El Gobierno ruso emplea contra Armenia el mismo manual que aplicó recientemente contra otros países de la antigua órbita soviética que intentan acercarse a la UE. A Moldavia le cortó el gas, y en Ucrania, en 2013, el bloqueo del Kremlin a sus camiones empujó al Ejecutivo de Víktor Yanukóvich a desistir de la firma del acuerdo de libre comercio con la Unión. Queda apenas semana y media para las elecciones parlamentarias armenias y Moscú ha sacado casi todo su arsenal contra el primer ministro, Nikol Pashinián: el Kremlin ha prohibido el comercio de frutas y verduras con el país caucásico, al que ha amenazado también con romper sus acuerdos de suministro de gas y otros combustibles si avanza un paso más hacia la UE. Además, el Gobierno armenio ha acusado a varios líderes opositores de tener algún tipo de vinculación con el espionaje ruso.Tras el apoyo de los líderes europeos y Canadá a Ereván, que acogió a principios de mes las cumbres de la Comunidad Política Europea y con la UE ―en un momento clave para avanzar hacia un acuerdo de paz con Azerbaiyán―, el apoyo de Trump al primer ministro y las visitas a la capital armenia del vicepresidente de EE UU, J. D. Vance, y del secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, Moscú ha aumentado la presión sobre Armenia.El organismo ruso responsable de la supervisión de los alimentos, Rosseljoznadzor, ha prohibido la importación de frutas y verduras armenias a partir del 30 de mayo, justo en el tramo final hacia los comicios en Armenia del 7 de junio, aunque el bloqueo comenzó de manera informal la pasada semana. Antes, a principios de mayo, las autoridades rusas vetaron la importación de flores, agua mineral y bebidas alcohólicas procedentes de Armenia. Ahora Rosseljoznadzor ha añadido a la lista, entre otros, los pepinos, pimientos, verduras de hoja verde, fresas y tomates armenios “hasta que se desarrolle un algoritmo adecuado para garantizar la seguridad de los productos enviados”.El “algoritmo” apunta a un eufemismo del Kremlin. El ministro de Energía ruso, Serguéi Tsivilev, remitió una carta oficial a las autoridades armenias este miércoles en la que amenazaba con la posible rescisión unilateral de los acuerdos para el suministro de gas, otros combustibles y diamantes si mantiene su apertura hacia Europa.“Las medidas en curso para profundizar la interacción de Armenia con la Unión Europea y el anunciado deseo del Gobierno armenio de unirse a la Unión Europea amenazan la preservación [...] de la cooperación en comercio, economía e inversión entre Rusia y Armenia, cuyos pilares son sus tratados internacionales bilaterales”, remarca la carta de Tsivilev.Armenia forma parte de la Unión Económica Euroasiática. En virtud de los acuerdos, importa los mencionados recursos naturales exentos de aranceles bajo el compromiso de no exportarlos luego a terceros países. Según declaró el presidente ruso, Vladímir Putin, en un tenso encuentro con Pashinián en abril, Moscú vende gas a Ereván a 177,5 dólares por cada 1.000 metros cúbicos, cuando Europa lo adquiere a unos 600 dólares.“El pueblo armenio debe elegir: formar parte de la Unión Económica Euroasiática o formar parte de la Unión Europea. Yo no lo decidiré, ustedes lo decidirán. Mi tarea es ofrecerles alternativas, y ustedes las tienen. Nuestros socios que responden a esto con amenazas, aunque sean veladas, actúan en su contra”, ha manifestado Pashinián durante una campaña electoral, en la que ha admitido que el gas subirá de precio. “Pero tendremos mucho más dinero, así que no parecerá caro”, ha defendido.