Javier G. Paradelo | Torrelavega (EFE).- Las hogueras que iluminan la noche, las fuentes adornadas antes del amanecer, las mozas que salen a recoger verbena (hierba luisa) o tréboles y los baños rituales al rocío forman parte de un legado cultural que durante siglos ha acompañado la llegada del solsticio de verano en Cantabria.

Ese patrimonio inmaterial, transmitido de generación en generación, es el eje central de “Las fiestas del solsticio de verano y de San Juan en Cantabria”, libro con el que Marín Sánchez González (Santander, 1962) profundiza en una de las tradiciones más antiguas y persistentes de la región.

Editado por Librucos, el volumen de 356 páginas es el resultado de casi una década de trabajo de documentación, consulta bibliográfica y recopilación de testimonios orales.

Su autor, ingeniero de Caminos de formación y estudioso del patrimonio cultural cántabro desde hace décadas, aborda en esta publicación el complejo entramado de creencias, símbolos y rituales asociados al solsticio de verano.

La vinculación con la naturaleza