En un año en que la gastronomía porteña acumuló cierres como cicatrices —locales vaciados en pleno corredor gastronómico, cartas reducidas al hueso, cubiertos que subieron más rápido que los salarios— resulta tentador leer cualquier apertura como un acto de fe irracional. Pero hay aperturas y aperturas. Las que se sostienen no lo hacen por obstinación ni por capital de riesgo mal aplicado: lo hacen porque leyeron el momento mejor que sus competidores. Rock & Feller's, con sus locales de Pilar, Unicenter, Rosario y Palermo, es uno de esos casos que merece atención crítica precisa, no solo celebración corporativa. Una cadena que comenzó en el interior del país y llegó con éxito a Buenos Aires tiene algo para decir sobre cómo se construye identidad gastronómica en la Argentina de la austeridad.

La propuesta parte de una intuición que lleva décadas rondando en la gastronomía internacional y que en Argentina tardó en aterrizar con seriedad: el restaurante como escenografía total. "La gente ya no elige solamente dónde comer. Busca lugares que tengan personalidad, que generen conversación y que ofrezcan algo distinto. La experiencia pasó a ser tan importante como la propuesta gastronómica", explican sus dueños. El anclaje conceptual en la cultura rock no es decorado superficial: es la columna vertebral sobre la que se articula todo. Desde la ambientación sonora hasta los objetos icónicos que pueblan los espacios, hay una coherencia narrativa que escasea en el panorama local, donde lo temático suele degenerar en kitsch sin criterio.