La burla es un esparcidor de negacionismo climático utilizado desde hace tiempo por la derecha y la ultraderecha. Este jueves, un consejero del Gobierno madrileño de Isabel Díaz Ayuso (PP) se mofaba de que haga un calor severo en las aulas de los colegios. “Cuando hace calor, hace calor”, espetaba Mariano de Paco. Y se vanagloriaba de las medidas que él mismo toma con su hija: “Ponerle una camiseta de manga corta y un pantalón corto como hemos hecho toda la vida”.
Burlarse de las consecuencias del cambio climático, ridiculizar a quienes trabajan o preocupan por el calentamiento global del planeta o hacer chistes contra las políticas ambientales son un mecanismo de la nueva generación de negacionistas climáticos, según han acreditado los estudios científicos sobre este asunto.
El politólogo de la universidad neozelandesa de Waikato, Olli Hellmann, ha mostrado cómo el “humor de la ultraderecha extiende el negacionismo climático”, mediante “ataques satíricos centrados, sobre todo, en mensajeros de la acción climática, es decir, los políticos, científicos y activistas, más que en los científicos o la evidencia científica”.
“Ese tipo de declaraciones —muy tristes y preocupantes— responden totalmente a un posicionamiento negacionista climático total”, cuenta a elDiario.es el catedrático emérito de la Universidad Politécnica de Barcelona, José María Baldasano. Este ingeniero, que ha escrito una historia del negacionismo, considera que lo ocurrido en la Asamblea de Madrid implica además “un posicionamiento político de desentendimiento de la gestión pública. Ambas cosas van unidas y reflejan el posicionamiento real del PP con respecto a la gravedad acelerada del calentamiento global”.













