El PSOE ya debería tenerlo claro. Por mucho que corra, Santos Cerdán siempre le terminará pillando. Por precisar, todo lo que Cerdán hizo cuando era secretario de Organización del partido, lo que le convertía en la práctica en el hombre que daba las órdenes que había que cumplir. Eso era así porque Pedro Sánchez le había elegido para el cargo en sustitución de José Luis Ábalos. Le entregó las llaves del partido y el acceso a sus cuentas corrientes, le dio una palmada en la espalda y le dijo: tú te ocupas de todo. Dicho esto, se subió al coche y se volvió a Moncloa.
Viene esto a cuento de los titulares que aparecieron el miércoles por la publicación del contenido del sumario de la Audiencia Nacional sobre las maniobras realizadas para atacar la credibilidad de las investigaciones policiales y judiciales que perjudicaban al Gobierno. Al final, no importa tanto que el sujeto de esas frases sea 'Santos Cerdán' o 'el PSOE'. Era lo mismo. No había más PSOE que lo que Cerdán decidiera o las medidas que pusiera en marcha. Todo lo demás estaba en el Gobierno ocupándose de las cosas a las que se dedican un presidente y sus ministros. La alta política, como les gusta decir. En la baja política, Cerdán tenía las manos libres para establecer sus prioridades.














