maravillas delgadoTres meses después del inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán, la economía global se mueve entre dos escenarios posibles. Si la tensión no termina alterando de forma duradera los fundamentos económicos, podrá interpretarse como un shock externo al mercado bursátil: un episodio severo, pero transitorio, tras el cual los mercados tienden a recuperar el terreno perdido. Si, por el contrario, el conflicto se enquista, el riesgo ya no será solo financiero, sino macroeconómico: menor crecimiento, inflación persistente y una política monetaria obligada a actuar con menos margen. El FMI, en su último informe prevé un crecimiento global del 3,1% en 2026 y del 3,2% en 2027, claramente inferior a las medias previas a la pandemia y condicionado por un entorno de inflación persistente, menor productividad estructural y tensiones comerciales crecientes. Advierte además que la economía mundial entra en una etapa de menor crecimiento potencial y condiciones financieras más restrictivas. En 2026, los principales índices bursátiles han mostrado una evolución claramente divergente, marcada por el liderazgo tecnológico estadounidense, la recuperación parcial de Europa y las dificultades estructurales de China. El Nasdaq 100 ha tenido un comportamiento extraordinario, llegando a romper por primera vez en su historia la barrera de los 30.000 puntos en mayo. Tras la volatilidad de marzo por factores macroeconómicos y tensiones geopolíticas, el índice se ha revalorizado con fuerza un 34%, gracias al bum de la IA. El summun de la paradoja viene quizás con las próximas salidas a Bolsa de tres compañías de IA (Anthropic, Open AI y SpaceX). Entre las tres drenarán mucho dinero del mercado, sólo SpaceX, prevé captar hasta 75.000 millones de dólares (la mayor colocación de la historia) y es una incógnita de dónde saldrá y si afectará a otros valores. 2026 mantiene un tono claramente positivo para las bolsas, con avances significativos en los principales índices y varios máximos históricos recientes. En Estados Unidos, el S&P 500 sube un 8,7% en el año, el Nasdaq 100 un 16,7% y el MSCI World un 10,1%. En Europa, el comportamiento es positivo, aunque mucho más moderado: el DAX gana un 0,9% en el año, el Euro Stoxx 50 un 3,6% y el Ibex 35 un 4,9%, mientras que el CAC 40 avanza un 0,3%. En conjunto, el mercado conserva una tendencia alcista, aunque la concentración del impulso en tecnología y en unos pocos valores exige prudencia. La inflación estadounidense alcanzó el 3,8% en abril, impulsada principalmente por el encarecimiento de la energía. Este contexto ha provocado un nuevo ajuste al alza en las rentabilidades del bono estadounidense. El bono a 30 años alcanzó el 5%, mientras que la referencia a 10 años volvió a situarse por encima del umbral psicológico del 4,5%, acumulando un incremento cercano a 60 puntos básicos desde el inicio de las hostilidades. Pero el problema ya no es únicamente coyuntural. La relocalización industrial, el aumento del gasto militar, las tensiones comerciales y la transición energética, generan costes estructuralmente más elevados para la economía global. En este contexto, la sostenibilidad fiscal adquiere cada vez mayor relevancia. EE UU mantiene déficits históricamente elevados, pese a que la economía continúe creciendo cerca del 2,3%. El problema no reside solo en el volumen de deuda, sino en el coste creciente de financiarla en un entorno de inflación persistente y tipos de interés más altos. Durante años, la abundancia global de liquidez permitió absorber emisiones masivas de deuda pública sin grandes tensiones. Hoy el contexto es diferente. La llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Reserva Federal, marca un posible cambio de tono en la política monetaria estadounidense. Sin embargo, la persistencia de la inflación limita el margen de actuación, incluso aunque el crecimiento muestre cierta desaceleración. Los inversores descuentan ahora una Fed menos agresiva en las bajadas de tipos de lo esperado hace apenas unos meses. En la eurozona, Christine Lagarde afronta un panorama de menor crecimiento, una industria más vulnerable al encarecimiento energético y una deuda soberana expuesta al deterioro fiscal. Sin embargo, el repunte de la inflación en mayo, debido al encarecimiento de la energía, sugiere una subida de 25 puntos básicos en la próxima reunión del BCE el 11 de junio, subidas adicionales no están claras La economía global entra así en una etapa marcada por equilibrios más frágiles. Los mercados siguen confiando en que la innovación tecnológica sostendrá el crecimiento y compensará parte de las tensiones geopolíticas y fiscales. La cuestión pendiente es cuánto tiempo podrá mantenerse ese equilibrio sin alterar de forma más profunda las condiciones financieras internacionales.
La paradoja financiera de 2026
Los mercados siguen confiando en que la innovación tecnológica compensará las tensiones geopolíticas y fiscales









