Hace quinientos años la Alhambra fue el escenario de una historia de amor, del estallido del rojo del clavel en nuestras tierras y también del comienzo de una trascendental revolución lírica.El emperador Carlos V se había casado con la princesa Isabel de Portugal, su prima, el 11 de marzo de 1526 en el Real Alcázar de Sevilla, y tres días más tarde se marcharon a Granada. Vivieron seis meses en un palacio nazarí de la Alhambra. Fue una boda pactada; la anunció el emperador en las primeras cortes que celebró en Toledo, en 1525, con gran satisfacción de los nobles porque habían temido que se inclinara por una princesa de una dinastía extranjera, y además el enlace le iba a reportar una cuantiosa dote. Isabel era inteligente, culta, hermosa; Carlos se enamoró de ella nada más verla, poco antes de los esponsales, y lo mismo le sucedió a ella; una decisión política se convirtió en una historia de amor. En la Alhambra concebirían a su heredero, el que sería Felipe II, que nacería el 21 de mayo de 1527 en Valladolid en días mucho más aciagos, porque el 6 de mayo, un lunes que amaneció con niebla en Roma, tuvo lugar el terrible saco por las tropas del emperador. Pero volvamos a esa primavera de 1526.Clavel, “encarnado oloroso rubí”Carlos le ofreció a su esposa, en una de sus finezas amorosas, un clavel, que era entonces una flor exótica, de Oriente, y a ella le gustó tanto que el emperador ordenó que se plantara en todos los jardines del palacio. Esa escena siempre me recuerda lo que cuenta Patronio al conde Lucanor que hizo el rey Abenabet de Sevilla para complacer a su amada esposa Ramayquía. Ella vio nevar un día de febrero en Córdoba y lloraba porque no vivía en tierra donde viese nevar a menudo: “el rey, por le facer placer, fizo poner almendrales por toda la sierra de Córdoba”; así todos los años los almendros floridos le harían perder a la hermosa Ramayquía el deseo de ver la nieve. Eso es lo que nos cuenta don Juan Manuel en El conde Lucanor, que termina en junio de 1335. El blanco de las flores del almendro en Córdoba se une al rojo del clavel en tierras granadinas: uno en la ficción, otro en la realidad, pero en ambos está la decisión de un rey enamorado. ¡No podía imaginar la hermosa e inteligente emperatriz, Isabel de Portugal, que siglos más tarde los claveles darían nombre a una revolución en su tierra, el 25 de abril de 1974!Francisco de Quevedo, en un soneto, llamará al clavel “ la mocedad del año, la ambiciosa / vergüenza del jardín, el encarnado / oloroso rubí, Tiro abreviado”, y la última metáfora es muy osada porque Tiro era la ciudad fenicia donde se fabricaba la púrpura, roja por excelencia, y así el clavel es por su intenso color la ciudad de la púrpura, pero en pequeño, claro está. La cita no es ociosa porque es uno de los asombrosos frutos de la revolución poética que se inició también en esos meses granadinos de hace quinientos años.Los protagonistas de la revolución fueron Juan Boscán (c), Andrea Navagero (i) y Garcilaso de la Vega (d). Los dos primeros tuvieron la famosa conversación sobre el estilo italiano en la Alhambra GettyLa charla entre Boscán y NavageroEmpezó por una charla entre un poeta barcelonés, Juan Boscán, y el embajador de Venecia en la corte del emperador, Andrea Navagero. Tengo primero que situarla en las páginas de un libro, impreso en Barcelona por Carles Amorós en 1543. Boscán había reunido sus poesías junto a las de su amigo, el toledano Garcilaso de la Vega (muerto en 1536), para darlas a la imprenta, había estado cuidando de esa compilación, pero no pudo acabar de hacerlo ni verla impresa porque murió unos meses antes. Fue su viuda, Ana Girón de Rebolledo, la que cuidó de que se imprimiera y solicitó la aprobación de Las obras de Boscán con algunas de Garcilaso de la Vega. En el primer libro figuran las “coplas españolas”, en el segundo “canciones y sonetos a manera de los italianos”, y en el tercero, “epístolas y capítulos y