Luces para la Constituci�nPolit�logo e historiador cubano exiliado en M�xico, es fundador de GAPAC (Gobierno y An�lisis Pol�tico AC), una organizaci�n de la sociedad civil que analiza la expansi�n del autoritarismo y que vigila sus avances en Hispanoam�rica, Rusia y ChinaActualizado Viernes,
junio
23:47Cada camino hacia la disidencia es �nico, pero su caso me parece diferente.Durante los �ltimos 60 o 70 a�os mi familia estuvo muy integrada en el sistema cubano. Yo nac� all�, estudi� Historia y una cosa medio ex�tica, marxismo-leninismo. Conozco bien aquello porque es como haber estudiado en la escuela del fara�n, en pleno imperio de Akenat�n: yo estudi� en la escuela del fara�n. Por eso los guardianes del fara�n me odian tanto. Siempre fui alguien muy integrado en el sistema. Mi idea era que el sistema era reformable, que conten�a una promesa de justicia social. Pensaba que eso que llam�bamos la Revoluci�n ten�a d�ficits de participaci�n, s�, pero que cab�a una comunidad reformista dentro del sistema. El propio sistema se encarg� de demostrarme que eso no era posible. Mis colegas y yo no �ramos disidentes: �ramos cr�ticos del sistema. Lo que ocurre es que el sistema tolera muy poca cr�tica, sobre todo cuando es honesta. �ramos profesores j�venes que quer�amos reformar cosas y poco a poco nos fueron cerrando puertas. Tuve que salir a estudiar a M�xico porque no me autorizaron a hacer el doctorado en Cuba. Viaj� un par de veces y cada vez que regresaba hab�a alg�n peque�o quilombo: una requisa en el aeropuerto, alg�n interrogatorio. Hasta que en el �ltimo viaje me dijeron claramente: �No vuelvas�. Desde 2011 no piso Cuba ni puedo hacerlo. Y mi familia sigue all�; mis padres -�l sigue siendo funcionario- est�n en La Habana. �sa es mi historia: el propio sistema termin� ense��ndome que no pod�a hacer nada salvo obedecer. Poco a poco fui orillado a la salida.�C�mo surgi� GAPAC?Hace 10 a�os la fund� junto a un grupo de colegas cubanos, venezolanos, mexicanos y algunos argentinos. Somos un grupo muy compacto, preocupado por la expansi�n del autoritarismo. A nosotros nos ha tocado m�s de cerca el autoritarismo de izquierda, pero los rechazamos todos y hemos generado un trabajo de monitoreo sobre Cuba, Rusia y China en Am�rica Latina. Con un pie en la academia y otro en el activismo.�En qu� se manifiesta ese activismo?Yo quiero que Cuba cambie porque eso significa poder ver a mis viejos, poder regresar. No es solo una causa abstracta ni un inter�s profesional: es mi vida. En Cuba se ha transformado much�simo la percepci�n. Los sectores m�s j�venes, urbanos y conectados son m�s cr�ticos, pero adem�s el desastre es ya tan grande que el malestar se ha extendido por todas partes. Lo hemos visto en los �ltimos meses: las protestas se han dispersado por todo el pa�s. Se ha producido lo que yo llamo un quiebre psicosocial. La gente sabe que ah� est� el lobo y que muerde, pero est� tan jodida que tiene que salir a protestar. Y en esas protestas ya no solo aparecen demandas materiales -luz, agua, comida-, sino tambi�n reclamos pol�ticos. Nadie dice �abajo el bloqueo�; la gente dice �libertad� o �abajo esta gente�. Hay una p�rdida de miedo que convive con la precauci�n, porque el lobo sigue ah�, pero tambi�n con el descubrimiento de algo fundamental: la agencia, la idea de que uno es un sujeto con derechos y puede protestar contra quienes le est�n jodiendo la vida.�Qu� le parece la percepci�n que se tiene desde el exterior?Cuando uno est� en Cuba, o cuando est� fuera pero conectado con la gente de all�, siente mucho coraje por la insolidaridad de cierta clase media progresista, europea, norteamericana o latinoamericana, que vive en contextos democr�ticos y c�modos pero sigue comprando la narrativa cubana y reforzando la propaganda del r�gimen. Esa gente ocupa espacios en ONG, parlamentos, universidades y organismos internacionales. Y seguir llamando "revoluci�n" a lo que ya no lo es, o hablar de justicia social en esos t�rminos, perjudica much�simo a la causa de la democracia cubana. Cuba ha desarrollado durante d�cadas estas redes internacionales de adoctrinamiento y de influencia, y hay gente que no quiere ver. Curiosamente, muchas veces coincide con personas muy informadas, intelectuales, acad�micos o figuras del mundo cultural que viven el privilegio de las democracias desarrolladas, disfrutan de todas las libertades, pero siguen defendiendo el castrismo y se dedican a blanquear una dictadura. Ah� lo �nico que queda es combatirlos argumentalmente y demostrar que son defensores conscientes de una dictadura en la que ellos jam�s aceptar�an vivir. Ese ha sido el gran truco del r�gimen cubano: vender una imagen.