Laureana es una mujer en los cuarentas, separada y con una pequeña hija, la contradictora Yiyi. Docente de diseño gráfico de la Universidad de Buenos Aires y especialista en carpintería japonesa, le encargan un techo a realziar sin colas ni tornillos. Un trabajo mayor entre los planos cotidianos de las amigas que se van, los pretendientes fugaces, la maternidad que todo lo chupa y las clases remanidas en Ciudad Universitaria, que a veces iluminan en el apagón la médula de sus demandas vitales. Este es el plano sostenido de Gonzalo Castro que construye en primera persona, un sello del escritor y realizador cinematográfico, una novela trans en Herramientas/Yiyi, que encastra con precisión oriental las derivas que hacen el ser mujer. El escritor de Hidrografía doméstica trabaja en zonas inestables. Mientras en el cine exploró últimamente los tránsitos a la madurez en la mirada femenina, hogar y desarraigo (La escuela del bosque, 2022), en esta novela se interna con descripciones detallistas de los estados de una mujer de mediana edad, que comparte varios rasgos biográficos con el autor, también docente de diseño en la FADU, amante de las herramientas japonesas usadas en las técnicas de la madera y con un niño pequeño. En esta literatura que aspira a la instantánea, a lo mutante y performático, el alter ego de Castro va desterrando “nuestro acervo cultural que es una caja de chucherías ruidosas” mientras difuma las asignaciones de género. Ordenada en breves capítulos con números, algunos distintos llevan palabras de título. Pequeñas interjecciones sofisticadas que subrayan las tensiones que pone en juego Laureana, en una misma melodía lanzada hacia lo íntimo, ora colgada de andamios con los obreros paraguayos de la obra, ora en la nube de su psique. “Me despierto, es del todo de noche, la claridad que se filtra es de las luces de la calle, tan distinta del amanecer, que espero no ver todavía. Pasan unos minutos de estupor hasta que escucho: mamá. Un minuto después cae la siguiente piedra: mamá”.
Ventajas de ser mujer
Castro se interna con descripciones detallistas de los estados de una mujer de mediana edad, que comparte varios rasgos biográficos con el autor.










