La buena noticiaNadie puede vivir aislado de los demás ni encerrado únicamente en espacios virtuales o ideológicos.
Los primeros días de junio han llegado acompañados por el tímido inicio de las lluvias de temporada en algunas regiones, pero también por una fiesta muy arraigada en las tradiciones guatemaltecas. En ciudades, pueblos y aldeas del país, muchas comunidades celebran el Corpus Christi, que significa literalmente “Cuerpo de Cristo” y está vinculado a la celebración de la Eucaristía en la tradición católica. No es solo una fecha importante para la vida religiosa de buena parte de la población. La celebración reúne, además, elementos culturales que reflejan siglos de mestizaje y memoria colectiva: las tradicionales alfombras, decoraciones típicas, aromas de incienso, flores, campanas, bandas y procesiones. También la inevitable pólvora, cuya intensidad en algunos lugares hace pensar que en Guatemala incluso el silencio necesita abrirse paso entre explosiones.
Precisamente en torno de esta celebración, Benedicto XVI pronunció en Roma, en 2008, una homilía que conserva gran actualidad. En aquella ocasión, el Papa tomó tres gestos centrales de la celebración —la reunión en torno de la Eucaristía, la procesión y la adoración— para reflexionar sobre preguntas que siguen muy presentes en nuestra época: la convivencia, el rumbo de la vida humana y la libertad.