�Ve posible una salida pac�fica?Tal y como est�n las cosas, no. Puede haber una transici�n, s�, pero tiene que producirse un momento de presi�n efectiva que todav�a no ha llegado. La l�gica de un sistema leninista, adem�s con todo el aprendizaje castrista de ganar tiempo permanentemente -ganar tiempo tras la ca�da del muro de Berl�n, con Venezuela, ganar tiempo siempre-, es la de creer que siempre pueden salirse con la suya. Y tienen herramientas para ello: capacidad diplom�tica, aliados y c�mplices incluso dentro de las democracias.Explique, por favor, c�mo podr�a ser esa �presi�n efectiva�.Est� claro que el r�gimen atraviesa el momento de mayor debilidad de toda su historia, tanto interna como externamente. Externamente, por la presi�n de EEUU y porque sus aliados est�n ocupados con sus propios problemas. Internamente, porque nunca hab�a existido una difusi�n tan amplia de la protesta social. Lo que no existe todav�a es una estructura unificada y coherente sobre el terreno. El r�gimen se ha dedicado durante a�os a descabezar una y otra vez cualquier liderazgo. Antes, la oposici�n estaba formada por peque�os grupos pol�ticamente conscientes, pero bastante desconectados de la poblaci�n debido a la propia represi�n, salvo casos excepcionales como Oswaldo Pay� o Jos� Daniel Ferrer. Ahora el fen�meno es distinto. Han diezmado much�simo a la oposici�n organizada, pero a cambio tienes a una poblaci�n levantisca, que protesta y que adem�s incorpora demandas pol�ticas expl�citas. Por eso creo que el sistema cubano no se destraba sin una acci�n efectiva de fuerza real. Puede ser una operaci�n que neutralice a la c�pula, que aparte a Ra�l Castro o al n�cleo duro del sistema, y que al mismo tiempo vaya acompa�ada de ofertas dirigidas a las Fuerzas Armadas y a la cadena de mando: ��Quieren seguir hundi�ndose con ellos o quieren preservar alg�n futuro para ustedes?�. Mucha gente en Cuba, incluso personas tradicionalmente revolucionarias, te dicen hoy abiertamente: �Que vengan ya�.�Y despu�s?Despu�s vendr� la negociaci�n. Mucha gente se pregunta d�nde est� la Delcy cubana, alg�n sector pragm�tico dispuesto a negociar. Y yo siempre respondo: �d�nde estaba Delcy Rodr�guez antes de aparecer como pragm�tica? Era una figura absolutamente leal al sistema venezolano. La Delcy cubana ya existe: est� en esos cuadros grises vinculados a GAESA, gente leal al r�gimen, s�, pero a la que le encanta el capitalismo y que no quiere morir con el sistema. Pero para que eso ocurra primero hay que quitar la piedra que bloquea la puerta: pulverizarla o moverla a otro lado. Y cuando quitas esa piedra, la puerta puede volver a cerrarse y ah� s� se monta el quilombo... o puede abrirse definitivamente.�Cu�ntos escenarios contempla?Est� el escenario actual, que es un horror. Luego est� el �ptimo: una transici�n democr�tica pac�fica, una salida negociada, los dirigentes dejando el poder, una presi�n internacional eficaz... la imagen rom�ntica de los claveles en los fusiles. Yo, sinceramente, no veo que eso ocurra sin alg�n tipo de acci�n de fuerza. Pero entre el horror actual y el escenario ideal existe un sub�ptimo. �Y si esto se queda a medias? Bueno, Venezuela tambi�n puede verse como un fracaso, pero incluso ah� hay matices. Tiene elementos que Cuba no posee: un liderazgo opositor m�s unificado, un movimiento de masas, otra estructura social y pol�tica. Y aun as�, muchos opositores venezolanos con los que hablo no est�n derrotados. Est�n inquietos, expectantes, frustrados en parte, pero tambi�n ven que han ocurrido cosas. Han soltado presos pol�ticos. La protesta volvi� a las calles. Algunos liderazgos regresaron al pa�s y salieron de la clandestinidad. No se