Cuando somos niños, anhelamos crecer. Quizás deseamos tener la libertad que promete la edad adulta. Pero, a medida que envejecemos, muchas personas, irónicamente, desearían poder retroceder en el tiempo. Muchas veces ocurre porque solemos pensar en todos los efectos negativos del envejecimiento. Este temor a envejecer engloba también el miedo a perder la juventud y a ser menos independientes, a ser menos capaces de valernos por nosotros mismos.

Sin embargo, debemos recordar que nuestro proceso de envejecimiento es natural y, simplemente, se convierte en otra forma de vivir. Es clave aprender a aceptar el paso del tiempo y a encontrar cosas que valoremos a medida que envejecemos. “Es normal que algunos aspectos de este proceso nos puedan generar miedo, más o menos intenso, según las particularidades y circunstancias de la persona”, explica Irene Fernández Pinto, psicóloga y directora de Libertia Psicología.

Una compleja combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales

A medida que envejecemos nos enfrentamos a una serie de cambios y desafíos que pueden desencadenar ansiedad y miedo. Un estudio revelaba en 2024 que, para aproximadamente el 62% de las personas, el envejecimiento es una fuente importante de ansiedad, preocupaciones que suelen afectar a personas de entre 60 y 70 años.