La comida no solo nos da energía. También participa en cómo funciona nuestro cerebro, cómo regulamos el estado de ánimo, cómo dormimos, cómo recordamos y hasta cómo respondemos al estrés. Y aunque conviene huir de los mensajes simplistas, ningún alimento “cura” la ansiedad, la depresión o los problemas de memoria, la ciencia sí apunta a algo bastante claro: una dieta rica en azúcares añadidos, grasas saturadas y ultraprocesados puede favorecer procesos inflamatorios y oxidativos que impactan en el sistema nervioso central.
Mientras que una alimentación basada en alimentos densos en nutrientes y compuestos fitoquímicos como las frutas, verduras, legumbres, frutos secos, pescado, aceite de oliva virgen extra y cereales integrales ejercen un papel neuroprotector.
La propia dietista-nutricionista Irene García Rodríguez, en un artículo de SOM Salud Mental 360, resume esta idea: comer de forma regular, variada y equilibrada, priorizando alimentos frescos y de temporada y reduciendo ultraprocesados ricos en azúcares añadidos, grasas trans y sal, no solo influye en la salud física, sino también en el funcionamiento cerebral, la regulación hormonal y el sistema inmunitario.
¿Qué es la inflamación cerebral o neuroinflamación?