otras obras también a la italiana”, como se dice en la epístola inicial a los lectores; las obras de Garcilaso forman el cuarto libro de la obra.Y en esta epístola están los datos que muestran el comienzo de esa revolución lírica en un escenario tan hermoso como la Alhambra. Son dos los protagonistas: el propio Juan Boscán y el embajador veneciano Andrea Navagero.El escenario: jardines del GeneralifeAndrea Navagero, humanista, poeta e historiador, en su Viaggio fatto in Spagna et in Francia –cuya parte española y las cartas que escribió en el viaje a su amigo Ramusio tradujo Antonio M.ª Fabié (Viaje por España, 1524-1526)–, describe ese lugar tan bello. Cuenta a Ramusio cómo llega a Granada a fines de mayo de 1526 y ve así la Alhambra: “La Alhambra está ceñida de murallas y es como un castillo separado de la ciudad, a toda la cual domina; dentro hay gran número de casas, pero la mayor parte del terreno lo ocupa un hermoso palacio que era de los reyes moros y que es en verdad muy bello y labrado suntuosísimamente de finos mármoles y otras cosas”.En su descripción llega al patio de los Leones: “En medio del patio hay una hermosa fuente, que por estar formada con varios leones que echan el agua por la boca da su nombre al patio, que se llama de los Leones; sostienen estos el vaso de la fuente y están hechos por tal arte que, cuando no echan agua, hablando, por muy bajo o paso que sea, en la boca de uno de los leones, oyen claramente los que pongan el oído en cualquiera de los otros”.‘Las obras de Boscan y algunas de Garcilasso de la Vega’ (1543) fue el libro que introdujo el Renacimiento y la métrica italiana en la literatura española DEA PICTURE LIBRARY / GettySaliendo del palacio fuera de las murallas por una puerta secreta llegará al “hermosísimo jardín” de otro palacio: “Se llama el Generalife, que si no muy grande, es bello y bien labrado, y por sus jardines y corrientes aguas lo más hermoso que he visto en España; tiene muchos cuadros o arriates con agua abundantísima, pero entre ellos hay uno con agua corriente por medio, lleno de arrayanes y naranjos…”.La descripción del lugar que admira y asombra al Navagero continúa, pero basta para situar el escenario de esa conversación tan trascendente para la poesía española. Vamos ahora a su interlocutor, que es quien lo cuenta, el poeta barcelonés Juan Boscán.El poeta barcelonés Juan BoscánMenéndez Pelayo le llama “el patriarca de la escuela italo-hispana”, y Martín de Riquer, “el reformador de la métrica española”. Ambos títulos definen muy bien la labor poética de Boscán. Fue además un admirable prosista como muestra su espléndida traducción de El cortesano de Baltasar Castiglione(1534). Garcilaso de la Vega escribió como prólogo una epístola a doña Jerónima Palova de Almogávar (que, según él dice, convenció a su primo de que hiciera la traducción); y en la carta, después de alabar la “limpieza de estilo” y la fidelidad de la versión, afirma: “él me hizo estar presente a la postrera lima”. Barcelona fue el fondo de esa escena entre los dos amigos en abril de 1533 (Garcilaso había estado años antes en la ciudad, en 1529, donde redactó su testamento).Boscán debió de nacer entre 1488 y 1489 en Barcelona. Su familia estaba emparentada con la nobleza y enriquecida con el comercio. El gran humanista italiano Lucio Marineo Sículo fue su maestro cuando él pasó a formar parte de la corte de Fernando el Católico. En la comitiva del rey y de su segunda esposa, Germana de Foix, irá a Nápoles a fines de 1506, donde permanecerá casi ocho meses. Vemos, pues, su cuidada educación y sus lazos con Italia.Poetas para una efeméride“El Proyecto Navaggiero. La Alhambra al itálico modo es una iniciativa del Patronato de la Alhambra y Generalife que se planteó en 2022 para conmemorar el encuentro entre Juan Boscán y Andrea Navagero en 1526”, explica la catedrática Remedios Sánchez, responsable del proyecto. “Se articula en torno a tres ejes: