Hace 5.000 años, los egipcios iniciaron un rito, el del intercambio de anillos entre los enamorados durante la boda. Desde entonces, no solo se ha mantenido, sino que las parejas se han habituado a sellar su amor en distintas etapas regalándose piezas de joyería. El del compromiso es uno de los momentos más destacados y la entrega de relojes para la ocasión, una opción que ya se ha convertido en tendencia frente a otras más convencionales: menos evidente que un anillo, pero más ligada al día a día.
En nuestras latitudes se percibe como algo relativamente nuevo, pero hay en lugares del mundo donde es un hábito. Hablamos, por ejemplo, de Corea del Sur donde llevan años haciéndolo, como una forma de celebrar el tiempo ya vivido juntos y la perspectiva de un futuro por delante.
Desde el país asiático, la tendencia ha ido ganando protagonismo en Europa y Estados Unidos, motivada por la creciente atención de la industria relojera por el público femenino, que hace ya unos años empezó a interesarse por estas piezas; o por las parejas que intentan crear ritos propios y menos previsibles en un contexto donde las ceremonias son cada vez más similares.
Además de, por supuesto, el deseo de buscar regalos útiles, duraderos, originales y con un significado compartido y que consigan reflejar el carácter de quien los lleva puestos. Y todo eso lo encontramos en un reloj.












