En los años sesenta del pasado siglo algunas voces empezaron a alertar de que la economía lineal tradicional, basada en tomar los recursos naturales, utilizarlos y tirar sus deshechos, crearía a medio plazo graves problemas. Ahora, esos problemas tienen nombre: cambio climático, pérdida de biodiversidad, altos índices de contaminación y crisis global de residuos. Hoy, la implantación de modelos de economía circular es más necesaria que nunca.La Unión Europea, principal promotora de este modeloLa economía circular se asocia a las famosas ‘tres erres’: Reducir, Reutilizar y Reciclar. La Unión Europea la define como «un modelo de producción y consumo que implica compartir, alquilar, reutilizar, reparar, renovar y reciclar materiales y productos existentes todas las veces que sea posible para crear un valor añadido. De esta forma, el ciclo de vida de los productos se extiende».Debido a su alta dependencia de materias primas y energía procedentes del exterior, la UE promueve con fuerza el desarrollo de este modelo. En el tercer trimestre de 2026, la Comisión europea presentará su nueva Ley de Economía Circular, y en la actualidad ya hay mucha legislación vigente que, además de poner límites a la forma de producir de las empresas, dota a los ciudadanos de la información y los derechos para que consumamos de manera responsable.Productos más longevos y altamente reparablesSabemos que comprar y vender de segunda mano es muy recomendable, lo mismo que alquilar o compartir productos de uso esporádico. Pero también es importante ejercer activamente el derecho a la reparación.A partir del 31 de julio de este año, la garantía legal mínima para todo tipo de productos, tres años, se ampliará 12 meses si el consumidor decide reparar el producto en lugar de sustituirlo. Pero, además, cuando este periodo acabe, los fabricantes de electrodomésticos y productos de electrónica tendrán la obligación de seguir ofreciendo servicios de reparación. Y es mucho más sostenible reparar que comprar un producto nuevo, sobre todo si lo hacemos en pequeños talleres de barrio.Para quien quiera ir un paso más allá, existe una magnífica iniciativa popular: los Repair Cafés. En estos encuentros comunitarios, libres y gratuitos, expertos voluntarios se encargan de reparar productos: electrodomésticos pequeños, ordenadores, móviles, juguetes, bicicletas, prendas de vestir… En España se celebran con regularidad unos 35 Repair Cafés, localizados en grandes poblaciones. Es posible encontrar toda la información necesaria sobre ellos en repaircafe.org/es.Comprar con sentido y responsabilidadDe aquí a 2030, la UE irá implantando por fases el Pasaporte Digital de Producto, que servirá para conocer la composición, durabilidad y facilidad de reparación de un objeto mediante un código QR. Hasta ese momento, si queremos elegir productos sostenibles, ya podemos fiarnos de etiquetas de la UE como Ecolabel para garantizar que los productos cumplen criterios ambientales estrictos, el Sello Orgánico para los alimentos ecológicos o la etiqueta de energía eficiente.Además, hay aplicaciones móviles que ayudan a que nuestra cesta de la compra sea más sostenible. Too Good to Go o Phenix permiten comprar con descuento productos perecederos que, si no, acabarán en la basura. De igual modo, Olio es una alternativa comunitaria para que los ciudadanos regalen a sus vecinos comida y productos que les sobran. A la hora de ir al supermercado, Yuka es muy popular para valorar si un producto es saludable, y ahora también evalúa el impacto ambiental de su producción y envase.Y, por supuesto, la separación correcta de los residuos sigue siendo un acto cívico fundamental. Los contenedores de cinco colores, así como los puntos limpios y de desecho de medicamentos, aceite, pilas y baterías, piden un pequeño esfuerzo logístico al ciudadano, pero también suponen una gran contribución al funcionamiento de la economía circular.Ecofactorías: el nuevo ciclo del aguaPara aumentar la circularidad del recurso más necesario de todos, el agua, las tradicionales depuradoras se están transformando en ecofactorías. Estas instalaciones no solo depuran: los lodos residuales del agua se tratan para recuperar recursos como fertilizantes y biomateriales, y se fermentan en reactores cerrados para generar metano que puede alimentar la propia planta o, si se depura, inyectarse a la red de gas natural como biogás. Andalucía, Castilla la Mancha, Cataluña y la Comunidad Valenciana lideran por número de instalaciones, pero el modelo se está extendiendo rápidamente por toda España.