uno, de divulgación cultural (grabaciones sobre la importancia del soneto en la obra de 26 poetas participantes); dos, de creación poética (cada autor ha escrito un soneto inspirado en la Alhambra); y, tres, de investigación patrimonial, reafirmando la Alhambra como espacio de irradiación literaria”.Intervienen algunos de los nombres más relevantes de la poesía contemporánea en castellano: Antonio Gamoneda, Luis García Montero, Raquel Lanseros, Ángeles Mora, Antonio Colinas, Luis Alberto de Cuenca, José Corredor Matheos, Héctor Abad Faciolince, Piedad Bonnett, Ferrer Lerín, Ben Clark, Jaime Siles y María Rosal, entre otros. “A ellos se suma el trabajo plástico del pintor Juan Vida, cuya interpretación visual de los espacios alhambreños establece un diálogo contemporáneo entre palabra y arte”.A finales de este año, un simposio acompañará la exposición sobre el soneto, la publicación de un volumen recopilatorio de los poemas inspirados en La Alhambra y la puesta en marcha de la web, dentro de la página de La Alhambra y el Generalife, con entrevistas a autores elegidos.Para Remedios Sánchez, que desde 2016 dirige el Festival Internacional de Poesía de Granada, “Boscán es un poeta fundacional para un tiempo nuevo: el que abre la puerta para que otros la crucen con plenitud. No quiero olvidarme del papel primordial de su viuda, Ana Girón de Rebolledo, quien publicó póstumamente, en 1543, las obras de su esposo y de Garcilaso precisamente en la imprenta barcelonesa de Carles Amorós”. L.V.Luis Zapata en su Carlo famoso (1566) cita a Boscán como presente, junto a Garcilaso, en la frustrada expedición en socorro de Rodas del emperador (1522): “y Boscán, que fue el primero que este verso toscano trujo a España”. No se sabe si es cierto, pero sí que poco antes pasó al servicio de la casa de Alba como preceptor del gran duque don Fernando. En 1532 está en Ratisbona, en el séquito de Carlos V, para participar en la defensa de Viena frente a los turcos. Volverá a Barcelona en abril de 1533 y en la ciudad vivirá –en la calle Regomir– a partir de entonces. En septiembre de 1539 se casa con Ana Girón de Rebolledo, una dama noble valenciana, y el matrimonio reside en la calle Montcada. Morirá el 21 de septiembre de 1542, al regreso de su viaje a Perpiñán, en que acompañó al duque de Alba. Pero junto a esa vida real, efímera, está su labor imperecedera como poeta y como responsable de la impresión de la bellísima poesía de su amigo Garcilaso. Está él presente en varios de sus poemas y además es Nemoroso en sus dos primeras églogas, como dijo el Brocense, porque nemus es “bosque”, palabra que nos lleva a “Boscán” (aunque lo desmintiera Fernando de Herrera, equivocándose), junto a Salicio, Garcilaso, pues “–cilaso” es anagrama imperfecto de salix, “sauce”.El relato de la conversaciónAl referirse, en la dedicatoria de su segundo libro a la duquesa de Soma, a “tentar el estilo de estos sonetos y canciones y otras cosas de este género”, le dice que “en este modo de invención –si así quieren llamarla– nunca pensé que inventaba ni hacía cosa que hubiese de quedar en el mundo, sino que entré en ello descuidadamente, como en cosa que iba tan poco en hacerla que no había para qué dejarla de hacer habiéndola gana”. Y cuenta la circunstancia que le animó a llevar a cabo esa “invención”: “Cuanto más que vino sobre habla. Porque, estando un día en Granada con el Navagero –al cual, por haber sido varón tan celebrado en nuestros días, he querido aquí nombrarle a vuestra señoría–, tratando con él en cosas de ingenio y de letras, y especialmente en las variedades de muchas lenguas, me dijo por qué no probaba en lengua castellana sonetos y otras artes de trovas usadas por los buenos ingenios de Italia; y no solamente me lo dijo así livianamente, mas aun me rogó que lo hiciese.”Boscán no echa en saco roto tal recomendación como sigue contando: “Partime pocos días después para mi casa, y con la largueza y soledad del camino, discurriendo por diversas cosas, fui a dar muchas veces en lo que el Navagero me había dicho. Y así comencé a tentar este género de verso. En el cual, al principio hallé alguna dificultad por ser muy artificioso y tener muchas particularidades diferentes del nuestro; pero después pareciéndome, quizás con el amor de las cosas propias, que esto comenzaba a sucederme bien, fui poco a poco metiéndome con calor en ello”.