Millones de personas han escuchado canciones en las que ha trabajado el aragonés Diego García. Aunque no aparece sobre el escenario, detrás del sonido final de artistas como Malú, Pole, Edurne, Omar Montes, Antonio Carmona, Estrella Morente o José Luis Perales está el trabajo de este ingeniero de sonido que, desde Zaragoza, participa en proyectos que viajan por España, Latinoamérica y Estados Unidos.
En una industria en la que durante años parecía imprescindible estar en Madrid, Miami o Los Ángeles para formar parte de los grandes proyectos musicales, García ha construido una carrera internacional desde Aragón. Desde su estudio recibe grabaciones realizadas en Londres, México o cualquier otro punto del planeta y las convierte en el producto final que terminará llegando a plataformas digitales, radios o auditorios.
“Lo más grande de lo que hago viene de fuera”, reconoce, aunque matiza que la distancia ha dejado de ser un obstáculo en una profesión transformada por la tecnología. “Si hace falta voy donde sea, pero hoy puedo trabajar con cualquiera desde aquí y eso es fantástico”, explica.
Su nombre comenzó a sonar con más fuerza después de su nominación a los Grammy Latino y después de participar en trabajos que han alcanzado discos de oro y platino. Sin embargo, él rechaza la idea de que exista un momento concreto que cambiara su trayectoria. Frente a los relatos de éxito fulgurante que abundan en la industria musical, reivindica una carrera construida con paciencia.












