Mayka NavarroSant Esteve Sesrovires 05/06/2026 17:22 Actualizado a 05/06/2026 18:25 La bandera del Vaticano ondea desde el jueves en Brians 1, el centro penitenciario de Sant Esteve Sesrovires que el miércoles recibirá a León XIV, convirtiéndose en el primer Papa que visita una prisión española. Una brigada de paletas trabaja a destajo adecentando el auditorio que acogerá el encuentro del Pontífice con ochenta internos y veinte funcionarios de prisiones. Las paredes lucen un blanco impoluto y huelen a recién pintado.Blanco precisamente es el único color que ni Josefina ni Montserrat podrán vestir ese día. Son las dos reclusas del módulo de mujeres de Brians 1 que se dirigirán al Papa. Están igual de emocionadas que nerviosas y muy orgullosas por haber sido las elegidas. “Lo que le contaré es un secreto, pero ya lo tengo escrito”, explica risueña Montserrat.Montserrat y Josefina están igual de nerviosas que emocionadas, son las elegidas para hablar el miércoles al PapaAmbas mujeres fueron seleccionadas por Jesús Roy, el sacerdote penitenciario encargado de las eucaristías de los sábados. Josefina es la peluquera del módulo, católica y practicante desde que tiene uso de razón. A Montserrat la fe le llegó más tarde, y lo hizo de la mano del cura de la prisión. “Creyó en mi, y yo desde entonces en Dios, que me ayuda a estar aquí y a ser mejor persona”. Ninguna sabe por qué fueron las seleccionadas, pero están convencidas de que lo harán bien y que sabrán trasladar al Pontífice lo que significa para ellas la fe, Dios y que haya querido visitar una prisión, visualizando el compromiso del Papa con los más necesitados de esperanza.Con sus intervenciones listas y cronometradas al segundo porque la visita será fugaz, de apenas 20 minutos y nada puede salirse del guion, lo único que les queda a estas dos mujeres es decidir qué se ponen para la cita con el enviado de Jesús en la Tierra. Montserrat confiesa que no lo tiene fácil y que acabará recurriendo a una funcionaria que se ha ofrecido a ayudarla. “Ya nos han dicho que nada de blanco, ni escotes, ni prendas demasiado anchas, ni muy informales”.Las dos mujeres, junto a Elisabet y Mayte, participaron ayer en un encuentro que el conseller de Justicia, Ramon Espadaler, presidió en Brians 1 con el director de la cárcel, Jordi Pons, y el capellán del centro, Jesús Bel, para compartir algunos detalles de la visita.Los ochenta presos y presas que asistirán al encuentro religioso han sido seleccionados exclusivamente por su fe, son los que acuden cada fin de semana a misa, tras solicitarlo previamente mediante una instancia que ya en su día pasó todos los filtros de seguridad. Los delitos de los que están acusados o por los que ya cumplen condena no condicionarán su presencia en el encuentro con el Papa. “Aquí jamás preguntamos el delito. Mi papel no es juzgar”, asegura Bel.El conseller Espadaler tampoco oculta su emoción y asegura que la parada en Brians 1 se enmarca en la filosofía del Prevost de aproximarse “a los márgenes” y de tener en cuenta a los que otros olvidan. El conseller, católico practicante, participó el año pasado en la delegación de la Generalitat que mantuvo una audiencia privada con el Papa, al que entregaron una estola diseñada y bordada por un grupo de presas de Wad-Ras. Ellas también participarán el miércoles en el encuentro.El director de Brians 1 asegura que la visita no trastocará el día a día de la prisión, más allá de lo inevitable y que tiene que ver con los temas de seguridad. Por primera vez le ha tocado firmar una circular en la que autoriza la entrada de armas de fuego al reciento penitenciario, algo completamente prohibido, salvo excepciones como la del miércoles por la condición de .Los 1.100 internos y las 125 mujeres, cifras que fluctuan al tratarse de una cárcel de presos preventivos, mantendrán sus actividades, así como los 400 funcionarios de prisiones que contarán con refuerzos.El Papa recibirá de las presas un plato de cerámica con un diseño inspirado en la paloma como símbolo de la libertad, que irá en una caja realizada también por los reclusos que han inscrito el versículo “Estuve en la cárcel, y vinisteis a mi”.Escribe y cuenta historias de la mala vida desde que empezó en el oficio del periodismo, desde los tiempos del fax. Autora de 'Desmontando el crimen perfecto'. Convive con dos perros, Simón y Lola; y con todo por aprender