¡No hay revolución lírica mejor narrada desde sus inicios! Y si todo comenzó con la culminación de una historia de amor, la de Carlos V e Isabel de Portugal, en ese hermosísimo escenario de sus tornabodas granadinas, ahora interviene otro sentimiento esencial: la amistad. Porque el barcelonés va a situar aquí a su gran amigo, el genial poeta toledano Garcilaso de la Vega.Ilustración de los claveles rojos sobre la Alhambra Albert Asensio / TercerosLa amistad entre Boscán y GarcilasoBoscán dice ahora cómo le cuenta a su amigo sus intentos en la nueva forma de hacer poesía: “Mas esto no bastara a hacerme pasar muy adelante si Garcilaso con su juicio (el cual no solamente en mi opinión, mas en la de todo el mundo ha sido tenido por regla cierta) no me confirmara en esta mi demanda. Y así alabándome muchas veces este mi propósito y acabándomele de aprobar con su ejemplo –porque quiso también llevar él este camino-, al cabo me hizo ocupar mis ratos ociosos en esto más fundadamente”.Y va a señalar la genealogía del endecasílabo, el nuevo metro usado en la forma al itálico modo, para darle lustre frente al verso castellano, el octosílabo, de origen desconocido. Se remonta primero a Petrarca, luego a Dante, y a los provenzales, y se detiene en Ausiàs March, al que admiraba mucho Ferran Folch de Cardona, el duque de Soma; tanto que, como dice Boscán, “después que vio una vez sus obras, las hizo luego escribir con mucha diligencia y tiene el libro de ellas por tan familiar como dicen que tenía Alejandre el de Homero”. Y la huella del espléndido poeta valenciano lucirá en versos de los dos amigos; así Garcilaso de la Vega comienza un soneto “Amor, amor, un hábito vestí, / el cual de vuestro paño fue cortado”, donde imita versos de Ausiàs March: “Amor, amor, un àbit m´é tallat / de vostre drap, vestint-me l’esperit”.⁄ Tras su boda, el emperador Carlos e Isabel de Portugal vivieron seis meses en la Alhambra; fue así cómo ocurrió todo⁄ Andrea Navagero, humanista viajero, describió con precisión el jardín del Generalife, el marco de su charlaPero antes de narrar ese episodio fundamental que explica el nacimiento de la nueva forma lírica, Boscán había contado a la duquesa la reacción de los lectores, la crítica que habían recibido sus versos. Y es un pasaje esencial de recepción de una novedad literaria, que a la vez nos orienta sobre lo que ofrecía de revolucionario.Las críticas a la nueva poesíaBoscán justifica en la novedad el rechazo a la poesía al modo italiano que encontró en su entorno. Así lo dice: “Los unos se quejaban que en las trovas de esta arte los consonantes no andaban tan descubiertos ni sonaban tanto como en las castellanas. Otros decían que este verso no sabían si era verso o si era prosa…”.Pero ¿cómo podían poner tales reparos? ¡Si la poesía al itálico modo también se apoya en la consonancia! Y para probarlo no está mal leer el comienzo de un soneto de Boscán: “Dulce soñar y dulce congojarme / cuando estaba soñando que soñaba; / dulce gozar con lo que me engañaba / si un poco más durara el engañarme; // Dulce no estar en mí que figurarme / podía cuanto bien yo deseaba; / dulce placer, aunque me importunaba, / que alguna vez llegaba a despertarme…”.El Patio de la Acequia, en el Generalife, construido originalmente en el siglo XIII, forma parte del complejo de la Alhambra Wolfgang Kaehler / GettyEstá recordando la dulzura del sueño en que gozaba aunque se engañase, y lo hace con una rima consonante muy marcada en esos versos por apoyarse en