“Yo quiero tener un trabajo que me dé un dinero digno para terminar mi jornada laboral de 40 horas semanales y poder irme a tomar algo con mi pareja, con mis amigos, con mi familia”. Mujer de 22 años.Este testimonio resume de manera clara lo que los jóvenes consideran tener éxito, que se basa en tres pilares: Tener un puesto estable, poder conciliar y “hacer algo que guste”. El éxito se concibe como la búsqueda de sentido al trabajo más allá del dinero, especialmente en un contexto de precariedad donde un buen sueldo se percibe poco realista. Que te guste lo que haces, que te ofrezca estabilidad y que te permita la conciliación con tu vida personal (“tener tiempo”).Esta es una de las principales conclusiones del primer barómetro ‘Retos y Aprendizajes. Posturas juveniles ante los retos de formación y trabajo”, organizado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud con la colaboración del Banco Santander y Telefónica. Este trabajo (encuesta online a 1.200 jóvenes de 18 a 30 años y cinco grupos de discusión con personas de entre 23 y 29 años) muestra que la juventud española mantiene una mirada positiva hacia el esfuerzo y el aprendizaje, aunque convive con una percepción de incertidumbre y precariedad sobre su presente y su futuro laboral.¿Están resignados? No exactamente. Pero muchos asumen que no es momento de arriesgar en un mundo con tanta incertidumbre. De hecho, los que asumen más riesgos en el trabajo son, fundamentalmente, los que tienen el “colchón” familiar o un plan B.En un contexto percibido como inestable e impredecible, la adaptación se ha convertido en una capacidad central para la juventud. Muchos jóvenes asumen que deberán trabajar en aquello que “tiene salidas”, aunque no coincida con sus intereses o vocaciones personales.La familia es el principal referente, pero también una fuente de presión para “responder” a la inversión en los estudiosLa presión económica y social aparece como un elemento constante en la toma de decisiones. La familia continúa siendo el principal referente, pero también una fuente de expectativas y presión vinculada a la necesidad de “responder” a la inversión realizada en los estudios o a lograr autonomía económica cuanto antes, india el barómetro.El esfuerzo sigue ocupando un lugar central: el 67% de jóvenes considera que el éxito depende de no rendirse nunca y el 63,4% cree que el esfuerzo permite conseguir lo que uno se propone. Al mismo tiempo, seis de cada diez consideran que existen circunstancias externas que dificultan progresar, incluso esforzándose. La percepción de que los contactos pesan más que el esfuerzo personal aparece de forma recurrente, especialmente entre quienes sienten que parten de una situación de desventaja o cuentan con menos capital social y económico.Para José Ignacio Goirigolzarri, presidente de Fad Juventud, “los jóvenes no están renunciando al esfuerzo ni a progresar; lo que están reclamando son más oportunidades, más orientación y un contexto que les permita construir proyectos de vida con mayor estabilidad y menos incertidumbre”.Una de las principales demandas detectadas es la necesidad de disponer de más tiempo y más apoyo para tomar decisiones sobre el futuro formativo y profesional. La juventud reclama una orientación más práctica, personalizada y flexible, capaz de ayudar a gestionar dudas y presiones asociadas a la elección de itinerarios educativos y laborales.El 75,7% considera prioritario mejorar el conocimiento sobre aquello que realmente le interesa laboralmente, mientras que el 74% reclama conocer mejor las opciones que se ajustan a sus capacidades y reforzar habilidades relacionadas con la comunicación y la expresión.Redactora jefa de La Vanguardia en la delegación de Madrid, especializada en temas sociales. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.