Cuando un sindicato pierde una consulta por el 65% de votos contra el acuerdo que ha avalado, cabe preguntarse en qué medida negocia en nombre de su parroquia, afiliada o no, y qué pulso tiene de su sentir. Es lo que le ha sucedido a la Ustec en la votación de los docentes sobre el preacuerdo al que había llegado con el Departament d’Educació. Tras el rechazo, se abre un período de tierra incógnita, y un horizonte de huelgas y persistente malestar que perjudicará al escalafón más débil del sistema educativo: los escolares.La negociación del acuerdo viene lastrada por un pecado de origen: la mezcla del aumento de las nóminas con la mejora del sistema en su conjunto. La petición de más salario ha limitado un apoyo ciudadano más transversal. El grueso de catalanes comprende que los maestros han perdido poder adquisitivo. Y la comparten. Sobre todo, porque ellos, la mayoría de padres de los alumnos, también. Un estudio del año pasado de la propia CGT lo cifraba de media en un 4% el último lustro. Aunque no por ello han salido a cortar carreteras.La escuela necesita una inversión ingente, pero también una moratoria de la crispaciónDurante las negociaciones, una y otra vez los titulares de los portavoces sindicales han apuntado a que con un aumento salarial de 400 euros las movilizaciones se pararían. El mensaje que ha calado en la ciudadanía es que ese era el principal objetivo de los docentes. Ahora, en la consulta han querido demostrar que no. La situación de los maestros catalanes no mejorará ni con un aumento de 500 o 600 euros. Engordar la nómina es pan para hoy y hambre para mañana si la situación laboral y el sistema en conjunto no mejora. Y debe mejorar mucho. A diferencia de antaño, Catalunya no puede dar hoy lecciones sobre la educación que da a sus hijos.La consellera de Educació, Esther Niubó, ayer en el Parlament.Sara Soteras / ACNTodos los actores están obligados a recapacitar. Educació comenzó mal cerrando un acuerdo con sindicatos como UGT y CC.OO. que son importantes, pero no representativos del sector y que, como quedó de manifiesto, no calibraron el sentir de sus representados, sino que actuaron por condicionantes políticos. El departamento siguió errando, cediendo cada día a un envite más alto de los sindicatos rebeldes. Un mal ejemplo negociador para cualquier otro sector, que ahora ya saben cómo actuar.Nuestra educación tiene en su base vacíos inmensos: el uso excesivo de portátiles y de la IA que forma alumnos hábiles en la tecnología, pero desprovistos de sentido crítico; la falta de lectura, de pausa y de atención; o la promoción de actividades centradas en los sentimientos en detrimento del aprendizaje de lenguas y ciencias. Amén de toda la casuística que afrontan los docentes sin ser su cometido. El resultado de la consulta es una advertencia para todos. La escuela necesita una inversión ingente, pero también una moratoria de la crispación. La solución puede llegar tras un plan calendarizado de unos meses, fuera del foco mediático, para resolver con pausa los muchos problemas diagnosticados. No tras una negociación agónica en una noche de verano.