alcanz� el �ptimo, pero tampoco puede decirse que no haya pasado nada. Eso tambi�n podr�a suceder en Cuba.Imaginemos un escenario sub�ptimo.Sale Ra�l Castro, permanece una parte de la c�pula militar y el cambio queda incompleto. Yo mismo dir�a: qu� horror, esto no era por lo que la gente luchaba. Pero imaginemos tambi�n que en ese contexto liberan a todos los presos pol�ticos, que dejan de reprimir las protestas con la misma brutalidad y que se abre alg�n margen para la sociedad civil. �Ser�a suficiente? No. �Ser�a estable? Tampoco. Pero incluso eso ser�a mejor que la situaci�n actual. Porque hoy Cuba vive en un nivel de cierre absoluto. Los analistas y activistas tenemos que aprender a movernos en dos planos al mismo tiempo: el horizonte al que queremos llegar y el punto real en el que estamos. Queremos llegar muy lejos, pero hoy estamos en un lugar terrible. Y cualquier avance parcial modifica las condiciones de lucha.�Y el papel de EEUU?M�s all� de las contradicciones de Trump, veo l�neas bastante claras en t�rminos de seguridad nacional y geopol�tica. Las sanciones a GAESA, las acciones legales, la presi�n sobre empresas extranjeras vinculadas al aparato militar cubano, incluso ciertos movimientos militares y diplom�ticos, indican que se est� construyendo un expediente pol�tico. No es solo ret�rica. Y resolver el �problema cubano�, desde la l�gica estadounidense actual, no significa simplemente dejar a los mismos administrando una econom�a subordinada. Implica modificar, al menos parcialmente, la estructura de poder. Quiz� no pasemos directamente de la Cuba de Fidel y Ra�l Castro a una democracia liberal plena. Tal vez el tr�nsito inicial sea hacia algo parecido a un r�gimen h�brido competitivo. Dicho de otra manera: pasar de la Cuba de Fidel Castro a una Venezuela chavista. Y aun as�, eso ya ser�a un avance enorme. Yo mismo podr�a volver a Cuba y tener una c�tedra universitaria cr�tica con el Gobierno. Hoy eso es imposible, ni siquiera puedo entrar al pa�s.Hay quien sostiene que Cuba ser� arrasada por el turbocapitalismo.Muchas de las cosas que alarman a cierto intelectual biempensante de izquierda democr�tica europea ya existen en Cuba. �Que preocupa la prostituci�n o el turismo sexual? Cuba ya es un gran mercado de eso, s�lo que los clientes son italianos, espa�oles, franceses o algunos estadounidenses. �Que preocupa la desigualdad? La inflaci�n cubana ya super� incluso a la venezolana, seg�n economistas de la propia isla. El desabastecimiento, la pobreza extrema, las enfermedades transmisibles... todo eso ya est� ocurriendo. Salvo quiz� mafias tirote�ndose en las calles, cuesta encontrar algo propio del capitalismo salvaje y subdesarrollado que no exista ya en Cuba. La diferencia es que all� adem�s no hay libertad.�Queda algo del tejido social cubano para apoyar al futuro sistema?Durante la pandemia y despu�s de ella surgieron enormes redes de ayuda humanitaria. La gente en Cuba aprendi� a sostenerse sin el Estado. Porque ya nadie espera del Estado nada, salvo vigilancia y represi�n. Uno podr�a decir: �Bueno, eso no es pol�tico�. Pero claro que lo es. Porque ah� se est� organizando un tejido social transnacional que hoy sirve para enviar medicinas y ma�ana puede servir para movilizar protestas o articular demandas pol�ticas.�Alg�n otro desaf�o?Desprenderse de la dimensi�n mesi�nica que marc� la historia nacional durante d�cadas. La idea de Fidel Castro -acompa�ada por much�simos cubanos, incluida mi propia familia- de que Cuba era una especie de s�mbolo global destinado a desafiar a Estados Unidos y a la historia misma. Cuba necesita reconciliarse con sus dimensiones reales. Tiene que demostrar que puede ser un pa�s normal y viable: econ�micamente, pol�ticamente, ambientalmente y socialmente viable. Un pa�s que funcione. Cuba no tiene que desafiar al mundo. Tiene que desafiar su propia historia.Le quer�a pedir una valoraci�n de la actitud de Espa�a con el castrismo.Espa�a ha tenido un papel muy determinante en la pol�tica europea hacia Cuba. Y ah� creo que ha existido una complicidad bastante transversal de buena parte de las �lites pol�ticas y econ�micas espa�olas con el r�gimen cubano. Quiz� Aznar fue una