A tu IA le encanta mi IA ¿Nos vemos? La inteligencia artificial se ha colado también en las aplicaciones de citas. Están apareciendo portales en las que el tradicional deslizamiento manual en perfiles para encontrar a la otra media naranja es historia. En esas aplicaciones de citas -Claw Dating y TwinFlame ya despliegan esta estrategia- son las IAs las que hacen este trabajo. Analizan físico, hábitos, planes de vida, aficiones… y unen a personas sin que haya existido un contacto previo.El encuentro se plantea cuando esa celestina de la inteligencia artificial encuentra una conexión o afinidad altamente compatible entre dos perfiles. Entonces se propone a los elegidos –verán por primera vez la foto de la otra persona– que empiecen a hablar.La IA, al actuar como un filtro previo de compatibilidad, puede reducir la sensación de frustración; pero habrá que ver si reduce los fracasosMontse Cazcarra,PsicólogaLa IA busca a personas con una alta compatibilidad antes de que tengan ningún contacto, ni tan siquiera con una fotoMontse Cazcarra, psicóloga experta en relaciones de pareja, valora de forma positiva esta entrada de la IA en el universo de las citas, pero “con mucha moderación y matices”, aclara. No niega la eficiencia de que esos algoritmos “a la hora de procesar variables y cruzar datos”. Y valora, como “una ventaja”, el tiempo que van a dejar de perder buceando en perfiles las personas que buscan pareja en esas aplicaciones.“La IA, al actuar como un filtro previo de compatibilidad, puede ahorrar esa inversión de energía y reducir la sensación de frustración y agotamiento”, afirma Cazcarra. Pero matiza: “Habrá que ver si esa inteligencia realmente logrará reducir los repetidos fracasos en esas aplicaciones, con la elección de personas con las que al final no encajamos”. Si se redujeran esas frustraciones, añade, “sería un interesante punto a favor de esta iniciativa”.Lee tambiénEstas plataformas prometen unir a personas con “un 98% de compatibilidad”. Ahora falta por saber si esto será suficiente para garantizar el éxito cuando llega la hora del encuentro.José Luis García psicólogo clínico, sexólogo y autor de libros como “¿Hablamos de porno?”, no lo acaba de ver claro. ¿Un 98% garantiza satisfacción en el encuentro y mayor probabilidad de continuidad? ¿El dato estadístico es lo más relevante? ¿Con eso es suficiente para que todo vaya bien? ¿Cómo lo ha dicho la IA, ya es suficiente para asegurar que nos vamos a llevar bien? Son muchas preguntas.No tengo mucha confianza en las capacidades de esos robots celestinas ni en la garantía de compatibilidad del 98% en cuestiones afectivas y sexualesJosé Luis GarcíaPsicólogo clínico y sexólogo“No tengo mucha confianza en las capacidades de esos robots celestinas en tales menesteres, o en la garantía del 98% de las predicciones de la IA en las cuestiones afectivas y sexuales”, afirma. García. Y añade: “Ligar antes suponía tener unas buenas habilidades comunicativas y paciencia… darle tiempo. Dejar el devenir de la relación en ese alto porcentaje de compatibilidad y confiar en que la IA haya evaluado todas las variables que facilitaran el éxito, me parece arriesgado”.Este psicólogo insiste en que “la estabilidad y la felicidad de la pareja son resultado del día a día y de saber afrontar los inevitables problemas que tienen y seguirán teniendo. Las relaciones de pareja, requieren de habilidades concretas para superarlas y eso hay que ensayarlo, aprenderlo y modificarlo”. Así que en su opinión no todo está ya asegurado, aunque lo sentencie de primeras un algoritmo.Asistente para entrenarHablar con un bot para aprender a ligarRenovarse o morir. Las aplicaciones de citas no pasan por sus mejores horas, coinciden los psicólogos Montse Cazcarra y José Luis García. Muchos usuarios no encuentran en esos portales lo que buscan, tienen muchos desengaños y se respira un ambiente de agotamiento. Las aplicaciones lo saben y algunas ofrecen ya una IA para practicar antes de tener conversaciones reales. Es un experimento en el que los usuarios pueden coquetear con bots generados por inteligencia artificial. Un asistente simula situaciones y conversaciones que después pueden repetirse a la hora de la verdad. Enseña como moverse, preguntar y responder en ese universo virtual de las citas. Al final la aplicación evalúa al nivel de coqueteo de ese usuario. Si la nota es buena, ya se puede entrar en acciónLa frustración puede dispararse si lo que augura un algoritmo, que se cree infalible, no se cumple a la hora de la verdadEntre los “peros” que Montse Cazcarra pone a esta nueva fórmula para unir personas destaca el riesgo de “dejar que la IA se entrometa en un proceso humano, caracterizado por la emoción, la intimidad, la vulnerabilidad...”. Estima, a la hora de poner pegas, que “delegar parte de este proceso a las máquinas deshumaniza estas relaciones y mercantiliza esos procesos”.Cazcarra añade que “el peligro de confiar ciegamente en el criterio de una IA es que caigamos en un sesgo de automatización: que dejemos de hacernos las preguntas necesarias porque asumimos que el algoritmo ya lo ha hecho por nosotros”. ¿Por qué puede pasar esto? “Como es una máquina capaz de procesar variables y cruzar datos de una forma que no podríamos hacer los humanos –continúa esta psicóloga- no lo cuestionamos; al contrario, asumimos que ha respondido a ciertas preguntas mucho mejor de lo que habríamos sido capaces de hacer nosotros”. Si todo eso falla después, la frustración puede dispararse.Montse Cazcarra advierte que “la compatibilidad no es siempre una cuestión del todo o nada; puede darse el caso de que tengamos más conexión con alguien con quien somos compatibles al 60% o 65% que con alguien con quien lo somos al 98%”. Y concluye: “Si nos guiamos solo por esto nos estaríamos frenando, al quedarnos con lo dice esa inteligencia artificial sin explorar otras posibilidades”.Licenciado en Periodismo por la UAB. Redactor de La Vanguardia desde 2000. Fue corresponsal en LLeida y Pirineos. Actualmente adscrito a la sección Sociedad. Autor del libro 'Acoso escolar' (RD Editores)