La reciente columna publicada por Javier Milei en el Financial Times merece una atención particular. No solamente porque expresa la visión que el presidente argentino tiene sobre la inteligencia artificial, sino porque permite observar con claridad una forma de entender el mundo que comienza a mostrar sus límites frente a una de las transformaciones tecnológicas más profundas de nuestra época. La tesis presidencial es conocida. Allí donde gran parte del mundo discute cómo gobernar la inteligencia artificial, cómo proteger los datos de sus ciudadanos, cómo desarrollar capacidades tecnológicas propias y cómo evitar nuevas formas de dependencia digital, Milei propone avanzar en sentido contrario. Menos regulación, menos intervención estatal, menos impuestos y mayores facilidades para las nuevas corporaciones tecnológicas. En su planteo, la innovación surgiría casi espontáneamente de la libertad económica y los mercados serían capaces de resolver por sí mismos los desafíos que plantea la revolución algorítmica. Para justificar esta visión, el presidente recurre a una referencia histórica que resulta reveladora. Inspirándose en la experiencia de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, sostiene que la humanidad necesita nuevas formas institucionales para desplegar el potencial transformador de la inteligencia artificial. La analogía no es casual. Aquella compañía fue una de las grandes innovaciones organizacionales de los inicios del capitalismo moderno y permitió movilizar recursos financieros a una escala hasta entonces desconocida. Sin embargo, detenerse únicamente en esa dimensión implica omitir una parte fundamental de la historia.
¿Quién gobernará la inteligencia artificial?
Javier Milei, Silicon Valley y la soberanía tecnológica en el siglo XXI.













