Primero fueron los filtros de Instagram. Después, las fotos generadas por IA. Luego, las “bios” escritas por ChatGPT. Hoy algunos usuarios directamente delegan en un algoritmo la tarea de responder mensajes. La inteligencia artificial se fue metiendo en las apps de citas de forma casi imperceptible y el resultado es una experiencia cada vez más pulida, más estratégica y, en el fondo, menos humana.
La trampa del perfil perfecto
Dado este contexto, Happn, la app de citas basada en encuentros de la vida real, decidió poner límites. Actualizó su Carta de Confianza para prohibir explícitamente tres prácticas que se volvieron cada vez más comunes: crear perfiles con fotos o descripciones generadas por IA, usar chatbots para redactar mensajes y simular identidades falsas. Además, sumó una funcionalidad que permite reportar perfiles sospechosos.
Pero no renuncia del todo a la inteligencia artificial. Su función Perfect Date usa IA generativa para sugerir lugares para una cita según los intereses. La diferencia, según la compañía, es de intención. "La inteligencia artificial debe ser una herramienta de apoyo. Puede ayudar a romper el hielo o sugerir ideas, pero nunca debe hablar en nombre de las personas ni reemplazar la espontaneidad de una conexión real", apunta Karima Ben Abdelmalek, CEO de la empresa.















