La gran banca española ha pasado el examen del Banco Central Europeo (BCE) sobre el riesgo geopolítico. El supervisor europeo ha sometido durante este año a las entidades de toda la zona euro a unos test de estrés para medir específicamente su exposición a estas cuestiones y ya tiene los resultados. Según indican fuentes internas de los bancos, las firmas españolas analizadas (Santander, BBVA, Caixabank, Banco Sabadell, Bankinter y Unicaja) han destacado por la resistencia mostrada ante este tipo de vaivenes, así como en otros comentarios del BCE que se centran en asuntos que los bancos consideran menores. La incertidumbre internacional y su impacto sobre la economía están totalmente en el foco de los inversores, fundamentalmente tras el conflicto iniciado en Oriente Próximo y con la guerra en Ucrania todavía sin resolverse.El BCE ha instaurado en los últimos años sus propios exámenes de resistencia a los bancos. Esta tarea habitualmente la lleva a cabo la Autoridad Bancaria Europea (EBA), pero recientemente la institución que pilota Christine Lagarde ha decidido emprender sus propias pruebas. Si bien el primer organismo analiza el efecto que tendría sobre los bancos una recesión económica a nivel general, de acuerdo a varios escenarios, el BCE suele centrar su análisis en el efecto concreto de otras temáticas. Hace dos años, por ejemplo, revisó la resistencia de los bancos a los cambios climáticos y este 2026 se ha centrado en el panorama geopolítico, en un momento de especial tensión por la guerra en Ucrania y la inestabilidad añadida por el conflicto en torno a Irán.El supervisor inició este ejercicio de análisis a principios de año, cuando pidió a los 110 bancos de la zona euro que calculasen en qué escenarios geopolíticos podrían perder hasta 300 puntos básicos de capital (el volumen de emolumentos que los reguladores obligan a conservar a los bancos para absorber pérdidas en caso de crisis agudas). Es lo que en el sector se conoce como test de estrés inversos. En este caso, son los bancos los que deben identificar los riesgos, usando su propia metodología y sus propios modelos, y calcular su impacto. El supervisor revisa el trabajo de las entidades a continuación y propone recomendaciones para modificar su gestión del riesgo. Además de vigilar dicho impacto en el capital, también tiene en cuenta otros efectos sobre la liquidez o el acceso al mercado. Los bancos enviaron estos informes a Fráncfort durante el primer trimestre del año. En abril, el BCE remitió a las entidades un borrador sobre su respuesta y estas pudieron responder y poner alegaciones entonces, que fueron examinadas finalmente por el supervisor. La versión definitiva de su examen ha llegado a los bancos en estas semanas y el BCE planea hacer públicos los resultados a finales del mes de julio, pero de forma agregada y no banco por banco.Estos test de estrés son particulares también en este sentido. En los exámenes generales de la EBA, el organismo publica unas tablas con los resultados de todos y cada uno de los bancos, lo que permite comparar la fortaleza de unos y otros. El BCE no les pone una nota como tal, ni publica tablas comparativas al uso, sino que hace una valoración de cada cual sobre el modo en que han elaborado los distintos escenarios, su resistencia a los problemas geopolíticos y la gobernanza interna ante cuestiones de este tipo.Los comentarios para los bancos españoles son, en general, de tono positivo y no plantean cuestiones demasiado complicadas de solventar. Las fuentes consultadas apuntan a la fortaleza de las entidades españolas, tras años acumulando récords de beneficios. También se benefician de una cuestión geográfica, al no tener una exposición elevada a países cercanos a las zonas de conflicto. La excepción es la presencia del BBVA en Turquía, donde es dueño del primer banco privado y le aporta el 8% del beneficio total, si bien solo la suma de España y México alcanza el 70%. Esta lejanía del foco de tensión geográfica beneficia a las entidades españolas con respecto a las de otros países de Europa, como Francia o Alemania. La presencia internacional de los dos grandes, el Santander y el BBVA, está más volcada en América Latina, más ajena a las guerras de Ucrania o Irán. Un ejemplo a favor particular en este periodo es la venta este mismo año del negocio del Santander en Polonia, un país con frontera con Rusia, para reforzarse con compras en Reino Unido y Estados Unidos.Estos test de estrés suponen también que el BCE demuestre su interés en las cuestiones geopolíticas. En principio, los resultados no servirán para que incremente los requisitos de capital. Sin embargo, las vulnerabilidades que se muestren sí serán tenidas en cuenta en el futuro en la supervisión anual de los bancos. Por tanto, de manera indirecta y en futuros ejercicios, sí puede tener un efecto en el capital, aunque el regulador busca más resolver cuestiones de valoración de riesgos y gobernanza, así como examinar la capacidad de reponerse de cada una en el caso de un recrudecimiento de la tensión internacional.Los resultados se cruzarán con los que obtuvo la EBA el verano pasado, que también pusieron especial énfasis en el apartado geopolítico. En aquellos exámenes, los bancos españoles también destacaron por sus buenos resultados. En un hipotético entorno de fuerte contracción económica, repunte del desempleo, caídas en los precios inmobiliarios y elevada volatilidad financiera, los bancos españoles consumirían 180 puntos básicos de capital, una de las mejores cifras en Europa. Y muy por debajo de los 304 puntos básicos de la media de la zona euro. Igualmente, aparecieron mejor posicionados que los franceses o los alemanes. Y, entre los grandes países europeos, solo salieron mejor parados los italianos.De una manera concreta, la entidad española que mejor resistiría el golpe internacional sería Bankinter (con un descenso del capital de 55 puntos básicos), seguida de CaixaBank (162) y el Santander (173). El peor situado sería el Sabadell (281 puntos básicos), seguido por Unicaja (259) y el BBVA (186).