar.Javier CuestaUn poco m�s all�, personas de la Di�cesis de C�diz demostraban el esp�ritu de una juventud completamente volcada. Entre ellos destacaban Elena Real y Mois�s Garc�a, de 23 a�os, que se hab�an comprometido hac�a apenas un mes, un hecho que contrasta con las palabras del Santo Padre unas horas antes en la vigilia, cuando animaba a los j�venes a formar una familia sin miedo. La pareja vino en autob�s con toda su di�cesis tras un viaje que empez� a las seis y media de la ma�ana del s�bado. Con experiencia ya del a�o pasado, cuando les toc� dormir en una explanada en Roma bajo la lluvia durante el Jubileo, ten�an claro que esta noche no iban a dormir. Mientras los menores de su grupo descansaban con los responsables, ellos decidieron gastar las seis horas que quedaban para la apertura de puertas de Cibeles caminando: "En la calle no vamos a dormir en si; nos quedamos para dar vueltas y hacer tiempo".Para ellos, todo el esfuerzo y la falta de sue�o tienen un motivo claro que va m�s all� de la simple aventura. Lo hacen por el Se�or, por Jesucristo, convencidos de que "la Iglesia es incre�ble". Esa certeza la traen reforzada desde Roma: "No te encuentras a nadie problem�tico, no es nada de empujones", recordaban con entusiasmo. Para estos j�venes, la experiencia no se traduce en caos, sino en un ambiente de hermandad y respeto que rompe con cualquier prejuicio.En el c�sped del Museo del Prado, que hab�a cerrado a la una de la ma�ana tras la "noche amarilla y blanca" organizada por la visita papal, otro grupo de Alcal� de Henares buscaba su sitio. Al ser de Madrid, no ten�an derecho a alojamiento de acogida en el centro, pero al mismo tiempo, con un viaje de ida y vuelta de dos horas a sus casas, no les merec�a la pena, por lo que optaron por quedarse a descansar en las hist�ricas laderas de hierba.Unos metros m�s adelante, en la Cuesta de Moyano y compartiendo una pizza de madrugada, el artista Jorge Mar�a Franco, su cu�ada Susana Exp�sito Montes y el resto de la familia se encontraban con la silueta de Atocha al fondo. Ellos hab�an venido a Madrid desde Sevilla a "ganarse la vida". Jorge, descrito como "un artista de mano derecha", ha dedicado parte de su vida a la creaci�n de recuerdos de momentos hist�ricos: prepara las tiradas a mano y fabrica imanes religiosos de forma totalmente casera. La familia recordaba momentos como cuando el rey Felipe, siendo a�n pr�ncipe, se cas� y tambi�n estuvieron vendiendo recuerdos.Jorge Mar�a y Susana Exp�sito en la Cuesta de Moyano con los imanes que venden.Javier CuestaCuando los primeros rayos de sol empezaron a te�ir de naranja la Castellana, la marea de voluntarios y j�venes ya estaba en pie y en sus puestos. Madrid se despertaba para la gran misa del domingo, pero ellos ya llevaban toda la noche all�, demostrando que la fe no entiende de horarios.











