Con esta o parecidas expresiones aluden algunos a la impasibilidad del presidente del Gobierno. Puede ser real o fingida, porque nadie duda a estas alturas de que sea un gran fingidor (no a la manera del poeta, seg�n Pessoa, sino a la de Guzm�n de Alfarache y los farsantes de la picaresca espa�ola). Ninguno de los graves esc�ndalos parece afectarle. Algunos de ellos le han estallado tan cerca que hacen de �l ese buque que ve a su alrededor explotar minas y proyectiles, lanzando al aire toneladas de agua, sin que le haya alcanzado de una manera efectiva ni una gota. Causa extra�eza que no se haya ido a pique todav�a. Muchos se preguntan: ��Qu� m�s tendr�a que suceder para que ese hombre reconozca que �the game is over�, llamando �juego� a algo tan serio como la m�dula misma del Estado de derecho? De modo que no son pocos los que, vi�ndole tan tranquilo, est�n convencidos de que guarda un as en la manga o, lo que es lo mismo, que dispone a�n de una bala de plata, es decir, aquella con la que intentar� liquidar a sus adversarios mediante un disparo certero y letal.En las situaciones embrolladas, y esta es una de las m�s enmara�adas que se recuerdan, lo dif�cil es leer la realidad. El ejemplo can�nico, que siempre se cita, es el del Fabrizio del Dongo, protagonista de La Cartuja de Parma. Llevaba en su cabeza una idea tan idealizada de Napole�n y de sus batallas, que cuando estuvo en la de Waterloo, atrapado en un par de escaramuzas militares subordinadas, no la reconoci�.La pol�tica espa�ola se libra hoy no en una gran batalla apote�sica, sino en un racimo de ellas, algunas no menos colosales, como la ley de amnist�a, el encarcelamiento de los secretarios de organizaci�n del Psoe, la condena del fiscal general, la imputaci�n de Zapatero por corrupci�n o la m�s sucia, tremenda y peligrosa de todas, la activaci�n de las cloacas gubernamentales y socialistas contra jueces y polic�as. Cualquiera de estas habr�a acabado con Napole�n mucho antes que Waterloo, pero PS�nchez y los suyos han tratado siempre de presentarlas como episodios insignificantes, es decir, escaramuzas inevitables en cualquier democracia.Que lo crean as� �l, los socialistas y los que viven del Gobierno, directa o indirectamente, como sus terminales medi�ticas, es l�gico. Las t�cticas de distracci�n son viejas como la guerra misma. Pero que sea la oposici�n la que caiga una y otra vez en esas distracciones y, como Fabrizio, no lea bien la realidad, resulta desconcertante.La �ltima de estas puerilidades dur� apenas dos o tres d�as. Se dir� que dos o tres d�as perdidos no son nada. Pero llevamos as� a�os, completados con esa sucesi�n de tres en tres d�as.A cuenta de la posible moci�n de censura hemos asistido al en�simo teatrillo. Tanto como cansancio, la pol�tica espa�ola empieza a producir una gran depresi�n. Una de esas pesadillas kafkianas que tan bien interpret� Escher, el de la mano que dibuja la mano que se dibuja a s� misma.Feij�o propone una moci�n de censura al Pnv y a Junts, que ven�an reclamando el adelanto electoral. La reclamaban no tanto para echar a PS�nchez, como para que el Pp se lo quitara de encima. La respuesta de los separatistas catalanes no se hizo esperar: �Junts reta a Feij�o a acudir a Waterloo si tiene una oferta �seria� [arrestos] a cambio de hacer caer a S�nchez�. Los arrestos que Junts no tiene para hacer caer a S�nchez se los exige a Feij�o para visitar al delincuente, y aquel, minutos antes de hablar en el C�rculo de Empresarios, respondi� a instancias de una periodista que le pregunt� si se citar�a con Puigdemont: �Vamos a hablar de cosas serias�. Tan poco serias como enredar con mociones recreativas o encararse luego con los empresarios catalanes, la misma banda de codiciosos desvergonzados que propici� y alent� el proc�s, con los que fingi� decir muy serio: �[Ustedes] ya no me enga�an�. �C�mo que no? �Y qu� hace yendo entonces a hablar con ellos? Alguien debiera recordarle a Feij�o aquello que dec�a J�nger: �No puedo evitar que me escupas en la cara, pero s� que me des palmaditas en la espalda�. �Qu� tiene que suceder para que admita que con los nacionalistas �the game is over�?Cu�nto mejor quedarse en Madrid, sin distraerse. Y dar a conocer (de una vez por todas) su programa de Gobierno, las leyes que derogar�, las que propondr� y las �auditorias de infarto� con las tratar� de regenerar las instituciones corrompidas, como el Cis de Tezanos, parasitadas por miles de pancistas. Claro que est� por ver a�n que llegue a gobernar Espa�a. Y aqu� entra en juego su segunda tarea insoslayable, si quiere lograrlo: andar avisado, pues S�nchez, sobre ser un tah�r con suerte, ha demostrado ser el pistolero m�s r�pido y sin escr�pulos. Natural que est� tranquilo: antes de usar su bala de plata (el plebiscito monarqu�a/rep�blica plurinacional), buscar� el vuelco electoral merced a la llamada �ley de nietos� y la nacionalizaci�n masiva de extranjeros (el Psoe, pese a perder en las elecciones andaluzas por 19 puntos, ha ganado en el voto exterior).Al margen de lo que puedan o no hacer jueces, polic�as y periodistas para estorb�rselo, tampoco duda nadie a estas alturas de que, para evitar la c�rcel, PS�nchez ser�a capaz no ya de usar esa bala de plata, sino de lanzar contra Espa�a el misil de otra guerra civil, con Zapatero en el papel de Largo Caballero y Pablo Iglesias de corneta.
Esa bala de plata, o las que hagan falta
Con esta o parecidas expresiones aluden algunos a la impasibilidad del presidente del Gobierno. Puede ser real o fingida, porque nadie duda a estas alturas de que sea un gran...