excepci�n clara, porque ten�a una postura muy definida respecto a la necesidad de una transici�n democr�tica. Tambi�n Felipe Gonz�lez, por ejemplo, fue muy cercano a Fidel Castro durante mucho tiempo, pero en los �ltimos a�os empez� a hablar del tema cubano con una mezcla de decepci�n y fastidio. Recuerdo escucharlo decir que Fidel nunca quiso ceder realmente nada. En general, con los gobiernos socialistas ha existido una actitud m�s entusiasta o comprensiva hacia La Habana; con los gobiernos del PP, una m�s tecnocr�tica y 'pro business'. Pero, salvo excepciones, no ha habido una pol�tica realmente firme frente al r�gimen cubano.�Y Zapatero?Hay algo mucho m�s profundo que un simple tema de negocios o intereses personales. Zapatero introdujo un giro iliberal dentro de una parte importante de la izquierda espa�ola. Siempre digo -medio en broma, medio en serio- que S�nchez es �Orban con rostro humano�. Un amigo m�o me corrige: �Con rostro hermoso�. El fen�meno es parecido: concentraci�n de poder, tensi�n con otros poderes del Estado, uso pol�tico de la memoria hist�rica, cuestionamiento constante de la legitimidad del adversario... Y eso empieza, en buena medida, con Zapatero. Hab�a una democracia imperfecta, con corrupci�n y problemas, pero funcional. Y en un momento dado una parte de esa izquierda decide importar m�todos pol�ticos que no pertenec�an a la tradici�n democr�tica liberal europea, sino a ciertas izquierdas latinoamericanas. Ah� aparece el lawfare, la utilizaci�n de la historia como arma pol�tica, la l�gica amigo-enemigo permanente. Y creo que eso va mucho m�s all� de si alguien gana dinero o no con Venezuela o con Cuba. Tiene que ver con una desdemocratizaci�n progresiva de parte de una izquierda que antes jugaba claramente dentro de par�metros liberal-democr�ticos.�Qu� papel juega la UE en todo esto que estamos analizando?Me sorprende much�simo la pasividad europea ante determinados hechos. Yo pensaba que, tras la invasi�n rusa de Ucrania, Europa iba a replantearse ciertas cosas respecto a Cuba. Porque estamos hablando de un Estado que mantiene acuerdos de cooperaci�n privilegiados con la UE y que, al mismo tiempo, act�a como aliado estrat�gico de Rusia. La presencia de cientos o miles de cubanos vinculados al esfuerzo ruso en Ucrania no ocurre sin conocimiento del Estado cubano, un r�gimen extremadamente centralizado y autoritario. Todas esas redes de reclutamiento pasan necesariamente por la complicidad del aparato estatal cubano. Y, sin embargo, Europa pr�cticamente no ha reaccionado. Porque una cosa es mantener relaciones con reg�menes autoritarios, pero otra distinta es sostener acuerdos privilegiados con un aliado operativo de tu principal enemigo estrat�gico. Y adem�s Cuba juega diplom�ticamente con enorme inteligencia. Por ejemplo, en las votaciones internacionales sobre Rusia, Cuba rara vez vota expl�citamente con Mosc�. Normalmente se abstiene.�Y qu� espacio ocupa el Grupo de Puebla?Mucha gente lo presenta como algo informal, casi espont�neo, pero yo creo que fue un intento muy serio de construir una nueva articulaci�n pol�tica internacional para esa izquierda. Una especie de Foro de S�o Paulo 2.0: m�s sofisticado, m�s elegante, m�s �progresista�, menos expl�citamente revolucionario, pero conectado con la misma l�gica. Y ah� ocurre algo clave: dejan de reunirse solamente gobiernos democr�ticos de izquierda y empiezan a integrar a reg�menes autoritarios o directamente dictatoriales. Cuando invitas a D�az-Canel o a Maduro, ya no est�s hablando s�lo de gobiernos progresistas con problemas institucionales; est�s incorporando a actores abiertamente antiliberales. Y eso se parece much�simo a lo que hacen otros actores contempor�neos, como Orban cuando se acerca a Putin o a Xi Jinping: construir alianzas basadas no tanto en ideolog�as cl�sicas, sino en una l�gica compartida de erosi�n liberal.Naci� en La Habana en 1975. Fue profesor de Historia e Historia de las Ideas en la Universidad de La Habana.Exiliado en M�xico desde 2008, ha impartido clases en la Universidad Iberoamericana yla Veracruzana. Es autor de 'La otra hegemon�a: Autoritarismo y resis-tencias en Nicaragua y Venezuela'