“La postura de Armenia respecto a Rusia difícilmente puede calificarse de equilibrada”, ha afirmado la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova. Por su parte, el presidente de la Duma Estatal, Viacheslav Volodin, ha acusado a Pashinián de “deshonesto” y sostiene que Europea “impondrá valores no tradicionales” que dividirán a Armenia.La dependencia armenia de Rusia está profundamente arraigada en sectores estratégicos de la economía y sigue siendo una de las principales vulnerabilidades de este pequeño país del Cáucaso. El gigante energético ruso Gazprom controla, a través de su filial en Armenia, el 100% de la red de gasoductos y distribución de gas del país, después de que Ereván vendiera en 2014 el 20% restante de participación que todavía conservaba. Moscú también mantiene una fuerte presencia en las infraestructuras armenias: en 2008, Armenia transfirió durante 30 años la gestión de su red ferroviaria a la empresa estatal rusa (RZD). Sin embargo, el Gobierno de Nikol Pashinián ha comenzado también a cuestionar esa dependencia. A principios de este año, el primer ministro afirmó que la red ferroviaria debería estar gestionada por “otro país que mantenga relaciones amistosas tanto con Rusia como con Armenia”, en una declaración interpretada como un guiño al proyecto TRIPP impulsado junto a Estados Unidos.La influencia rusa también alcanza al sector nuclear. La central de Metsamor, la única de Armenia, está operada por Rosatom, la corporación estatal rusa de energía nuclear. Aunque la vida útil actual de la planta expira en 2036, Moscú y Ereván abordaron recientemente la posibilidad de extender la cooperación hasta 2046, un escenario que mantendría durante décadas más la dependencia armenia de la tecnología y el combustible nuclear ruso.El giro armenio hacia Europa y Estados Unidos iniciado bajo el liderazgo de Pashinián comenzó a ser más pronunciado cuando Moscú no ayudó a Ereván frente a las ofensivas de Azerbaiyán en 2020 y 2023. Armenia perdió la guerra y el territorio de Nagorno Karabaj (de mayoría armenia en territorio azerbaiyano) hace tres años sin que el Kremlin hiciese caso a las peticiones de ayuda de Ereván. Pese a que Moscú y Ereván son miembros de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), la alternativa rusa a la OTAN, este organismo no sirvió a los intereses armenios.La alianza liderada por Rusia no solo evitó intervenir durante la guerra de 2020, en la que Armenia perdió gran parte de Nagorno Karabaj, sino que tampoco respondió de forma contundente a las incursiones de fuerzas azerbaiyanas en territorio armenio desde mayo de 2021 ni a la ofensiva de septiembre de 2022. Ereván pidió el despliegue de una misión de monitoreo de la OTSC en la frontera, pero esta se limitó a describir los hechos como simples “enfrentamientos fronterizos”.La desconfianza hacia Moscú aumentó todavía más en septiembre de 2023, cuando Azerbaiyán lanzó la ofensiva que acabó con la autoproclamada República de Nagorno Karabaj y provocó el éxodo de más de 100.000 personas hacia Armenia. Las fuerzas de paz rusas desplegadas en la región no lograron impedir ni la operación militar azerbaiyana ni la huida masiva de la población armenia. El malestar en Ereván fue creciendo hasta el punto de que el primer ministro Pashinián llegó a afirmar que “la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva no ha cumplido con sus obligaciones de seguridad hacia la República de Armenia”.Un rival con el nombre en clave ‘Barba’El diario independiente The Insider asegura haber identificado a opositores armenios que supuestamente están vinculados al Servicio de Inteligencia Exterior (SVR), el Departamento Central de Inteligencia del ejército (GRU) y el Servicio Federal de Seguridad (FSB) rusos. Pashinián, periodista y opositor hasta su elección como primer ministro en 2018 durante la llamada Revolución de Terciopelo, es el gran objetivo del espionaje ruso, sostiene la publicación, que afirma también que su apodo supuestamente es Borodá [barba, en ruso].
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Moscú aumenta la presión sobre Ereván y su primer ministro para que renuncia a su apertura a Europa