formas verbales. ¿Qué es lo que los diferencia de los de unas coplas castellanas? Vamos a leer las que escribió Garcilaso a Boscán “porque, estando en Alemaña, danzó en unas bodas”: “La gente se espanta toda, / que hablar a todos distes; / que un milagro que hecistes / hubo de ser en la boda. // Pienso que habéis de venir, / si vais por ese camino, / a tornar el agua en vino, / como el danzar en reír.”No bailaría muy bien Boscán por las risas que dice su amigo Garcilaso que causó; podría llegar, si seguía así, a lograr un milagro como el de Jesús en las bodas de Caná; él transformaría el danzar en reír.⁄ El barcelonés nació entre 1488 y 1489: su familia estaba emparentada con la nobleza y se enriqueció con el comercio⁄ El poeta cuenta el encuentro en una dedicatoria a la duquesa de Soma: ¡no ha habido revolución lírica mejor narrada!Si dejamos aparte el tono gozosamente lúdico, vemos que la brevedad del octosílabo hace que suenen más los consonantes de las redondillas y que dos versos riman en acento agudo («venir, reír»). En la poesía al itálico modo se rechazará el verso agudo para contenidos graves y se dejará para los satíricos; y el suave ritmo del endecasílabo de tres acentos se prolongará a menudo con el encabalgamiento al verso siguiente (“Dulce no estar en mí que figurarme / podía cuanto bien yo deseaba”). Es otra musicalidad, mucho más dulce, más suavemente armoniosa. Si a ello se une la condición de que el poeta tenía que ser como la abeja y libar de otros textos para crear la miel –la belleza– del suyo, y la artificiosidad de la lengua poética gracias al intenso uso de la retórica, vemos que la poesía al itálico modo era un nuevo camino que llevaría a la lírica castellana a cumbres de belleza y sentimiento, pero también de dificultad, como alcanzaron Góngora y Quevedo. ¡Una auténtica revolución!Reformador de la métrica española¿Qué estrofas introduce Boscán en la poesía española? Las enumeró Menéndez Pelayo: “el soneto, la canción, el terceto, la octava rima y el verso suelto”, porque, como bien dice el erudito, “no fue solamente un innovador del metro, sino de la estrofa, y aun pudiéramos decir de los géneros poéticos”.Y la mejor manera de apreciar la novedad de las estrofas que introduce Boscán es citar alguno de sus más bellos versos, los de la epístola a otro poeta amigo suyo, Diego Hurtado de Mendoza, donde en imitación horaciana evoca su retiro barcelonés en compañía de su amada esposa Ana: “El estado mejor de los estados / es alcanzar la buena medianía, / con la cual se remedian los cuidados. // Y así yo, por seguir aquesta vía, / heme casado con una mujer / que es principio y fin del alma mía.” Más adelante se verá con su esposa en el campo, sentados a la sombra de una verde haya, leyendo ambos: “Tenemos nuestros libros en las manos, / y non se cansarán de andar contando /los hechos celestiales y mundanos. // Virgilio a Eneas estará cantando, / y Homero el corazón de Aquiles fiero, / y el navegar de Ulises rodeando.” Y luego Propercio, y Catulo… ¡Gran lector fue el poeta, como muestran sus versos!Entre Granada y BarcelonaLa mayor revolución de la lírica española empezó, pues, con una charla de un veneciano y un catalán, de Navagero y Boscán, en los jardines del Generalife, reunidos por un acontecimiento político que se enriqueció gracias al amor. Aunque hay que añadir a ambos un tercer personaje, Garcilaso de la Vega, extraordinario poeta que se convertiría enseguida en modelo a seguir y que tuvo mucho que ver en el triunfo de ese camino poético que le mostró su amigo Juan Boscán.Primavera en la Alhambra: el estallido del rojo del clavel llena los jardines, y ve el alba la mejor poesía de la Edad de Oro. El amor y la amistad sellan ese tiempo único.----------------------------Rosa Navarro Durán ha sido catedrática de Literatura española de la Universidad de Barcelona, especialista en el siglo de oro. Acaba de publicar El festín de la palabra (Ariel).