Veníamos del mercado. La cesta llena de ce­rezas, endibias, hinojo, espárragos y rabanitos. Era domingo y hacía sol. Pasamos cerca del desvío de un faro, cuyo nombre no especificaremos, y pensamos en parar un momento y mirar el mar. Hubiéramos podido no hacerlo. Recuerdo las excusas al alcance de la mano, muy cerca. Había bastantes coches y un solo espacio. Aparcamos. Estábamos hablando. Calculábamos cuánto tiempo hace que se compuso la Odisea. Cuánto hace que se escribieron las sagas islandesas. Hacíamos números, sacamos el móvil. Decíamos, la Odisea se compuso hace aproximadamente dos mil ochocientos años, hacia la segunda mitad del siglo VIII a.C. Continuábamos, las sagas islandesas se escribieron principalmente en los siglos XIII y XIV, hace entre setecientos y ochocientos años. El Nuevo Testamento se escribió hace unos mil novecientos años, añadimos. A la Odisea y a las sagas islandesas las separa lo que nos separa a nosotros del Nuevo Testamento. Guau. iStockphotoComo si estuviéramos en una isla griega, el mar era azul oscuro y los acantilados, casi negros. Entonces comentamos el casting de Troya, la película del 2004 de Wolfgang Petersen, y, de repente y un poco por sorpresa, nos encontramos alabándolo. Lo comparábamos con lo que se sabe de The odyssey, que Christopher Nolan estrena pronto. El faro estaba rodeado de flores y caminantes. Gente que corría, que paseaba, que charlaba, un señor estirado escuchando música con los ojos cerrados.Los delfines nadaban en grupo; brillaban, como si resbalaran; no hacían ningún sonidoEntonces vimos los delfines. Cincuenta metros más abajo.Al llegar a casa fui a buscar la guía Fauna y flora del mar Mediterráneo. Después de ballenas y cachalotes, los delfines mulares: “El más robusto de los delfines mediterráneos, a menudo se encuentra cerca de la costa, solitario o en pequeños grupos. Algunos ejemplares son especialistas en robar peces enmallados y por eso han sido perseguidos por los pescadores. Son extraordinariamente inteligentes y fáciles de domesticar”.Nadaban en grupo. Brillaban, como si resbalaran. Les vimos los ojos y de vez en cuando las sopladuras. No hacían ningún sonido. La gente siguió riendo, hablando, paseando. Solo una pareja a nuestro lado miraba el mar embelesada. Y nos quedamos así, como quien comparte un secreto, un momento en silencio.