El Kremlin ha intensificado sus maniobras para mantener sus tentáculos en Armenia. Ereván estrecha sus lazos con la Unión Europea y ante las elecciones parlamentarias del domingo, Moscú está desplegando un potente arsenal de herramientas de presión: restricciones comerciales, advertencias energéticas, campañas de propaganda y desinformación y mensajes políticos para tratar de frenar el acercamiento a Bruselas. Las maniobras de Moscú, que considera a la antigua república soviética como parte de su esfera de influencia y que ha llegado a amenazar con cortarle el gas, preocupan mucho a la UE, que ha acusado a Rusia de querer influir en unos comicios clave que pueden redefinir el rumbo estratégico del pequeño país del Cáucaso sur. Bruselas contraataca y ha puesto en marcha un programa de “respuesta rápida”, tras la solicitud del Gobierno de Nikol Pashinián. Quiere ayudar a Armenia a luchar contra las interferencias extranjeras. En las elecciones y más allá. Además, según ha detallado este miércoles a EL PAÍS la comisaria de Vecindad y Ampliación, Marta Kos, el Ejecutivo comunitario prepara fórmulas para elevar su sostén al país del Cáucaso sur, de 2,8 millones de habitantes. Ereván tiene estatus de socio de la UE aunque sigue condicionado por su histórica dependencia política, económica y de seguridad de Rusia. “La solidaridad de la UE con Armenia no flaqueará ante la creciente presión económica de Rusia sobre el país”, advierte Kos. “La soberanía e independencia de Armenia nunca deben ponerse en duda, y debe seguir siendo libre para elegir su propio camino. Mientras Rusia continúe con esta presión, estamos estudiando maneras de aumentar el apoyo de la UE a Armenia a corto plazo”, añade la responsable europea.Pashinián, pragmático pero mayoritariamente proeuropeo, se enfrenta en los comicios de este 7 de junio a una oposición muy fragmentada, pero con un bloque claramente prorruso. A medida que el Ejecutivo mantiene su acercamiento a Estados Unidos y Europa y cuando las encuestas sitúan a su partido, Contrato Civil, como favorito para renovar mandato, Ereván se ha convertido en nuevo foco de tensión entre la Unión y el Kremlin. Todo, en un contexto cada vez más turbulento de agresiones híbridas, sabotajes y campañas de propaganda de Rusia en Europa y mientras los ataques del Kremlin en Ucrania se agudizan.Los informes internos de la UE, consultados por EL PAÍS, advierten de que han detectado grandes campañas de propaganda, desinformación y manipulación informativa para empañar las elecciones armenias y poner en duda el proceso democrático. Los informes también hablan de casos de ciberataques, financiación política encubierta y amplio uso de la inteligencia artificial para manipular vídeos, audios y webs.Restricciones de productos armeniosLa Unión cree que el Kremlin —que tiene un amplio libro de jugadas para interferir en el exterior y centra en esas tareas a uno de sus servicios de espionaje — está poniendo en marcha en Armenia el mismo patrón que empleó en Moldavia, donde el bloque proeuropeo ganó en un contexto de presión extrema. Rusia gastó entre 300 y 400 millones de euros para tratar de socavar las elecciones moldavas, según datos de la Comisión Europea. Y ahora emplea esos mismos patrones en Armenia. A esas prácticas se añaden los planes para trasladar al país a ciudadanos armenios residentes en Rusia con el objetivo de apoyar a la oposición, según asegura la agencia Reuters.El Kremlin lanza ahora, además, medidas de presión más abiertas. Durante las últimas semanas, ha ampliado progresivamente las restricciones a productos armenios. A las prohibiciones previas sobre determinadas bebidas alcohólicas, flores o el agua mineral se han sumado limitaciones a la importación frutas y verduras. Además, esta semana ha incluido casi a la totalidad del sector piscícola armenio. El golpe es especialmente sensible: Rusia absorbe cerca del 99% de las exportaciones armenias de pescado, una industria valorada en decenas de millones de euros anuales.Moscú justifica las medidas por supuestas infracciones fitosanitarias y veterinarias. Sin embargo, en Armenia pocos creen que la coincidencia temporal sea casual y la leen como un mecanismo de chantaje o aviso frente al acercamiento a la UE y Estados Unidos. La presión no se limita al ámbito económico. Los líderes de Rusia, Bielorrusia, Kazajistán y Kirguistán publicaron recientemente una declaración conjunta instando a Armenia a celebrar “lo antes posible” un referéndum para elegir entre la adhesión a la Unión Europea o la permanencia en la Unión Económica Euroasiática (UEEA), el bloque liderado por Moscú.Pashinián rechazó la exigencia. Recordó que Armenia ni siquiera ha solicitado formalmente la adhesión a la UE —es socio de la Unión dentro de la política europea de vecindad y asociación oriental, lo que significa que coopera con la Unión en reformas políticas, economías y judiciales, y recibe ayuda financiera y apoyo institucional— y que cualquier consulta popular solo tendría sentido cuando existiera una candidatura real sobre la mesa.La advertencia más explícita llegó desde el sector energético. El ministro ruso de Energía, Serguéi Tsiviliov, afirmó que, si Armenia avanzara hacia una integración más profunda con Europa, Rusia no podría seguir suministrando gas natural y productos petrolíferos con el descuento actual que beneficia a los armenios. Para un país altamente dependiente de la energía rusa, el mensaje equivale a recordar uno de los principales instrumentos de influencia y vulnerabilidad que Moscú conserva sobre su antiguo aliado.La aproximación a Occidente La UE ha multiplicado los gestos políticos con el Gobierno de Pashinián, también las visitas estratégicas al país, que se empieza a percibir como un lugar que presenta oportunidades muy interesantes de inversión. Hace apenas unas semanas, más de 40 líderes europeos participaron en varias reuniones celebradas en Ereván junto al presidente ucranio, Volodímir Zelenski. Algo que fue interpretado por Moscú como una nueva señal del alejamiento progresivo de la órbita rusa. También la Administración de Donald Trump ha mostrado su apoyo al Ejecutivo, y envió a Armenia en febrero al vicepresidente, J. D. Vance, y al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, la semana pasada. Washington impulsa a través de Armenia el denominado TRIPP (Trump Route for International Peace and Prosperity), un corredor de transporte y comercio destinado a conectar Asia Central, el Cáucaso Sur y Europa, que pretende facilitar nuevas rutas comerciales y energéticas que reduzcan la dependencia de infraestructuras controladas por Rusia. Ese proyecto, señalan los analistas, puede abrir oportunidades para empresas estadounidenses interesadas en participar en proyectos de transporte, energía e infraestructuras. Para la Unión Europea, la iniciativa también resulta atractiva porque podría contribuir a diversificar las rutas de suministro energético procedentes de Asia Central y Azerbaiyán, reduciendo a largo plazo la dependencia del gas ruso.La firma de nuevos acuerdos estratégicos y los mensajes de apoyo procedentes de Washington y Bruselas han reforzado la percepción de que Armenia se encuentra en el centro de una creciente competición geopolítica entre Rusia y Occidente. Pero lo que está en juego tras estas elecciones trasciende las fronteras del país caucásico y afecta al equilibrio de poder en una región donde Rusia, Estados Unidos y Europa compiten cada vez más abiertamente por influencia, rutas comerciales y acceso a recursos estratégicos.
Desinformación, embargos comerciales y amenazas: la injerencia electoral rusa desata la tensión en Armenia
La UE prepara un nuevo paquete de medidas de apoyo a Ereván ante la escalada de propaganda y coerción económica de Putin
















