Mientras la renta agraria española creció un 12,9% en 2025 respecto al año anterior, según el Ministerio de Agricultura, Aragón continúa perdiendo agricultores y ganaderos profesionales a un ritmo “preocupante” para las organizaciones agrarias profesionales. En apenas siete años han desaparecido 1.896 autónomos agrarios, una cifra que equivale a más de cinco profesionales abandonando sus campos o sus granjas cada semana desde 2018. Detrás de las estadísticas se esconden historias personales que se repiten en numerosos pueblos aragoneses. Es el caso de Javier —nombre ficticio a petición del afectado—, agricultor de una comarca cerealista de Zaragoza que decidió cesar su actividad en 2024 tras más de tres décadas trabajando sus tierras. La sucesión de campañas marcadas por el aumento incesante de los costes de producción, los bajos precios de mercado y la falta de relevo familiar acabaron inclinando la balanza hacia el cierre de la explotación.
“Los números cada vez salían peor. Cuando terminabas una campaña y hacías cuentas, veías que habías trabajado todo el año para ganar menos que hace diez años. Mis hijos tienen otros trabajos y no querían continuar. Llegó un momento en que no compensaba seguir”, explica. Su caso no es excepcional. Las organizaciones agrarias coinciden en que buena parte de las bajas registradas corresponden a explotaciones familiares que no encuentran sucesión o que optan por arrendar sus tierras a explotaciones de mayor tamaño.











