México entra en una semana decisiva para ultimar los preparativos del Mundial de fútbol y no solo se enfrenta a las obras sin terminar: la capital se ha vuelto un polvorín con el desembarco de los maestros de la CNTE, a quienes el Gobierno no ha logrado aplacar tras cinco días de huelga indefinida. Quedan menos de siete para la inauguración de la competición deportiva y los docentes no solo no se han ido, sino que se preparan para tomar impulso. De poco han servido las propuestas que el Ejecutivo de Claudia Sheinbaum ha puesto sobre la mesa para firmar la paz, que se aleja dos pasos cada dos pasos que da. “Esta semana es crucial. A partir del lunes, entramos en la ruta crítica. O es el Estado, o somos los maestros y las maestras”, ha resumido este viernes el secretario general de Chiapas, Isael González. Avisado queda todo el mundo. La realidad es tozuda y por más que el Gobierno está tratando de enseñarle al mundo el mejor rostro del país, el Mundial se está convirtiendo, por momentos, en el gran catalizador de algunas protestas, con el magisterio claramente a la cabeza. Los maestros del sindicato izquierdista ―desgajado del institucional y mayoritario SNTE, muy cercano al Ejecutivo― ya protagonizaron el año pasado el primer desafío interno serio para la mandataria mexicana, que hasta entonces solo había tenido que bregar con las bravuconadas de Donald Trump desde Estados Unidos. Los docentes tienen un horizonte fijo, la derogación de la ley del ISSSTE de 2007 y de las reformas educativas de 2013 y 2019, y están retomando el asunto donde lo dejaron en el último plantón nacional: sin un acuerdo, insatisfechos y cansados. Los dos primeros elementos se mantienen, pero la Coordinadora ha vuelto con fuerza y músculo a desplegarse en la Ciudad de México, donde cada día llevan sus bloqueos a un punto distinto, desde el Paseo de la Reforma hasta el centro histórico, donde tienen instalado el campamento base, apenas a una cuadra del imponente Zócalo. El objetivo es claro y están aprovechando la “excelente coyuntura”, en palabras del secretario chiapaneco, para meter el acelerador a sus demandas: el regreso a las pensiones públicas y solidarias que la reforma de 2007 se llevó por delante. Desde ese año, el retiro de los trabajadores públicos es gestionado por las administradoras privadas conocidas como Afores, con importantes consecuencias para ellos, que dependen de sus propios ahorros y han visto sus jubilaciones muy mermadas y su vida laboral alargada. Tampoco tienen certezas de cuánto recibirán cuando dejen sus empleos ni por cuánto tiempo. La presidenta mexicana, que se opuso en su día a la ley, recibe con buena disposición las demandas de los maestros, que sin embargo chocan contra un muro infranqueable: “No hay dinero”. Ese es el argumento principal del Ejecutivo para desestimar la derogación de la norma y esa es la razón por la que, cinco días y tres reuniones después, todavía no hay un acuerdo sellado que dé por zanjada la pelea. A cambio, los Gobiernos morenistas han ido cediendo reformas parciales de la ley que paliaban algunos de los aspectos más nocivos. El expresidente Andrés Manuel López Obrador creó un fondo de pensiones del bienestar para completar los retiros privados. Sheinbaum redujo la edad de jubilación (un requisito que antes no existía; solo había que cumplir años de servicio) para la parte del magisterio que estaba en activo en 2007 y ahora propone, en un nuevo intento de acercamiento, reforzar las pensiones a través de la única afore pública, Pensionisste. El último ofrecimiento incluye, además, crear una aseguradora pública. Todas las medidas, sin embargo, encallan por su falta de contundencia. El magisterio no está dispuesto a aceptar parches y quieren una hoja de ruta que llegue, en su última estación, al regreso de las pensiones públicas. Cualquier otra cosa es leída como una refuerzo del actual sistema de cuentas individuales, no como su combate. Menos objeciones despierta lo respectivo a la reforma educativa. La propuesta de la delegación negociadora, encabezada por Rosa Icela Rodríguez (Gobernación), Mario Delgado (Educación) y Martí Batres (ISSSTE), fija plazos para la desaparición de USICAMM, el órgano que gestiona el sistema de promoción interno, basado en diversas evaluaciones. Fue la reforma de Enrique Peña Nieto, en 2013, la que introdujo ese método, que castigaba con la expulsión del magisterio a aquellos que reprobaran. López Obrador eliminó el factor punitivo en 2019, pero mantuvo las evaluaciones como condición necesaria para acceder a las promociones horizontales (bonos salariales) o verticales (puestos directivos). Sheinbaum se comprometió a eliminarlo en los 100 puntos que presentó a comienzos de su mandato, pero hasta ahora no había concretado cuándo se haría o por qué sistema se sustituiría. Sí lo eliminó, en 2025, para acceder a los cambios de centro o localidad. Los intentos del Gobierno para desatascar las negociaciones lo antes posible no han tenido éxito, como no lo tuvieron tampoco el año pasado. El cansancio y la inclemencia del tiempo fueron más efectivos en el levantamiento del campamento. La Copa con la que se alzarán los ganadores del Mundial ya ha llegado a México y no se vislumbra un final claro en los siguientes días. El método asambleario de la Coordinadora obliga a tomar las decisiones por consenso y a rebotarlas siempre a las bases. Eso los hizo trastabillar la primavera magisterial pasada, justo cuando enfrentaban la difícil decisión de si boicotear o no las elecciones judiciales. Puede que ese se convierta en su talón de Aquiles en las vísperas del 11 de junio, pero ese escenario está, todavía, a seis días de distancia, una eternidad. El sindicato ha llamado a la unidad y a agarrar fuerzas durante el fin de semana, en el que llegarán más refuerzos de los Estados, donde las protestas se están replicando. Ha comenzado la última cuenta atrás: momento de reagruparse y afinar la estrategia final.